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Sobre Salvar el fuego
Guillermo Arriaga comment 4 Comentarios

Un proverbio chino reza: «No maldigas la oscuridad, mejor enciende una vela». Vivimos, sin duda, un momento oscuro, caótico, inédito. Un enemigo invisible acecha y nos provoca desazón, incertidumbre. Para algunos, se trata de una amenaza exagerada. A otros les provoca pánico. Desconcertados, nos hemos visto en la necesidad de refugiarnos en nuestras casas. La oscuridad. Pero, como bien sostiene el proverbio, aún podemos encender una vela. Una de ellas es la cultura. La cultura como sentido de identidad, de encuentro con nosotros mismos. No en balde, a través del canto, decenas de individuos en cuarentena se unen en los vecindarios. Para muchos, el acceso a las nuevas tecnologías de streaming les permite ver series, películas, documentales. La cultura visual como vía para llenar horas de silencio y para compartir con los demás temas en común.

Esta es también una oportunidad única para volver a la lectura. El libro como un gran espejo, como fuente de luz que ilumina pasajes ocultos, como una manera de vivenciar mundos distintos. La torre que construyen otros y desde la cual podemos atisbar horizontes diferentes, horizontes que quizás conduzcan hacia nosotros mismos.

Me ha pedido la editorial que cuente un poco sobre Salvar el fuego, la novela con la que gané el Premio Alfaguara, galardón que me honra. Tenía planificada una gira por varios países para hablar con la prensa y con los lectores sobre esta obra que me llevó cuatro años y medio escribir, reescribir, corregir, volver a reescribir y corregir… Incluso después de ganar el premio volví a corregirla a fondo. Si una persona invierte tiempo y dinero en una obra mía, debo responder a su confianza con el mayor profesionalismo posible. No puedo garantizar que al lector le guste, eso va más allá de mis posibilidades. Pero sí quiero que sepa que fue creada con el máximo rigor.

Salvar el fuego trata de Marina, una coreógrafa de cierto prestigio, proveniente de las clases altas, casada con un exitoso financiero y madre de tres hijos. Es una mujer que constantemente cuestiona su trabajo creativo, que está condenado a cierta medianía. Sí, los críticos reconocen su valía, pero no provoca emoción en los espectadores, ni es un trabajo con repercusión. Su matrimonio es feliz, de una forma que a ella le parece programada y un poco impuesta. Una felicidad previsible y, en cierto momento, asfixiante. Marina es invitada a que lleve su compañía de danza contemporánea a brindar una función en la cárcel para varones Reclusorio Oriente. Por primera vez en su carrera, siente que se comunica con el público. Algo de su trabajo resuena en los presos. Ahí conoce a José Cuauhtémoc Huiztlic, un reo condenado a cincuenta años de cárcel por homicidio múltiple. José Cuauhtémoc es hijo de un activista indígena que, en aras de promover la superación de sus vástagos, los empuja a educarse, a leer, a extenuantes rutinas de ejercicios, a pruebas físicas y mentales que se acercan a la tortura. Sí, sus dos hijos y su hija resultan seres brillantes, cultos, vigorosos, pero a la vez sufren severos déficits emocionales y psicológicos.

Salvar el fuego habla de los muchos países que habitan un país. Mientras una clase social goza de privilegios y vive en zonas protegidas, otra se desbarranca en el crimen y la desigualdad. Mientras grupos descendientes de europeos prevalecen en un sistema racista, los indígenas aún cargan con la derrota infligida hace más de quinientos años.

Nunca sé, en realidad, cómo se va a desarrollar la historia que escribo. Al iniciarla, tengo una vaga idea de la línea narrativa principal. El resto lo descubro mientras voy tecleando. Es emocionante para mí, porque cuando escribo, actúo como un lector. Ignoro que peripecias enfrentarán los protagonistas y aun desconozco que otros personajes aparecerán en las páginas siguientes. Algunos colegas planean con cuidado sus obras, y los respeto. Para mí es como adentrarme en un bosque, sin saber qué ruta tomar y qué me voy a encontrar en ella. Simplemente comienzo a caminar y lo que más disfruto es arribar a pasajes que jamás imaginé.

Sin proyectarlo, a bote pronto, decidí contar la historia de Salvar el fuego desde diversas voces narrativas y en diferentes tiempos. Me pareció interesante ir desarrollando el argumento a partir de fragmentos que se van uniendo poco a poco. Una de las voces narra en primera persona, otra en segunda y una más en tercera. Cada hilo narrativo brinda una perspectiva de lo sucedido. Los tiempos desfasados van convergiendo poco a poco hasta que al final se anudan. No lo hice, repito, de manera planeada. Se dio de esta manera porque el relato así me lo pidió. A veces pareciera que las narraciones y los personajes son seres vivos que exigen su espacio, su ritmo y su propio lenguaje.

Al final, Salvar el fuego es una historia de amor y una historia de esperanza. Habla de la capacidad que tenemos los seres humanos de pelear por lo que creemos, así vengamos de los recovecos más tenebrosos y negativos. Es también una historia de amistad, de solidaridad, de generosidad a la vez que de crimen, corrupción, impunidad.

El título de la novela proviene de una cita de Jean Cocteau: «Si mi casa se incendiara, ¿qué salvaría? Salvaría el fuego». Y eso es precisamente lo que intentan salvar los protagonistas de esta novela.

Si en estos tiempos oscuros alguno de ustedes lee mi novela, me sentiré profundamente honrado. Si en sus casas, en el silencio de la cuarentena, mi obra les provoca una experiencia de vida, me sentiré doblemente honrado. Ojalá encienda una pequeña llama en esta negrura. No tuve ocasión de ir a contarles de viva voz esta historia. Pero ahí está mi libro, aguardándolos.

Gracias por la oportunidad.

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  1. Apenas he entrado en tus palabras q conducen a enterarse de que tu libro trata y sin tener el tiempo en este momento las he leído fascinada. Voy a adquirir lo porq por mi formación me ha seducido los temas q en «Salvar el Fuego» dices llevar ¿a la ficción?. Éxitos te deseo

  2. Una novela imprescindible y un premio muy merecido. Impresionado aun por la calidad de la narración y la historia trepidante. Gracias por tan buenos ratos.