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Las motivaciones y el ciberespacio detrás de los maestros del cine moderno
Citlalmina Guadarrama comment 0 Comentarios

El cine siempre ha sido un medio efectivo para exponer manifiestos y críticas hacia el aparato ideológico vigente. Como instrumento de arte escenifica aspectos que podría pensarse que pasan desapercibidos para los ojos menos entrenados o cultivados, sin embargo, cuando logra envolvernos, hasta los espectadores más apáticos reaccionan de alguna manera al disfrute o disgusto que representa el cine. Sucede el momento “no sé por qué, pero me gustó”.

El filósofo y psicoanalista Slavoj Žižek, asiduo crítico cultural de los medios de comunicación esboza en Lacrimae Rerum (Debate, 2022) una serie de ensayos sobre grandes cineastas abordándolos a través del análisis plenamente lacaniano y hegeliano -acostumbrado por el autor- de la situación ideológica humana y, a su vez, del ciberespacio que habitamos y que estos maestros han sabido captar. En lo personal, disfruto tanto el cine como la lectura de Žižek (no tanto a sus lectores). Por lo que toparme con estos ensayos me recordó esa tendencia de las grandes mentes a replantear la realidad y sobre todo la ideología que hay detrás de todo producto cultural.

El autor arranca el libro examinando la relación de los Diez Mandamientos con el Decálogo de Krzysztof Kieslowski, una miniserie de diez capítulos de 1989. Y avanza episodio por episodio analizando las repercusiones sociales que el director plasma a modo de “teología materialista”. Apenas consiguiendo digerir estas conclusiones, nos encontramos con el ensayo sobre Alfred Hitchcock, donde pasa del síntoma Hitchcockiano, aspectos que dan textura a las tramas mediante elementos audiovisuales sumamente sensitivos y que bautizaron al cineasta como “maestro del suspense”; pasando por el caso de la mirada desaparecida, entendido por el cambio de planos que resultan en una resignificación de todo el espacio; y los finales múltiples, con los que implícitamente, Hitchcock anticipaba el mundo virtual en el que existen millones de probabilidades; para por fin responder la pregunta de si hay una forma correcta de hacer el “remake ideal” donde se intrinquen a la perfección los elementos clásicos y modernos para llegar a una verdadera mediación de dicho antagonismo.

Llegando a Andrei Tarkovski, la lectura se pone rara. Žižek se pasea por conceptos como la Cosa, el sacrificio y el superego, ejemplificados en películas como Solaris (1972) o Nostalgia (1983) comprobando de nuevo la tesis de que la ciencia ficción es una radiografía muy fiel de la mente humana. Por si esto fuera poco, remata la lista de personalidades cinematográficas con David Lynch, creador del que en mi memoria no hay más que Twin Peaks y El hombre elefante. Afortunadamente, la película central del texto la vi hace muchos años, pero nunca supe que era de Lynch. Al hablar de Carretera perdida (1997), centra su análisis en la cuestión fantaseosa del tópico de la femme fatale tanto clásica como posmoderna. Y nos lleva de la mano por el mundo donde la gente llega a escuchar ruidos inexistentes como explicación de la incomodidad que causan sus filmes.

La transición cine-ciberespacio la realiza haciéndonos cuestionar la propia realidad (como si disociar en momentos de presión no fuera suficiente) con las dos caras de la perversión en la saga Matrix. La premisa es que la percepción de lo Real es tan subjetiva que la teoría -llamada por algunos conspirativa- de que vivimos en una simulación no ha podido encontrar pruebas que la refuercen, pero tampoco que la desmientan. Y, a su vez, de “fingir” que existe algo Real detrás de esa matrix para ocultar su inconsistencia. Todo con referencias de verdaderas obras de arte cinematográficas, tales como El show de Truman (1998):

No se trata solo de que Hollywood ponga en escena una apariencia de vida cotidiana desprovista del peso y de la inercia de la materialidad: es que en la sociedad capitalista tardía, la “vida social real” misma adquiere en cierto modo los rasgos de una simulación, nuestros vecinos reales se comportan como actores y extras… La verdad última del universo desencantado utilitarista-capitalista es la desmaterialización de la “vida real” misma, su conversión en un espectáculo espectral.

Dos ensayos sobre ciberespacio cierran el libro, en ellos asistimos a la posibilidad de la suspensión de la autoridad y un intento de teorizar la repercusión futura en la sociedad con el efectivo título de “¿Es posible atravesar la fantasía en el ciberespacio?”.

Žižek es un teórico de lo actual, la cultura contemporánea se caracteriza por la velocidad a la que la consumimos, y explicar cómo es que respondemos al aparato ideológico dominante y lo replicamos inconscientemente en los actos culturales es la tarea esencial en Lacrimae Rerum. Tratar de comprender la realidad e incluso ir más allá en el ejercicio de significación de una metarealidad es ya trabajo del lector.

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