Bajo el volcán, hoy en día, es una de las grandes obras de la literatura contemporánea. Se siente viva, actual en su atmósfera y personajes, a pesar de que su trama está situada en los años 30 del siglo pasado.
En ella, su autor Malcolm Lowry, retrata las sensaciones que puede llegar a sentir un alcohólico, más concretamente, alguien que es un artista, un escritor. También, se ha dicho innumerables veces que es en parte autobiográfica.
Se trata de una novela con una historia en apariencia sencilla: el peregrinaje por una ciudad mexicana de un hombre que antaño fuera ilustre, ahora consumido por el alcohol y su lamentación por haber perdido el amor de su esposa. Lowry, como él mismo siempre argumentó para defender su novela, dice que se trata de un libro que es poesía, que es un descenso a los infiernos y que puede tener muchos significados detrás de su planteamiento básico. Es difícil explicarlo, pero al terminar la lectura todas estas afirmaciones toman sentido.
El Popocatépetl se alzaba en el escaparate, con sus inmensas laderas ocultas en parte por un cúmulo de nubarrones; su pico, que tapaba el cielo, parecía estar casi justo encima de él y la barranca y El Farolito justo debajo. ¡Bajo el volcán! Por algo los antiguos habían situado el Tártaro bajo el monte Etna, y no dentro de él, con el monstruo Tifeo y sus cien cabezas y sus —relativamente— temibles ojos y voces.
...pero en aquella época el pobre Cónsul ya había perdido casi toda su capacidad para decir la verdad y su vida se había vuelto una quijotesca invención oral.
El Popocatépetl apareció, piramidal, a su derecha, con un lado hermosamente curvado, como el pecho de una mujer, y el otro escarpado, irregular, feroz.
Los escenarios
Son varios los lugares que el cónsul menciona durante sus recuerdos y trayecto, pero todo gira en torno a la ciudad de Cuernavaca, en el estado de Morelos, que en la novela es nombrado como Quauhnahuac. El lugar es descrito con una prosa fluida, haciendo uso de una manera muy particular de la geografía.
Las murallas de la ciudad, construida en un monte, son altas; las calles y los callejones, tortuosos y accidentados; las carreteras, serpenteantes. Una excelente carretera de estilo americano conduce a ella por el Norte, pero se pierde en sus estrechas calles y acaba convertida en un camino de cabras.
...y estos volcanes me lo recuerdan con más frecuencia de lo que desearía, así como este valle me recuerda al del Indo y esos viejos árboles con turbantes de Taxco me recuerdan a Srinigar y del mismo modo que Xochimilco, ¿me oyes, Hugh?, cuando llegué aquí por primera vez, me recordó nada menos que a aquellos barcos-vivienda en el Shalimar que tú no puedes recordar
El cónsul Geoffrey Fimin ha establecido aquí su hogar. Aunque su esposa Yvonne tiene tiempo que lo abandonó, aquí permanece. La narración transcurre durante todo un día en la vida del protagonista, el día de muertos de 1938, a excepción del primer capítulo, que transcurre exactamente un año después de lo narrado en el resto del libro. Una vez más, terminada la lectura, la decisión del autor de estructurarlo de esta manera cobra sentido.
La poesía en la narración cobra protagonismo en muchas ocasiones. Y siempre se asoman metaforas fascinantes del autor sobre la condición humana y la naturaleza que nos rodea.
Dos indios andrajosos se acercaban al Sr. Laruelle por entre el polvo; iban discutiendo, pero con la profunda concentración de unos profesores universitarios que en un atardecer estival pasearan por la Sorbona. Sus voces, los gestos de sus mugrientas y refinadas manos eran increíblemente elegantes, delicados. Su porte sugería la majestad de los príncipes aztecas y sus rostros, las obscuras esculturas de las ruinas del Yucatán...
El Sol, tan resplandeciente entonces en todo el panorama a su alcance y que realzaba con sus rayos el límite forestal del Popocatépetl, mientras su cima, como una gigantesca ballena que saliera a la superficie, se abría paso por entre las nubes, no podía animarlo.
Hay una prosa en Lowry, en la que habla con argumentos geográficos de distancias, de sentimientos y de añoranzas de los personajes. Eso ocasiona un placer lector muy particular.
De hecho, tratándose de un barco de vapor cuya ruta era la de Shanghái a Newcastle (Nueva Gales del Sur), con una carga de antimonio, azogue y wolframio, llevaba tiempo siguiendo un rumbo extraño. ¿Por qué, por ejemplo, había aparecido en el océano Pacífico a través del estrecho de Bungo, en el Japón, al sur de Shikoku, y no por el mar de la China Oriental?
...los aullantes perros vagabundos, los gallos que anuncian el amanecer durante toda la noche, el sonido de tambores, los gemidos que después resultarán ser plumaje blanco amontonado en los hilos telegráficos de los huertos traseros o aves posadas en manzanos, la pena eterna, que nunca duerme, del gran México.
Los personajes
Si bien, existen encuentros con personajes de los más particulares e interesantes durante el trayecto del cónsul por la ciudad, son tres a los que el autor les imprime un inminente protagonismo.
Yvonne, antes una actriz de cine, la ex esposa del cónsul. Al principio el personaje añorado por nuestro protagonista, la razón principal de su malestar y tristeza permanentes. Es cuando Yvonne reaparece en la vida de Geoffrey que la trama de la novela se torna más profunda y los defectos, la enfermedad e inseguridades del cónsul inundan la atmósfera.
Él había estado observándola, inconscientemente: sus brazos y cuello desnudos y morenos, los pantalones amarillos y las flores de un rojo intenso detrás de ella, el pelo castaño que circundaba sus orejas, los airosos y rápidos movimientos de sus sandalias amarillas, con las que parecía bailar, flotar, en lugar de caminar.
...por el amor de Dios, Yvonne, óyeme, he depuesto las armas, en este momento están bajadas... y ahí va la avioneta, la he oído un instante, a lo lejos, más allá de Tomalín... vuelve, vuelve. Dejaré de beber, haré lo que sea. Me muero sin ti. Por Cristo Jesús, Yvonne, vuelve conmigo, escúchame, te lo suplico, vuelve conmigo, Yvonne, aunque sólo sea por un día...
Pero Yvonne Constable no había llegado a ser una estrella por segunda vez. Yvonne Constable ni siquiera iba camino de llegar a ser una estrella.
Oh, Geoffrey, ¿por qué no puedes volver atrás? ¿Por qué debes seguir inmerso por siempre jamás en esa obscuridad estúpida, buscándola, incluso ahora, hasta donde no puedo alcanzarte, siempre en la obscuridad de la división, de la separación...?
Quiero hijos tuyos, pronto, en seguida. Los quiero. Quiero que tu vida me llene y me remueva por dentro. Quiero sentir tu felicidad bajo mi corazón, tus penas en mis ojos y tu paz en los dedos de la mano...
Hugh, el hermano del protagonista. Más joven que Geoffrey, es descrito como alguien aventurero e idealista. En determinado momento del la narración también llega a Quauhnauac, y su arribo crea cierta tensión entre la pareja. Continuamente surgen en varios momentos de la narración alusivos a su vida conceptos como el comunismo y el heroismo. Queda claro que ha tenido momentos tiernos y fantásticos, al igual que duros golpes de realidad.
Su notoriedad lo había ayudado, aunque aún no había escrito nada sobre su experiencia en el mar. En el fondo, aspiraba a la sinceridad, al arte,
Sin embargo, durante todo ese tiempo, Hugh había estado contemplando sus canciones con ciertas esperanzas.
Tal vez aburriera a la gente con mi guitarra, pero en cierto sentido —¿qué importa?— me mantuvo vinculado a la vida...).
Laurelle, el mejor amigo de la infancia y juventud del cónsul. Tienen un fuerte vínculo, aunque se da a entender que su relación se ha deteriorado enormemente. Yvonne parece tener qué ver con ello. Laurelle es un cineasta, un bohemio, al igual que su amigo, pero afronta su vida de una forma diferente. Támbien vive en Quauhnahuac.
«Yo no tengo una casa, sino una sombra, pero, siempre que necesite usted una sombra, la mía será suya».
En torno a estos tres personajes gira la trama, y avanza en su camino Geoffrey Firmin. Incluso el autor relata en breves pero intensas biografías la vida de cada uno de ellos en puntos determinados de la novela. Esto resulta sumamente interesante y sirve de ayuda para comprender las acciones y formas de ser de cada uno.
El viaje
En sí, la novela se sostiene más en el lenguaje, en la prosa y en lo simbólico que en una historia tradicionalmente estructurada. Esto, lejos de ser un obstáculo para disfrutarla, la vuelve de un goce lector exquisito. Es así como el lector, poco a poco, se irá dejando llevar por las meditaciones y contemplaciones de los personajes; sobre todo del cónsul.
botellas rompiéndose, botellas de oporto, tinto, blanco, botellas de Pernod, Oxigenée, absenta, botellas estrellándose, botellas dejadas de lado, que caían con ruidos sordos en el suelo por los parques, bajo bancos, camas, asientos de cines, ocultas en cajones de consulados, botellas de calvados caídas y rotas o reventando en añicos, tiradas en montones de basura, arrojadas al mar, el Mediterráneo, el Caspio, el Caribe, botellas flotando en el océano,
Incluso, existe una particularidad en distintos momentos de la obra: transmite al lector cómo se siente el protagonista al dejarse llevar por los efectos del alcohol, qué se siente estar ebrio y muestra todo lo que sucede en su mente.
Támbien permite mostrar todo lo que sufre una persona que padece alcoholismo, que se encuentra en un estado de depresión constante, y cómo es que percibe el mundo de una manera muy distinta a la de una persona sobria.
«¿Y ves ese girasol que mira a través de la ventana del dormitorio? Pasa todo el día mirando fijamente dentro de mi habitación».
«¿Que se pasea por tu habitación, quieres decir?».
«Mira, feroz, todo el día, ¡como Dios!».
y el Cónsul, que estaba chupando una raja de limón, sintió el fuego del tequila bajar por su espinazo como un rayo que cayera sobre un árbol, tras lo cual éste floreciese, milagrosamente.
«En mi caso, es el mezcal... El tequila, no, es sano... y delicioso, como la cerveza. Sienta bien, pero, si alguna vez vuelvo a empezar a beber mezcal, me temo que sí, que sería el fin», dijo el Cónsul, con expresión soñadora.
Fui a todos los restaurantes de la Vía Dolorosa para buscarte y, al no encontrarte, me tomé un trago en cada uno de ellos».
Era una resaca como el embate de un gran oleaje obscuro del océano contra un vapor que se iba a pique,
«Adoro el Infierno. Estoy impaciente por volver a él. De hecho, voy corriendo. Ya casi estoy de vuelta en él».
Para él, la vida siempre está justo a la vuelta de la esquina, en forma de otra copa en un nuevo bar.
«Nada. Veo que la Tierra anda y estoy esperando a que mi casa pase por aquí para meterme en ella»
Defendiendo su arte con argumentos
Otro aspecto que llama la atención en torno al proceso creativo de Bajo el volcán es la incomprensión que en un momento dado recibió el autor por parte de las personas que tenían en sus manos el publicarla. Resulta admirable cómo defendió los valores artísticos y estilísticos de su obra.
Existe una carta que Lowry escribió a Jonathan Cape, el editor al que había mandado el manuscrito de la novela, quien comenzaba a tener dudas de publicarla, ya que los lectores que había seleccionado para darle el visto bueno a la obra no le veían sentido y no creían en el éxito de la novela. En ella Lowry la defiende de manera honesta, apasionante y certera.
Destaca en la carta el porqué eligió determinados estilos narrativos, saltos de tiempo y niveles de profundidad en los personajes. Se dice que al leerla, el editor decidió publicar la novela sin modificación ni corte alguno, tal y como Lowry la concibió. Se recomienda ampliamente consultarla como complemento a la lectura, para comprender las razones e intenciones del autor al escribir este libro. A continuación se rescatan algunos párrafos de dicha carta:
Puede ser considerada como una especie de sinfonía, o en otro caso como una especie de ópera, y hasta como una novela del Oeste. Es música bailable, poema, canción, tragedia, comedia, farsa, etcétera. Es superficial, profunda, entretenida y aburrida, a gusto del lector.
...la agonía del ebrio encuentra su más exacta analogía poetica en la agonía del místico que ha abusado de sus poderes.
...tengo la convicción de que El volcán amplía nuestro conocimiento del infierno.
Todos los hilos del libro, políticos, esotéricos, trágicos, cómicos, religiosos, y demás, se reunen aquí, en El Farolillo de Parián, donde encontramos la confusión de las lenguas de la profecía bíblica.
Este capítulo es la torre oriental, el capítulo I sería la occidental de mi churrigueresca catedral mexicana, y todas las gárgolas de éste se reflejan con mayor interés en aquél.
...pues después de todo se espera que el lector crea y no crea y que nuevamente vuelva a creer: el humor es una especie de puente entre el relato naturalista y el elemento trascendental y entre éste y la realidad, y, según me parece, ese humor permanece siempre fiel a la realidad especial creada por el capítulo mismo.
Impresiones sobre un gran escritor
En conclusión, después de leída, se comprende la admiración que los críticos y apasionados de la literatura manifiestan siempre por esta novela. Queda clara la fascinación de Lowry por México, y se nota que comprende (o al menos lo intenta de la manera más honesta que encontró) el papel y la importancia que tiene la muerte para los mexicanos, así como muestra ciertas semejanzas y diferencias de su cultura con la de México.
Si bien, el estilo de Lowry puede parecer en un principio de la lectura un tanto lento, como el mismo escritor señala en su carta, es un hecho que de a poco el relato va tomando fuerza e intensidad conforme avanza, cualidad que supo perfeccionar con el paso de los años. Es así como el lector se olvida de ciertas reglas y se deja llevar por el lenguaje y la poesía.
La carga autobiográfica en la carrera de Lowry es una característica constante en sus obras. Algo muy interesante, específicamente de esta novela, es que se dice que no sólo hay algo de su propia personalidad y vivencias en Geoffrey Firmin sino en cualquiera de los demás protagonistas, sobre todo de su hermano Hugh: pareciese que representan dos momentos diferentes en la vida del autor, uno el del joven aventurero e idealista que con todo y sus miedos está dispuesto a conocer el mundo; el otro, el del hombre maduro que vive atormentado por su vida sentimental, por los errores cometidos y por su alcoholismo.
Es una novela notable e indispensable, no sólo porque retrata todo lo que conlleva la condición humana, también porque es una obra que sirve de referencia a todo aquel que desee escribir y conocer las múltiples posibilidades de la creación literaria.
El amor es lo único que da sentido a nuestra pobre existencia en la Tierra: no se trata de un descubrimiento precisamente, creo yo.
«¿De qué sirve escapar», concluyó en forma de moraleja y con toda seriedad, «de nosotros mismos?».
había olvidado la eternidad y su travesía por el mundo y que la Tierra era un barco, azotado por la cola del cabo de Hornos, condenado a no arribar nunca a su Valparaíso,
¿Qué es un alma perdida? Es la que se ha desviado de su rumbo verdadero y está buscando a tientas en la obscuridad de los caminos recordados...».