La fantasía como refugio

Reseña de Cuentos extraños para niños peculiares, de Millard Nullings, Publicaciones Syndrigast, Londres, 2016. 224 páginas.

Quienes me conocen hace poco no lo imaginarían, pero durante toda mi infancia y buena parte de mi adolescencia fui un inadaptado. Un raro, un nerd, un cuatro ojos, un introvertido, un impopular. (No es que hoy sea la persona más normal del mundo, pero al menos logré integrarme a la sociedad como un adulto “productivo”, que ya es algo…) Como siempre en estos casos, en una sociedad que premia la ignorancia y la violencia irracional, sufrí burlas y acosos. La solución más razonable me parecía, entonces, refugiarme en un pequeño lugar en mi cabeza, donde aislado de todo y de todos podía seguir el rumbo de mis propios pensamientos. En aquel tiempo, nada era para mí más hermoso que pasar mi tiempo libre en la biblioteca de la escuela, buscando nuevos cuentos para leer. Así conocí a Borges, a Juan de la Cabada, a Rius, a Rulfo, a Cortázar, a Ende. Porque si algo disfrutaba entonces (y aún hoy con goce inigualable) eran los cuentos fantásticos.

Quizá por estas razones, cuando conocí Cuentos extraños para niños peculiares una parte de mí saltó de alegría infinita. Aunque no conocía la historia original (El hogar de Miss Peregrine para niños peculiares), de inmediato me atrapó la magia que envuelve al libro desde la primera página: no es un libro de este mundo, sino del universo “peculiar”, que existe paralelo al nuestro. Ahí los niños inadaptados, perseguidos o señalados por sus habilidades metahumanas (algo así como los mutantes marvelianos de la Inglaterra victoriana) encuentran un refugio seguro contra la incomprensión de nuestro mundo y la persecución de seres de pesadilla hambrientos de sus ojos (vale, a mí no me perseguían los monstruos, pero ya se ve por dónde podía identificarme).

Escrito por un docto hombre invisible, que ha dedicado su vida a recuperar los relatos desperdigados que narran la historia de su mundo, así como la biografía de alguno que otro peculiar notable, este libro es una joya editorial por donde se la mire. ¿Es usted fanático del diseño y busca un libro bello por fuera y por dentro? Aquí lo encontrará, pues éste fue impreso en el desierto de Lop, encuadernado en unas instalaciones subterráneas de Londres y revisado por Patricia Panopticot (un verdadero prodigio de la corrección editorial, gracias a sus dos cabezas y sus cinco ojos), y además contiene una serie de hermosos grabados cuyas escenas ilustran las proezas clave de los personajes de sus historias. ¿Le apasionan las historias profundas y de moral ambigua, sin una moraleja clara? Esta colección contiene aventuras dignas de la fantasía más oscura, como “La encantadora de pesadillas”, o “La princesa que tenía la lengua bífida”. ¿Gusta usted de los relatos más entrañables, felices y cómicos? Pues atienda las historias de “La chica que quería ser amiga de un fantasma”, “La langosta” o “El cuanto de Cuthbert”.

También hay lugar para estudios más serios, por ejemplo, la anécdota de la primera Ymbryne, un ave capaz de transformarse en mujer y de detener el tiempo indefinidamente al crear rizos dentro de rizos dentro de rizos, uno de los adelantos fundamentales en la historia política y científica de los peculiares, gracias al cual estos seres pudieron, por fin, encontrar un lugar en el mundo… eh, es decir, en el tiempo… bueno… en el espacio-tiempo… En fin, que encontraron la forma de protegerse del mundo y continuar con sus vidas fantásticas.

Así pues, éste es un libro para inadaptados, raros y peculiares. Para todo aquel que, aislado voluntaria o involuntariamente del mundo, ajeno a las peripecias de los seres “normales”, anda en busca de un espacio-tiempo para sí mismo, donde la magia fluya a cada página entre risas, lágrimas y no poco asombro por lo desconocido y lo inimaginable.

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