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Páginas de fuego
Rodolfo Naró comment 0 Comentarios

El nazismo se presentó ante el mundo con un acto de barbarie llevado a cabo por los jóvenes alemanes. La quema de libros que realizaron el 10 de mayo de 1933 no requirió la planeación de la cúpula del nuevo gobierno, que se había estrenado el 30 de enero. Ese día, Adolf Hitler asumió el cargo de Canciller, lo que le otorgó poder absoluto sobre el destino de la nación. A partir de ese momento, el nuevo jefe de Estado se valió de cualquier incidente para abonar a su causa, como el incendio al Reichstag, el 23 de febrero, atribuido a un militante comunista.

La mecha se encendió y en la mira se puso a los escritores e intelectuales de filiación socialista, comunista y de origen judío. Los acalorados discursos de Hitler, exaltando el orgullo alemán y la enajenación de los jóvenes que había comenzado una década atrás, hicieron eco en Herbert Gutjahr, líder de la Unión de Estudiantes Nacionalsocialista, quien el 2 de abril declaró: “El Estado ha sido conquistado. Faltan las Universidades”.

Con precisión militar, las Juventudes Hitlerianas siguieron un guion que comenzó aquel día y culminaría el 10 de mayo. Las siguientes semanas los estudiantes universitarios tomaron de sus propios libreros, de las bibliotecas públicas y de sus centros de estudio, libros cuidadosamente seleccionados por autor. La lista era larga, 1900 en total. Escritores, periodistas o poetas que, según ellos, iban contra el espíritu alemán.

El 6 de abril se envió una circular a las diferentes asociaciones de estudiantes universitarios con el siguiente texto: “Con motivo de la descarada atrocidad incitada por el judaísmo en el extranjero, la Asociación de Estudiantes de Alemania planea una acción de cuatro semanas contra el espíritu de desintegración de los judíos y a favor de un pensamiento y sentimiento popular consciente en la literatura alemana. La acción comenzará el 12 de abril con el anuncio de las 12 tesis contra el espíritu anti alemán y finalizará el 10 de mayo con una manifestación pública en todas las universidades alemanas”.

El terror tenía una encomienda. El 19 de abril, jóvenes de camisas pardas atacaron a docentes universitarios que consideraban ineptos, interrumpieron clases, sacaron de las aulas a estudiantes de aspecto judío y al personal administrativo le impidieron llegar a sus lugares de trabajo. A partir del 26 de abril se comenzaron a recolectar los libros en carretillas y camiones del recién estrenado Ministerio de Propaganda dirigido por Joseph Goebbels, quien declaró que era una “censura positiva de literatura pornográfica”.

La acción contra el espíritu anti alemán casi culminó el 6 de mayo con la concentración de los libros. Tres días después, el 9 de mayo se envió otra circular a las asociaciones de estudiantes para la ejecución, al siguiente día, “del espíritu maligno”. Los estudiantes veían en el fuego una función sanadora, por lo que no sólo quemaron libros de autores contemporáneos, la persecución llegó hasta los clásicos. Las listas negras que se engordaron día a día, en las semanas anteriores, recogía los nombres de Heinrich Mann, Sigmund Freud, Stefan Zweig, Karl Marx, H.G. Wells, Voltaire y el poeta Heinrich Heine. Así como Walter Benjamin, Anna Seghers, Rosa Luxemburgo y los extranjeros, Ernest Hemingway y Máximo Gorki, entre muchos más.

Para el miércoles 10 de mayo, al caer la tarde y aún con lluvia, largas filas de jóvenes se pasaban los libros de mano en mano, desde los camiones del ministerio de Goebbels hasta la Plaza de la Ópera de Berlín, la misma plaza de la Universidad Humboldt, para hacer una montaña, mientras otros alumbraban con antorchas como si fueran a cazar al lobo. A las 20:30 horas todo estaba listo para la apertura del acto, con la presencia de profesores, rectores, autoridades civiles y mirones, pero los libros, de tan mojados no encendían, por lo que tuvieron que llamar a los bomberos, quienes llegaron con bidones de gasolina para prender la monumental hoguera.

Con el histrionismo que suelen tener los líderes de religiones sectarias, al mismo tiempo en 21 centros universitarios de varias ciudades de Alemania, con música de banda y canticos triunfalistas, las Juventudes Hitlerianas, esvástica en el brazo izquierdo y saludo nazi, no esperaron la llegada de Goebbels y comenzaron el aquelarre. Las llamas enrojecían los rostros de los estudiantes y la columna de humo se perdía en la espesura de la noche. Había luna llena y la peste a carne quemada, de los libros empastados en cuero, revolvía el estómago. Al filo de la medianoche Herbert Gutjahr y otros líderes de segunda, arrojaron los siguientes libros al fuego mientras leían estas consignas:

“Contra la lucha de clases y el materialismo, por la unidad del pueblo y una actitud idealista. Entrego a las llamas los escritos de Karl Max y Karl Krautsky”.

Doctrina económica de Karl Marx del filósofo socialdemócrata germano-checo Karl Krautsky, es un libro que contribuye al pensamiento de Marx y presenta, con un punto de vista llano, su doctrina económico y social. El libro ofrece detalles y ejemplos sobre pasajes poco claros con el fin de tener una lectura precisa, sobre todo para jóvenes que estudian la obra de Marx.

“Contra la decadencia y la ruina moral. Por la disciplina y la moralidad en la familia y el estado. Entrego a las llamas los escritos de Ernst Glaeser, Erich Kästner y Heinrich Mann”.

Vida pública de Heinrich Mann contiene sus intervenciones públicas más importantes de 1929 a 1932, discursos radiofónicos y columnas en diarios de París y Berlín, en las cuales propone una república no armada. Es una compilación de ensayos críticos de la literatura y la cultura alemana. Asimismo, en este volumen, publicado un año antes de su exilio, ocurrido en febrero 1933, Mann muestra un profundo rechazo a la política y al partido de Adolf Hitler. En el ensayo “Elegimos”, profetizó el gaseamiento de las masas.

“Contra los bajos ideales y la traición política, por una entrega al pueblo y al estado. Entrego a las llamas los escritos de Friedrich Wilhelm Förster”.

En Estilo de vida, Friedrich Wilhelm Förster, académico y filósofo, reformador de la educación, presenta a un hombre liberado, que observa su vida interior, sostiene que la felicidad depende de uno mismo, que lo oculto destruye y enajena. Förster, desde 1920 que publicó Mi lucha contra la Alemania militarista y nacionalista fue perseguido por los nazis. En 1922 se refugió en Francia y desde allá siguió siendo crítico del nazismo. En 1940 que cayó Francia en poder de Alemania, la Gestapo fue a buscarlo, pero alcanzó a huir a Estados Unidos. Murió en Suiza en 1966.

“Contra el destructivo exceso de valor de la carnalidad, por la nobleza del alma humana. Entrego a las llamas los escritos de Sigmund Freud”.

La interpretación de los sueños (1899), es la obra más importante de Freud, en ella manifiesta que los sueños son los deseos reprimidos radicados en el subconsciente. En su investigación presenta las primeras teorías sobre la infancia y su repercusión en la vida adulta. Freud considera que todo sueño puede ser decodificado hasta encontrarle sentido a través del psicoanálisis. 

“Contra la falsificación de nuestra historia y la degradación de sus grandes personalidades, por la devoción a nuestro pasado. Entrego a las llamas los escritos de Wernes Hegemann y Emil Ludwig”.

Genio y carácter. Veinte retratos masculinos se publicó por primera vez en 1924, en él, Emil Ludwig, muestra que los grandes hombres no son dioses y los presenta con sus vicios y virtudes, bajas pasiones y defectos. Ludwig retrata a Federico II como afeminado y adicto al placer, a Freiherr vom Stein como un idealista con ataques de ira. A Bismarck, enérgico y melancólico. A Peters, considerado el fundador del imperio colonial alemán en África, lo describe como arrogante, y a Lenin lo llama el fanático más frío de nuestro tiempo. También da Vinci, Shakespeare, Rembrandt, Voltaire, Byron, Goethe, Schiller, entre muchos más, tienen su entrada en Genio y carácter, libro que en su tiempo se tradujo a más de 20 idiomas.

“Contra el periodismo extraño al pueblo y de carácter democrático-judío, por la colaboración responsable en la obra de la construcción nacional. Entrego a las llamas los escritos de Georg Bernhard y Theodor Wolff”.

Un hecho consumado 1914-1917 de Theodor Wolff, es la cobertura de prensa de la Primera Guerra Mundial, las crónicas del día a día de la guerra y la prensa en otros países europeos. Wolff fue reportero del Berliner Tageblatta y más tarde sería su editor hasta 1933. Fue uno de los fundadores del Partido Demócrata Alemán, desde ese tribunal hizo campaña contra el partido nazi. Fue perseguido y apresado en 1941. Murió en 1943 en el campo de concentración de Sachsenhausen.

“Contra la traición literaria a los soldados de la Gran Guerra, por la educación del pueblo dentro del espíritu militar. Entrego a las llamas los escritos de Erich Maria Remarque”.

Sin novedad en el frente, novela de Enrich Maria Remarque, narra los horrores de la Primera Guerra Mundial desde el punto de vista de Paul Bäumer, un joven de 20 años que, animado por sus profesores, se enlista en el ejército junto a su grupo de amigos. Todos caerán en el campo de batalla. Obra antibelicista de la cual, el poeta César Vallejo opinó: “Es un libro sensacional sobre la guerra. Remarque no quiere escribir, sino convencer”. Se publicó por primera vez en 1929 y ese mismo año se tradujo a 26 idiomas.

“Contra la petulante adulteración de la lengua alemana, por el cuidado del más precioso bien de nuestro pueblo. Entrego a las llamas los escritos de Alfred Kerr”.

Caprichos (1926) poemario de Alfred Kerr en el que refleja el horror que presiente del nazismo, escribió: “Quien deja que el terror gobierne la calle /deja que la cabeza ruede a sus pies, /quien arroja rabia a cada paso / ¡Derrama sangre y deja que todos los judíos se pudran! / Se le considera aquí, no, no bromeo, /un patriota respetuoso de la ley”. Para Kerr, el idioma alemán era elemento primordial en su vida. Crítico de teatro y poeta, sus columnas se publicaban en los mejores diarios de Alemania, artículos de fina ironía en los que desacreditaba al naciente partido nazi. 

“Contra el descaro y la arrogancia, por el respeto y la devoción al inmortal espíritu del pueblo alemán. Engulle, llama, también las obras de Tucholky y Ossietzky”.

“Die Weltbühne o El escenario mundial fue una revista semanal alemana de política, negocios y arte, fundada en Berlín en 1905, de la cual Ossietzky fue editor desde 1927. La revista Páginas de fuego, como también la conocían, era un foro de expresión para los intelectuales de izquierda, todos los autores mencionados en este artículo publicaron en sus páginas. Tenía un tiraje de 15 mil ejemplares. Ossietzky fue apresado por los nazis en 1933 y recluido en el campo de concentración de Esterwegen. Obtuvo el Premio Nobel de la Paz en 1935, el cual no recibió por estar preso. Murió de tuberculosis en 1938 en el hospital de la prisión.

Aquella noche se quemaron 25 mil libros en la Plaza de la Ópera, frente a una multitud de 70 mil personas, en su mayoría jóvenes que vieron arder sus propios libros. El adoctrinamiento nazi seguiría, hasta culminar con la creación, el 5 de noviembre de 1936 de la Secretaría del Reichsstudentenführers para agrupar a todas las asociaciones de estudiantes de Alemania. La persecución a artistas, periodistas, intelectuales, judíos, homosexuales y librepensadores había comenzado desde la creación del Partido Nazi en 1920, el 10 de mayo de 1933 sólo fue la mecha que encendió el horror.  

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