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Ante la ausencia de un perro
Katia Briseño comment 0 Comentarios

Despertar, caminar, atravesar el camino de agua y llegar al pueblo. Tener una cachorra en el pecho para calentarse y llenar un vacío. A Damaris nunca le había dolido tanto despertar y enfrentarse ante la ausencia de la perra. Ella imagina los peligros de la selva y revive sus  fantasmas del pasado: la muerte de Nicolasito.

La perra, IV Premio Biblioteca de Narrativa Colombiana 2018, explora el dolor de despedirse de una mascota como una de las sensaciones más tristes y humanas de la vida; aprender a dejar ir. Damaris está inmersa en la rutina de su pueblo.  Cocina  y sale a comprar alimentos, mantiene limpia la casa en la que trabaja hasta que un día encuentra a una cachorra a la orilla de la muerte, Chirli.

Atrapada en una realidad marcada por la muerte, la diferencia de clases y la asfixia de no poder salir de las costumbres de su entorno decide adoptar a la cachorra. La mujer ha sido fuerte todos estos años al soportar una relación fallida, su maternidad frustrada y el constante miedo ante el qué dirán.

¿Cuál es la verdadera finalidad de una mujer en el mundo? Es una de las preguntas que Damaris finge saber una y otra vez. ¿Acaso tener hijos es la única salida para consolidar su felicidad? Después de conocer a Rogelio decide vivir con él a pesar de una serie de intentos fallidos por embarazarse. La indiferencia y desinterés crecen al pasar los meses entre la pareja pero más tarde compite por el amor que tiene Damaris hacia la perra.

Desde pequeña tenía conocimiento de lo que significaba ser mujer en su pueblo: casarse y tener hijos. Sus primas, tías y el pueblo esperaba verla embarazada, de lado de un hombre y con grandes esperanzas de establecer su propia familia. A pesar de que la pareja no cumple sus expectativas deciden seguir juntos sin decirse nada.

Las relaciones no siempre se tratan de amor; también pueden ser una costumbre y Pilar Quintana retrata con madurez este tipo de uniones que perduran en la sociedad. Se miran, comparten silla, baño y  sala pero no sus sentimientos, inquietudes y deseos. Viven para estar juntos pero no para amarse. Este es el punto de partida en que Chirli, una perra en crecimiento, alivia el desamor y la soledad de una mujer destrozada en su interior.

Nutre su pecho, ilumina sus días y con el tiempo se convierte en su mejor compañera, lo más cercano que deseaba sentir ante la posibilidad de ser madre. Chirli es un ser que no se conforma con estar en casa, tiene que salir y experimentar desde sus ojos la vida que le tocó, justo como una hija cuando debe partir. La escritora colombiana  hace presente la oportunidad de amar a una mascota desde la bondad y la espontaneidad. Existe una posibilidad de conectar con un ser vivo ajeno a nuestros pensamientos para mirar aquello que nos hace falta.

La novela está ubicada en Buenaventura, una pequeña ciudad que también es uno de los puertos marítimos más importantes de América Latina. Se presenta como un espacio húmedo, tenebroso y cambiante. Cuando llueve se premeditan desastres y muertes pero existe un lugar en la selva que parece ser la puerta a otros mundos. La escritora describe el frío, el calor y la angustia como las emociones infinitas entre sus letras.

Despedirse de una mascota significa dejar de pensar en ella,  comenzar a imaginar los peores escenarios y vivir con la esperanza de que algún día regrese a nuestros brazos. Quintana reescribe la historia de una madre que no pudo ser, sobre la historia de un amor incondicional que supera todos los miedos y vacíos ante la ausencia.

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