La pregunta por el cielo

«No sólo cuanto más pregunten más respuestas obtendrán […], sino que,
además, cuanto más miren a su alrededor y dentro de ellos, más cosas
descubrirán, y cuanto más crean comprender su universo, mayor será el misterio.»
Stanisław Lem, El diario

Mis primeros contactos con el cosmos fueron muy similares a los del hombre primitivo, pues estaba convencido de que las estrellas influían en un aspecto muy importante de mi vida: la aproximación de los Reyes Magos. Me maravillaba observar cómo los “sabios orientales” se acercaban hasta encontrarse en su máximo esplendor en el cénit y luego bajaban para desaparecer otra vez por buena parte del año. Mi ingenuidad infantil me hacía creer entonces que los astros harían todo eso sólo por mí.

Y aunque más tarde o más temprano comprendí que esas luces no eran mágicas (aunque casi) y los presentes que las acompañaban eran en realidad de mis padres, fue tal la fascinación que los astros ejercieron en mí que aún a la fecha la constelación de Orión es mi favorita —en parte gracias a que la nebulosa Cabeza de Caballo, que habita en ella, es la única que he podido ver con mis propios ojos— y hasta tuve la oportunidad de formarme como guía de museo para una sala de astronomía.

Pero estoy seguro de que no soy el único que disfruta de las acampadas bajo la luz de las estrellas, o que mira a la luna con gesto melancólico. Al contrario, me parece que la humanidad entera tiene debilidad por un astro especialmente brillante, o sucumbe ante el fulgor esmeralda de las auroras boreales; incluso hay quienes afirman ver a dios en una nebulosa, y se sienten seguros bajo su ojo vigilante.

Para el caso, lo importante es que no podemos dejar de preguntarnos por la danza que estos objetos ejecutan sobre nuestras cabezas. Los planetas, las estrellas, las galaxias nos atraen tanto que aun cuando no hemos descubierto la mayor parte de los misterios que encierra nuestro propio planeta —y, tristemente, aunque tampoco podemos garantizar que estará en equilibrio por mucho tiempo más (o quizá precisamente por eso)—, buscamos activamente surcar el vacío y aventurarnos a la oscuridad insondable del universo.

En honor a esta búsqueda y a estas preguntas, esta semana en Langosta Literaria recomendamos tres títulos sobre el cosmos, que nos ayudarán a comprender un poco mejor los misterios que el cielo guarda para nosotros y, con un poco de suerte, a formularnos todavía más preguntas. Aún queda mucho por saber, y muchas de las cosas que la ciencia actual sostiene probablemente estén erradas, pero, si la ciencia ficción es digna de algún crédito, llegará el día en que en algún lugar del universo alguien mire hacia el cielo con nostalgia, pensando en la época en que la Tierra era el único hogar de la humanidad.

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