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Pizarnik. Una Alejandra en cada tema
Bruno Fuentes comment 0 Comentarios

Reseñar a Alejandra Pizarnik sin ponerse uno mismo a poetizar resulta un desafío, por el poder con el que contagia de poesía a sus lectores y la fineza con la que desarticula el uso de la lógica, del raciocinio y del sentido común, poniendo en el centro del conocimiento al símbolo y a la metáfora. Por lo mismo, abordar su obra desde un análisis teórico sería reducir mucho su significado y el impacto de sus palabras, cosa que sucede a menudo en la literatura, pero sobre todo con poetas como Pizarnik, que hacen del lenguaje una herramienta de purga más que un andamiaje para la expresión del intelecto. Sin embargo, precisamente por eso, sus poemas son, a la vez, de forma un tanto paradójica, el perfecto sable para afilar el raciocinio (como podría más típicamente suceder con un texto de índole filosófico), ya que sus versos tienen la doble capacidad de cobrar vida tanto en un sentido figurado como en el sentido más literal, haciendo de estos extremos un mágico punto de encuentro, de reconciliación. Así, ya sea con o sin análisis teórico, hablar sobre Pizarnik incurrirá siempre en una drástica reducción, y solo queda recomendar ampliamente sumergirse en sus textos y dejarse perder en ellos. El lector encontrará fuerzas de toda especie y de todos los colores.

Ya que abordar su poesía completa en una sola reseña es una tarea imposible, he aquí, a modo de invitación para leerla, un comentario sobre algunos de sus temas más recurrentes.

LA SANGRE. En un fragmento sus diarios personales, Pizarnik confiesa que, desde muy joven, ella intuía que moriría de poesía. Cercana a sus treintas, se suicida. Sus poemas son al mismo tiempo una celebración y un reclamo a la vida; la sangre es la portavoz de esta profunda ambivalencia: “He de partir/ no más inercia bajo el sol/ no más sangre anonadada/ no más formar fila para morir.” Tal dice en su poema La última inocencia, inscrito en su colección que lleva el mismo título, publicada en 1956. Sangre anonadada. El deseo de partir de este mundo y el pasmo ante la realidad, ante la existencia (que es casi un inocente enamoramiento) fungen como un mismo impulso verbal. En momentos, da la impresión que los versos de Pizarnik brotan de ella como brota la sangre del cuerpo tras una herida que no cicatriza, y, de una frase a la siguiente, dicha imagen pasa de transmitir una inefable angustia a hacer las paces, como estoicamente, con la vida y con la muerte. “La sangre quiere sentarse. / Le han robado su razón de amor.” Estos últimos versos son de su poema El ausente, inscrito en su colección Las aventuras perdidas, de 1958.

EL BARCO. En su poema Presencia de la colección Los trabajos y las noches (1965), dice la poeta: “tu voz/ en este no poder salirse las cosas/ de mi mirada/ ellas me desposeen/ hacen de mí un barco sobre un río de piedras/ si no es tu voz/ lluvia sola en mi silencio de fiebres/ tú me desatas los ojos/ y por favor/ que me hables/ siempre.” El barco no tanto como algo que se aleja o que se pierde sino, principalmente, como un potador de metáforas.

EL ESPEJO. Tiene una relación directa con otro gran tema de Pizarnik: el yo y su desdoblamiento. Ambos fluyen condicionados por un permanente cambio; si bien el principio de la impermanencia es clave para todo acto de creación, Pizarnik lo evidencia como recordándoselo a la poesía misma, a ella misma: “no es lo mismo decir Buenas noches que decir Buenas noches” (del poema Sala de psicopatología).  El yo y su reflejo transcurren y mutan con esa misma rapidez y espontaneidad. El espejo revela tanto la cara como la máscara, en un acto de torpe y quijotesca vanidad. A este tema en particular, la poeta le dedicó todo un poemario, que lleva el título Caminos del espejo, y que bien podría considerarse un corto libro de aforismos. “Como cuando se abre una flor y revela el corazón que no tiene.”

Otros temas recurrentes son la noche, el origen, la ceniza, el silencio… la lista es larga. Si terminaste de leer esta reseña, no esperes más y ve por la colección completa de una de las mejores autoras de la poesía latinoamericana.

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