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Un puente entre murallas
Carla Pravisani comment 0 Comentarios

Hacer una antología es un acto de fe, de apostar por un lazo que nos vincula más allá de todas las murallas existentes en nuestra región: la violencia, el idioma, el género, el no-mercado… movilizarnos vía la palabra es pensar en una experiencia colectiva que le da relieve a estas subjetividades que construyen esa otra Centroamérica, la doméstica, la íntima, la de una violencia soterrada, pero de ningún modo  la atravesada por lo homogéneo y estereotipado, esa que busca en lo temático para generar una unidad, cuando pensar en una unidad estética es imposible.

Centroamérica, lo sabemos, está infestada de dictaduras, de miradas totalitarias, de discriminación, de marginalidad y desinterés editorial salvo contadas excepciones. Y es por eso que esta antología es valiosa: porque de ella emergen autoras ya emergidas hace rato pero que ahora pueden ser leídas más allá de nuestras mesas. Punto aparte: aquí ya a nuestras autoras costarricenses las queremos y admiramos su talento desde hace mucho. Sin embargo, siempre ha habido más murallas que puentes en esta región.

Hace un tiempo alguien me preguntó qué pensaba del estilo, qué era el estilo para mí. El estilo es reconocer a una autora desde el primer párrafo, es no necesitar su nombre para saber a quién pertenece el texto. Liliana Heker dice que todo escritor tiene estilo, cualquier cosa que hacemos está impregnada de nuestro estilo, sin embargo que la escritura de alguien sea inexpresiva puede significar dos cosas: que el autor mismo es inexpresivo o que escribe tan desesperado por tener estilo que imita y sepulta su propia voz. En estos cuentos reconocemos esas voces por su singularidad, por su registro, por la apropiación y el desenfado de su lenguaje. Por ejemplo, en los cuentos de las autoras beliceñas nos llegan los vientos que soplan del caribe a través de esas palabras que emergen en creole, o en el cachiquel que escribe Xsum Antonieta, una de las 22 lenguas mayas vivas en Guatemala.

Como lo explica la compiladora Gloria Hernández, estos cuentos dan cuenta de la complejidad social y cultural a través de sus temas: la migración, el abuso, la desigualdad, el machismo, la violencia, la posguerra, el abandono, la falta de oportunidades, la injusticia social, entre otros. Pero va más allá de servir para una acupuntura regional de lo sensible, nos muestra esa otra capa, la muda, la imposible de apalabrar pero que leemos en estos personajes y que a los lectores nos abre la curiosidad como una mirilla.

Estos 21 cuentos escritos por mujeres de diferentes generaciones nos ayudan a conocer miradas alternativas de la literatura centroamericana. Por ejemplo de Honduras: la mirada de María Eugenia Ramos, Jessica Isla, Sara Rico-Godoy. De Costa Rica: las autoras que hoy aquí me acompañan Karla Sterloff, Catalina Murillo y Laura Flores Valle. De El Salvador: Ligia Orellana, Michelle Recinos y Patricia Lobos. De Belice: Holly Edgell y Zoila Ellis. De Nicaragua: Madelaine Mendieta, Aura Guerra-Artola, y Carmen Ortega. De Panamá: Eyra Harbar, Nicolle Alzamora Candanedo, Ela Urriola. Y de Guatemala Nicté García, Marta Sandoval, Ixsum Antonieta Gonzalez Choc (cuento en españo y cachiquel) y Gloria Hernández.

Esta última, es también la antologadora y podemos decir que es poeta, narradora y ensayista, miembro de la Academia Guatemalteca de la lengua, y miembro fundadora de la Asociación Guatemalteca de literatura infantil y juvenil, miembro de la Casa del Cuento. Ha escrito 27 libros en todos los géneros. Y en el 2022 recibió el Premio Nacional de literatura Miguel Ángel Asturias.

Y como escritoras sabemos que el respaldo de la editorial Alfaguara, que está casi a punto de cumplir su sesenta aniversario, significa  no solo formar parte de un valioso catálogo sino que es la posibilidad de ser leídas en el resto de Hispanoamérica; así que la difusión también es un gran punto que les permitirá a las autoras mayor difusión y visibilización. Una antología  bien hecha para una escritora es como un portal que se abre a nuevos lectores y diferentes lecturas.   Por eso esta recopilación se agradece tanto, porque nos acerca no solo a lectores lejanos, sino también nos pone en diálogo con otras autoras tan cercanas: autoras de Guatemala que escriben en cachiquel, autoras beliceñas, nicaragüenses, panameñas, hondureñas… Gracias, Gloria, por este trabajo de visibilización y de respeto, que pone en el ojo del mercado cuentos que materializan el talento de autoras que se merecen toda la difusión posible de su obra.

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