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El Día Mundial de la Psoriasis y La Piel de Sergio del Molino
Jorge Bobadilla Vargas comment 0 Comentarios

La fecha del 29 de octubre ha sido dedicada, desde hace más de una década, a la divulgación de la enfermedad conocida como psoriasis. Este padecimiento crónico se caracteriza por afectar la piel inflamándola e irritándola, ocasionando así escamas y sarpullidos que producen comezón en el enfermo. Se calcula que afecta tan sólo al 2% de la población en el mundo. Sus causas son aún desconocidas, aunque se asocia a anomalías del sistema inmune y a predisposiciones genéticas especiales. Definitivamente no es contagiosa ya que no se trata de una infección.

Sergio del Molino -escritor con más de diez títulos en su haber y periodista español que participa actualmente como columnista de El País– padece esta enfermedad y relata su experiencia a través de La Piel. Parte novela, parte ensayo y parte autobiografía, el texto sirve como depositario de las inquietudes culturales del autor concibiendo a la enfermedad como otro síntoma de los malestares de la civilización contemporánea e histórica.

Estructurada en capítulos breves, La piel es también una serie de pasajes donde encontramos a personajes afectados por la psoriasis, entre ellos Stalin, Vladimir Nabokov, Cyndi Lauper, Pablo Escobar o Isabel II. Con fina habilidad literaria del Molino incorpora a su relato autobiográfico las circunstancias perturbadoras de estos personajes desde, como dice en la coda del libro, modificaciones y motivaciones de escritos tomados de Michel Foucault, Martin Heidegger, Ernst Cassirer y John Updike. Es considerable que el autor reconozca en esta coda a las mujeres que han hecho estudios sobre piel y cosmética, por ejemplo, Skin. A Natural History de Nina G. Jablonski o Touching. The human significance of the skin de Ashley Montagu. Sin embargo, del Molino declara que su mayor influencia para escribir La Piel ha sido la infravalorada película de Martin Scorsese, After Hours. Explica el autor:

“Habré visto After Hours no menos de veinte veces. Es una de mis películas favoritas y la considero una cumbre en el genio de Scorsese y en la historia del cine, pero es ese plano del actor Griffin Dunne destapando el cadáver caliente de una chica lo que envuelve y explica este libro. Scorsese no muestra el cuerpo más que un instante, para colocar la cámara enseguida ante la cara de Dunne, en cuyos ojos vemos el arrepentimiento, la idiotez, el alivio y la desolación. Su mirada condensa siglos de miradas sobre la piel ajena. Ahí están todos los prejuicios, todas las acusaciones, todas las violencias, todo el racismo y todo el asco. Ahí, en ese gesto dramático, se contienen todas las páginas de este libro”.

Y es que todos estos prejuicios y violencias que se han proyectado sobre la piel, del Molino los resiente desde su experiencia a través del libro. A su hijo en la novela y a nosotros como lectores nos deja ver su enojo y dolor a través de punzantes enunciados que se enfrentan al bias discriminatorio:

  • “Hace años le pedí a una doctora un remedio para que la gente dejara de mirarme. Hoy quiero que se jodan y me contemplen”.
  • “Nos reconocemos en la suma de nuestros defectos y sabemos que estamos vivos en la medida en que somos capaces de molestar a los puros”.
  • “Conforme añado capas de algodón y fibras sobre mi piel para esconderla, mi sensibilidad hacia el mundo se amortigua y los problemas de los demás me suenan ridículos, extraños y minúsculos”.

En el capítulo Brevísima historia del racismo, del Molino concentra los sinsentidos históricos del prejuicio desde la figura de un hombre negro disecado, encontrado en el poblado español de Banyoles y proveniente de una tribu perdida de Sudáfrica. Alrededor de la figura disecada, el autor recupera los primeros estudios dermatológicos europeos de Felix von Luschan y Renato Basiutti, y los contrasta con la escritura contemporánea de Frank Westerman. Así, del Molino expone también sus confesiones sobre los actos de escribir y opinar: “… la misma verdad a la que llegamos todos los que contamos historias: que sólo se puede opinar desde la ignorancia. Cuanto más conoces, estudias o vives algo, más confuso e inútil se vuelve tu punto de vista… Por eso escribimos artículos de periódico (tajantes, unívocos, salomónicos) sobre las cosas que no nos importan, y escribimos libros (dubitativos, farragosos, llenos de cerros de Úbeda) sobre las cosas que nos importan”.

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