Bruce Springsteen: Born To Run

Esta vez sin música, sólo las palabras…

La primera vez que vi impresa la autobiografía de Bruce Springsteen quedé gratamente impresionado: la edición era impecable y el objeto en sí, bastante atractivo. Un libro que desde la portada te engancha definitivamente; en ella el buen Bruce luce muy joven, recargado en su primer auto, en su antiguo barrio en Jersey. Sin duda, el flashback es un buen augurio para lo que viene.

Bruce Springsteen es un músico de ascendencia irlandesa, originario de Nueva Jersey. Nació en el seno de una familia de clase media baja, en 1949. En Born to Run, nos narra cómo fue su vida en esa modesta casa que compartió con sus abuelos, donde él era amo y señor. Nos cuenta qué significó para él ver a su padre embriagarse y perder un trabajo tras otro, mientras su madre trabajaba de secretaria en el edificio más elegante que él había visto.

Bruce descubrió a una edad muy temprana a sus héroes: la presentación de Elvis Presley en la televisión nacional fue como una epifanía que lo dejó inmóvil en la sala de su casa (¡a él y a una nación entera!), y que le cambió el mundo. A su primera guitarra eléctrica la describe como un artefacto capaz de golpear con la fuerza de las posibilidades infinitas que de ella emanaban.

Y tenía razón en eso.

Con una prosa bastante hábil, Bruce habla de la realidad vista a través de su propio crisol de idealización. Cualquiera que esté familiarizado con las letras de Bruce sabe que es perfectamente capaz de crear versos atractivos, y por eso no sorprende (pero satisface) que su autobiografía esté escrita con las mismas metáforas geniales, poesía y ritmo con el que escribe sus canciones.

Esto es algo de lo que se debe hacer mención. Sin utilizar palabras rebuscadas, sin demostrar pretensiones infinitas y con un talento que lo hace parecer fácil, Bruce Springsteen es un escritor en toda la regla, quien ha sabido plasmar una parte de la mitología norteamericana como muy pocos.

Como la carrera de Bruce empezó hace más de 40 años, en el libro hay un poco de todo. El jefe nos cuenta cómo era el barrio donde nació y la pasiva discriminación racial que se vivía cuando él era niño. Cuenta también acerca de la escena de rock en su natal Jersey y cómo los muchachos de clase alta llevaban al conjunto de Bruce (mismo que le serviría para foguearse antes de entrar de lleno al mundo de la música) a tocar a sus fiestas, aunque luego los miraban con desdén por saberse económicamente superiores. Habla de la experiencia de componer su primer disco, de la audición que tuvo con John Hammond, el famoso productor que había firmado a Bob Dylan y a Aretha Franklin, y de lo nervioso que estaba por este hecho. Hace una reflexión al respecto de lo que significa componer un primer álbum (Greetings from Ausbury Park N. J.) y explica que “cuando escribes las canciones de tu primer álbum las haces sin saber si alguien las va a escuchar. Esto sólo pasa una vez”. Poco después se le compararía con Bob Dylan por este disco, pero esa etiqueta quedaría muy atrás gracias a la fuerza de sus composiciones posteriores. Habla del desgaste que sufrió en una etapa de su carrera debido a las giras interminables y de cómo su primer matrimonio se terminó debido al hostigamiento constante de la prensa y a su cada vez más fuerte relación con Patti Scialfa, quien años después se convirtió en su pareja.

Cabe resaltar el hecho de que, de manera poco ortodoxa, Bruce no se acercó a ninguna editorial sino hasta haber terminado el libro (regularmente los artistas se sientan a trabajar solamente si tienen un jugoso contrato en las manos, de otro modo, ¿para qué molestarse?), así que sin tener un deadline pisándole los talones, se dio el gusto de ahondar lo que quiso en cada uno de los temas que le interesaban. Es por eso que el libro abarca toda su carrera.

Los fanáticos de Bruce encontrarán aquí detalles exquisitos que los harán deleitarse con cada página. Desde las historias que originaron las canciones más icónicas del músico (por ejemplo, la canción “The River” que fue inspirada por su hermana, quien se embarazó muy joven de su novio, un obrero de la construcción, y se fue a vivir con él), hasta anécdotas del resto de su familia, de su escuela (donde él fue uno de los primeros en llevar el pelo estilo mop, como los Beatles), de su hambre de éxito y de su opinión sobre cada uno de los miembros de la E-Street Band (la sempiterna banda de acompañamiento que Bruce formó desde su primer disco con varios amigos y músicos de la escena local de Jersey), la cual lidera como un ceo benevolente pero absoluto (amén de que el señor Springsteen no cree en las democracias dentro de las bandas de rock, teoría que le ha funcionado con creces).

Ya en la parte final del libro hay varias páginas con fotografías, la mayoría del archivo familiar de Bruce. Ninguna tiene desperdicio. Cada imagen nos permite echar una mirada a la vida privada del músico como si nos faltara un rostro familiar para afianzar en nuestra mente la historia que nos acaban de contar. Huelga decir que cumplen perfectamente su cometido. La sola foto de un Bruce sonriente en su viaje de bodas, en una cabaña en el bosque (como bien acota el pie de foto), en compañía de Patti, su esposa, nos hace apreciarlo aún más. Ahí está la leyenda viviente del rock sonriendo para nosotros al lado de la mujer que ama, como si un amigo abriera un cajón para mostrarnos una polaroid (“¿Verdad que no he engordado casi nada?”).

Los que no sean seguidores de su música, pero aun así deseen darse un paseo por la historia de la música popular americana, tendrán como guía a uno de sus representantes más importantes y, sobre todo, a uno de sus más dotados narradores.

Permita usted que Bruce le cuente su historia. Destape una cerveza y siéntese en la mesa de la cocina para escuchar con él su disco favorito. Abra la puerta a este chico de Jersey que se atrevió a escapar de la vida que el destino tenía preparada para él. Quién sabe, quizás descubra que igual que él, usted también nació para correr.

Escrito por
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