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El beso del vampiro
Ernesto Reséndiz Oikión comment 0 Comentarios

Luis Zapata (1951-2020) In memoriam

Recuerdo el momento palpitante adolescente, y jamás lo voy a olvidar, cuando guiado por el deseo ingresé a la biblioteca de mi papá, con sus estanterías en laberinto, y caminé hacia la parte más oscura de los libreros. Los libros brillan con su propia incandescencia. Recuerdo el chispazo en el lomo de El vampiro de la colonia Roma. Fui atraído con la fuerza de un imán hacia esa luz oscura del libro. El vampiro, con su chaqueta de cuero y sus jeans, saltó de la portada y me mordió en el cuello aquel día. En el cielo de la novela flotaba un platillo volador y yo quise ser abducido por esa nave extraterrestre. En la contraportada del libro estaba el retrato de un chico guapo, que salía de un ataúd, era un muerto viviente que invitaba con la mirada a seguirlo. La foto había sido captada en un flash de cámara por Rogelio Cuéllar. El muchacho de aquella foto se llamaba Luis, Luis Zapata. ¡Zapata vive! ¡La lucha sigue!

En aquel momento no me atreví a leer la novela, pero le traía unas ganas a hincarle el diente a sus páginas, así como el vampiro me había clavado sus colmillos en la entraña. Pero me aguanté la calentura, porque el deseo que no se consuma siempre es la tentación más disfrutable. Y ya más grandecito me fui a estudiar a la Ciudad de México y dejé Zamora, Michoacán.

Luis Zapata dejó Chilpancingo, Guerrero, donde nació el 27 de abril de 1951, para irse a estudiar letras francesas a la capital y allí en la universidad, en la Facultad de Filosofía y Letras, se dedicó a escribir y a hacer amigos, y a hacerse amigo de algunos de sus maestros. Luis hizo amistad con su maestra Angelina Martín del Campo y con su maestro Héctor Valdés, mi paisano michoacano, el novio de Manuel Puig, el autor argentino que escribió El beso de la mujer araña, pensando en su amor por Héctor.

En la facultad, Luis conoció a su amiga Rosina Conde, que luego le publicaría a Luis la plaquette de cuentos De amor es mi negra pena, en la editorial Panfleto y Pantomima, el 20 de noviembre de 1983, aniversario de la revolución mexicana. ¡Zapata vive! ¡La lucha sigue! Luis Zapata fue protagonista de su propia revolución sexual en primera persona, como nadie antes se había atrevido en la literatura mexicana, quizá sólo Salvador Novo en sus memorias La estatua de sal y quizá sólo Xavier Villaurrutia en su poema Nocturno de los Ángeles, esa joya perfecta. Algunos ángeles se travisten de vampiros en las noches.

Luis, aquel muchacho guerrerense, quería afirmarse como el genial escritor que era, y metió una novela al concurso de la editorial Novaro. Se titulaba Hasta en las mejores familias. Porque hasta en las mejores familias hay una oveja descarriada, el narrador de aquella novela dejaba ver su deseo: “Al principio sentí un poco de asco, pero no retiré la mano y empecé a tener erección. Amadeo comenzó a tocarme, primero casi tímidamente, después en franco masturbe los dos”.

La novela Hasta en las mejores familias quedó finalista del Premio Internacional de Novela Novaro en 1975. Luis me firmó el libro en una fiesta que organizaron sus amigos para él en una noche en la colonia Roma, pero el vampiro me prohibió leer su libro entonces, porque Luis afirmaba que era una novela chafona. El libro me lo regaló el poeta Sergio Loo. Desobedecí a Luis y en este 2020 cruel leí la novela que no me pareció chafa, sino el inicio literario de un muchacho que se iba a convertir en uno de mis escritores favoritos.

La primera vez que conocí a Luis fue en una plática que dio en la Feria del Libro del Zócalo, Luis fumaba un cigarrillo tras otro, y allí me firmó El vampiro, que compré apresuradamente en ese momento en la feria de la vida. Pero no lo leí entonces sino hasta muchos años después, cuando estaba en Zamora, pasando mi cumpleaños en las vacaciones, y me autoregalé leer todo el día esa novela de cabo a rabo. Recuerdo también una noche insomne que leí riéndome a carcajadas De pétalos perennes, una novela divertidísima donde dialogan Tacha, la sirvienta, y su patrona, una pobre tonta niña rica. La historia fue llevada al cine y al teatro.

En 1978 toda la vida estaba más agitada que de costumbre porque en México, por primera vez, salieron a las calles los activistas homosexuales y las travestis y las chavas lesbianas y el joterío más gritón. Primero salieron las locas del Frente Homosexual de Acción Revolucionaria (FHAR), y meses después las más locas del Grupo Lambda de Liberación Homosexual y del Grupo Autónomo de Lesbianas Oikabeth. Quizá eran 41 personas al principio en la calles, y luego más gente fue saliendo del clóset a gritarle a los cuatro vientos: “sí, soy puto, ¿y qué? Muy mi gusto y con mi cola hago un papalote.” Aquellas protestas hicieron patente la efervescencia del Movimiento de Liberación Homosexual (MLH) en México.

Al año siguiente, en la primavera de 1979, la cosa se puso más caliente todavía, porque el 17 de marzo de 1979, en el suplemento “Sábado”, del diario Unomásuno, un muchacho tan guapo como Luis de nombre José Joaquín Blanco publicó “Ojos que da pánico soñar”. Este es un título hermoso de una traducción afortunada de los versos de “Eyes I dare not meet in dreams”, de T. S. Eliot. La mirada turbia, esos ojos con los que los hombres ligamos a otros hombres, sin mediar palabras, sin necesidad de ellas, ha sido una poderosa manera para romper el hielo y provocar la complicidad.

La crónica de José Joaquín Blanco está dedicada a Carlos Monsiváis, y apareció publicada dos días antes de que José Joaquín cumpliera 28 años, el 19 de marzo. Un texto escrito en primera persona, como un salto al vacío. Qué mejor regalo de cumpleaños. Un ensayo potente donde su autor aventuraba una tesis sobre la homosexualidad en el país. Las ideas planteadas lúcidamente por José Joaquín anunciaban lo que se venía en el mercado rosa, fueron palabras proféticas, y tienen una inquietante vigencia sobre la manera en que el mercado desactivó las posibilidades subversivas y revolucionarias de la homosexualidad. Los maricones no seremos aceptados por la dignidad de nuestros derechos, sino por el dinero con el que sólo algunos podremos comprar un lugar en la sociedad.

La cosa siguió poniéndose caliente hasta que explotó, digamos que eyaculó en el verano de 1979. ¡Boom! El 15 de junio de 1979 se publicó El vampiro de la colonia Roma, obra ganadora del Primer Premio de Novela “Juan Grijalbo”. Luis Zapata había vencido la pretensión censora del editor Juan Grijalbo y del mismo presidente de la república, que estalló contra la redacción del periódico Novedades, porque en 1978 en el suplemento “México en la cultura” se había publicado un adelanto de la novela. José Joaquín Blanco defendió la libertad creativa de Luis, y allí surgió una amistad que me sigue conmoviendo y emocionando.

El libro se convirtió en un éxito de ventas instantáneo, porque en el transcurso de mes y medio se vendieron los 10,000 ejemplares de la edición príncipe, la segunda edición de El vampiro de la colonia Roma se imprimió el 30 de agosto de 1979, poco más de un mes después, con un tiraje de 15,000 ejemplares que también se agotaron pronto. Desde entonces, el libro no ha dejado de publicarse, en 2019 apareció una edición conmemorativa por el 40° aniversario de su publicación.

El vampiro de la colonia Roma situó a la narrativa mexicana en la punta de vanguardia por su transgresión doble, tanto de forma como de contenido. La obra significó una ruptura total con la forma gramatical (la ausencia de signos de puntuación y los espacios en blanco) que expresa de manera elocuente el ritmo del habla coloquial de la narración de Adonis García, un trabajador sexual que le cuenta a un entrevistador sus aventuras, desventuras y sueños homoeróticos, con la frescura y detalle de los mejores chismes. La actualización de la figura del vampiro como un moderno pícaro que disfruta su sexualidad al límite, mientras recorre los rincones de la Ciudad de México, llegó en el momento de la irrupción del Movimiento de Liberación Homosexual. Los jotos rompían el silencio y se hacían visibles en las calles y allí estaba Adonis García, esperándolos en la Esquina Mágica de la avenida Insurgentes, y la avenida Baja California, para darles la mejor mamada de sus vidas.

Luis Zapata entrevistó a Osiris Pérez Castañeda, un célebre prostituto, para crear a su divertido protagonista: Adonis García, también Luis me dijo que algunos de los chistes que contó en la novela los escuchó de viva voz de su hermano más chico. Los dos se rieron a carcajadas mientras Luis escribió el libro. El vampiro de la colonia Roma marcó un parteaguas en la narrativa gay mexicana e influenció a generaciones más jóvenes de autores como Gonzalo Valdés Medellín. En 1981, el tocayo y amigo de Zapata, Luis González de Alba escribió un cuento muy divertido titulado “Posdata que podría enviar el Vampiro de la Colonia Roma”, donde González de Alba cuenta que Adonis va a una clínica a atenderse una enfermedad de transmisión sexual y termina fajando con el enfermero.    

El vampiro de la colonia Roma es también un mapa del deseo de una Ciudad de México, que ahora sólo existe por el poder de la evocación literaria. La ciudad del sexo, donde tantas veces los lectores fuimos felices. La novela está dedicada “para Olivier”, tal registro amoroso corresponde al crítico de arte Olivier Debroise, que entonces era novio de Luis. Este libro clásico fue traducido al inglés por Edward A. Lacey, bajo el título de Adonis García. A Picaresque Novel, para la famosa editorial Gay Sunshine Press, de San Francisco. Además, fue traducida al francés.

A fuerza de ir a todos los homenajes que le hicieron a Luis, él me fue reconociendo, y yo fui conociendo a un hombre tan importante como Olivier Debroise en su vida: me refiero al dramaturgo José Dimayuga, oriundo de Tierra Colorada, Guerrero, con quien Luis vivió algunos años. Pepe Dimayuga, “PepeDi”, luego supe que sus amigos le llamaban así por un eco a Lady Di. José Dimayuga escribió una estupenda obra de teatro titulada Afectuosamente, su comadre, con la que ganó el Premio Nacional de Dramaturgia, y que Luis Zapata filmó. El video se puede ver en Youtube. El 4 de noviembre de 2017 murió José Dimayuga. El 4 de noviembre de 2020, ayer, murió Luis Zapata a la edad de 69 años. Por esas coincidencias de la vida se fueron el mismo día.

Melodrama (1983) es su libro más cinematográfico y paródico del cine, y En jirones (1985) es su novela más sexual y apasionada. Me encantó La más fuerte pasión (1995), esa historia de amor de Santiago, un pudiente hombre mayor, y Arturo, un guapísimo chamaco. Luis Zapata adoró a Angélica María, su otro gran amor en la vida, por ella escribió La hermana secreta de Angélica María (1989), la primera novela intersexual de la literatura mexicana. Zapata tradujo del portugués Bom-Crioulo, El buen negro, de Adolfo Caminha, la primera novela homoerótica de la literatura brasileña publicada en 1895, el año en que condenaron a Oscar Wilde por sodomía. Prologó Hombres sin mujer, la novela carcelaria cubana de Carlos Montenegro. Su última novela Autobiografía póstuma (2014) es una historia hilarante de un escritor muerto que cuenta sus aventuras, desventuras y sueños desde el más allá y el más acá.

La noche del 27 de noviembre de 2014 fue la presentación de la novela Como sombras y sueños, donde Luis, que durante gran parte de su vida padeció depresión, narró la experiencia de la depresión en la voz del protagonista Orlando Barreto, un guiño al personaje de Virginia Woolf. Sergio Téllez-Pon y yo presentamos la novela de Luis en el Museo del Estanquillo. La actriz Angélica Aragón leyó algunos fragmentos de la historia de Orlando.

El 30 de agosto de 2014, en la librería Voces en Tinta, que ahora se llama Somos Voces, ubicada en la Zona Rosa, presenté el libro de cuentos Mundo cruel, de un tocayo de Zapata, el escritor boricua Luis Negrón. Luis Zapata estuvo en la librería y yo, por supuesto, quise que me firmara uno de sus libros, pero Zapata se negó y me fue dando largas hasta que se hizo de noche, él no estaba de ánimo. Salimos de la librería y los acompañé a un hotel de la calle de Londres donde Negrón y Zapata se hospedaban. Negrón se fue a su habitación, y yo me quedé con Zapata, que me dedicó el libro y me besó, y yo lo besé. Esa noche, cuando regresé a casa, no quise contarle a mi entonces novio que un vampiro me había besado, preferí guardar el secreto en mi memoria. De amor es mi negra pena, querido Luis.

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