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"Los recuerdos del porvenir", de Elena Garro: una mirada al futuro y al pasado de México
Natalia Rodríguez Priego comment 0 Comentarios

La literatura universal tiene en su haber magníficos inicios de novelas, el de Los recuerdos del porvenir (Alfaguara, 2019) es sin duda uno de ellos: 

Aquí estoy, sentado sobre esta piedra aparente. Solo mi memoria sabe lo que encierra. La veo y me recuerdo, y como el agua va al agua, así yo, melancólico, vengo a encontrarme en su imagen cubierta por el polvo, rodeada por las hierbas, encerrada en sí misma y condenada a la memoria y a su variado espejo. La veo, me veo y me transfiguro en multitud de colores y tiempos. Estoy y estuve en muchos ojos. Yo solo soy memoria y la memoria que de mí se tenga.

Y así, Elena Garro da inicio a una de las obras más fascinantes de las letras hispanoamericanas que, como toda buena literatura, desde sus primeras líneas, e incluso desde el título mismo, intriga, seduce y nos hace preguntarnos: ¿es posible recordar lo que vendrá, lo futuro?, ¿traer a la memoria lo no vivido?, ¿quién está sentado en esa piedra?, ¿qué recuerdos encierra? El gran tema en común a estas preguntas es el tiempo; la genialidad de esta novela radica en él como herramienta narrativa, pero también como tema y centro de preocupación de sus personajes, esencialmente de Ixtepec, el pueblo que funge como voz narradora omnisciente. Garro plantea diversas conceptualizaciones del tiempo: el occidental (pasado, presente y futuro), el de nuestros pueblos originarios (cíclico y repetitivo, así lo entendían los mayas y los mexicas, por mencionar a los principales); y el tiempo de los dioses: estático y eterno. De aquí quizás «el realismo mágico» que la crítica literaria ha querido adjudicar a esta novela, una en la que todos los tiempos conocidos convergen en un universo llamado Ixtepec  y en unos personajes que representan las grandes virtudes y vicios del ser humano.

En el gran teatro humano que es Los recuerdos del porvenir se despliegan la belleza y la seducción puestos en Julia Andrade, la querida del sanguinario general Francisco Rosas, un exrevolucionario que secuestra al pueblo y lo tiene bajo una dictadura de miedo y violencia, que crece o merma según como esté su relación con Julia. También están los Moncada que encarnan todos los valores que una familia de buenas costumbres debe tener… o al menos eso parece. Ellos hospedan a Felipe Hurtado, el forastero, quien un día irrumpe en Ixtepec y despierta las habladurías del pueblo, pero también trae la ilusión a través del teatro, el único entretenimiento que distrae a los habitantes de su situación. Por supuesto, está el loco, Juan Cariño, que como todo loco es quien mejor percibe la atroz realidad que les rodea. Están también las prostitutas, mujeres solo al servicio de los hombres del general Rosas, pero que en ellas, junto con el resto de las mujeres del pueblo, Garro «nos enseña una realidad, con sus aristas todas, la mujer al servicio, la mujer celosa, la envidiosa, la explosiva, esa mujer explotando en el centro mismo de los límites que le impone la vida cuando la vida es el hombre», como bien apunta Lara Moreno en su ensayo «Las mujeres de Ixtepec», publicado en esta edición de Los recuerdos del porvenir. Precisamente son dos mujeres, Julia e Isabel, las protagonistas de la novela que se divide en dos partes: la primera relata el terror en el que Rosas tiene secuestrado al pueblo y cómo la inestabilidad de su relación es la que marca la vida de Ixtepec. En la segunda parte, Isabel se convierte en el centro de la narración y con ella la historia da un giro tan sorpresivo como genial. 

  Intrigas, celos, amores fracasados, miedos y traiciones invaden a los habitantes de Ixtepec, un pueblo que es todos los pueblos, que es el México de ayer, el de la Guerra Cristera, el posrevolucionario; pero también el de hoy, el de los encabezados de Reforma y El Universal, el de los narcos, el de los miles de muertos, el México de los feminicidios. Es imposible leer Los recuerdos del porvenir —una novela publicada en 1956 y cuya trama se desarrolla entre los años de 1926 y 1929— y no sentir cierto escalofrío por la vigencia de la violencia en ella narrada, pues bien podría tratarse de la situación que vivimos actualmente en nuestro país.  Pareciera que Elena Garro con esa agudeza de percepción que la caracterizaba hubiera augurado el México de hoy y escribió:

«el porvenir era la repetición del pasado». 

Mucho más podríamos decir y discutir sobre esta maravillosa novela ganadora del Premio Xavier Villaurrutia, como su constante crítica al patriarcado y el papel de la mujer; el fracaso de la Revolución Mexicana, el racismo y los muchos elementos que nos recuerdan a otras novelas que en su momento fueron consideradas el máximo ejemplo del realismo mágico (por ejemplo, Cien años de soledad, 1982), y sin embargo fueron publicadas tiempo después que ésta. Será nuestra labor como lectores reivindicar la obra cumbre de Elena Garro y devolverle todos los elogios que alguna vez le fueron arrebatados. 

Elena Garro en elpais.com

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