Universo

La cultura tiene sentido sólo en relación con

nosotros mismos, y es por eso una realidad

inventada que desaparecerá cuando no estemos.

Uno de los principios de la ciencia es que siempre se cuestiona a sí misma y refunda sus preceptos. La palabra «ciencia» ha cambiado su significado. Mientras que en la época del oscurantismo era considerada como una forma de conocimiento despreciable, hoy parece tener un significado irrevocable de verdad.

Ya decía Betrand Rusell, en 1935, que una serie de ridiculeces podrían decirse en nombre de la ciencia. Por ejemplo, recupera una afirmación del siempre reconocido Immanuel Kant quien señalaba que “los habitantes podían vivir mejor estando lo más alejados de sol”.

Este error no le que quita en ninguna medida su mérito y sus aportes a la filosofía, sólo hace recordar que los límites de lo dicho por la ciencia son muy marcados por el tiempo, el espacio y las condiciones de trabajo de un investigador.

En este contexto, Gerardo Herrera Corral, doctor en física por la Universidad de Dortmund, Alemania, presenta sus hallazgos en materia de física cuántica sobre la explicación del Universo. Su aporte consiste en volver a contar la historia de la Creación, pero esta vez corrigiendo algunas de las teorías ya caducas. Con justa razón escribe Universo, un libro que es la síntesis de su investigación.

Herrera Corral es un mexicano que fue becado para ir al Centro Europeo de Investigaciones Nucleares, bajo el proyecto alice, para recrear la materia que surgió instantes después del Big Bang. Desde 1994 hasta la fecha ha mantenido, junto con un grupo de colegas, su insistencia en dicho trabajo. Para señalar la magnitud de lo que esto representa, basta decir que el costo del proyecto Gran Colisionador de Hadrones, del cual depende alice, es de 6 000 millones de francos suizos.

México, por su parte, no sólo ha participado con su talento de esta manera, sino que aquí mismo se construyó el detector de rayos gamma hawc (acrónimo de High Altitude Water Cherenkov: observatorio de agua a gran altura Cherenkov), que es usado en Alemania.

Los resultados son plausibles. Una de las hipótesis más sorprendentes de este grupo de científicos está en revelar la inconsistencia histórica sobre la conformación de los átomos. Este instituto descubrió que no son como las monografías los representaban hasta la generación de finales del siglo pasado, es decir, el modelo de Bohr: electrones girando alrededor de protones y neutrones.

Avances sobre la antimateria y los antiátomos han permitido llegar a la conclusión de que los átomos en realidad tienen forma de un balón de futbol americano, aunque hay otros, recién descubiertos en 2013, que tienen forma de pera. Los átomos funcionan de manera muy similar a la densidad de las nubes, con movimientos inconstantes, y los electrones tienden a encontrarse en otras posiciones respecto a lo que proponía el átomo de Bohr.

Este trabajo es una continuación de los preceptos del físico estadunidense y premio Nobel de Física, Dick Teresi, quien en 1993 escribió un libro muy famoso por la polémica planteada en el título: La partícula de Dios. El nombre se debe a un criterio editorial que no permitió llamarlo “condenada partícula” (“goddamn particle”) y a que había una conexión con la Biblia, en específico la historia de la Torre de Babel.

Universo, además, se basa en los avances más trascendentes sobre el Higgs, descubierto en julio de 2012, como base de la estructura material. Con ello, la propuesta reafirma la llamada Teoría de Cuerdas.

Esta es la historia de 13 800 millones de años. La narración empieza en nuestros días para retroceder hasta el Big Bang, porque sólo así se refunda una nueva teoría sobre el líquido perfecto que permite que existan las partículas, las estrellas, la vida y lo más complejo, según Herrera, que es la conciencia a partir de las neuronas.

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