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Padres nunca nuestros
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Hoy en día es más fácil hablar de los padres en sentido negativo: el patriarcado, los problemas paternos (o como se dice en inglés, “daddy issues”), o hasta matar al padre son hoy términos usuales para imaginar esa figura antaño reverenciada. En estos libros hay varias formas de enfrentar esa gran sombra que es la paternidad, tanto para quienes ejercen de padres como para sus hijas e hijos: como el peor enemigo o el mejor amigo, como antepasado que representa a una estirpe o un país entero, como un maestro en la adversidad, como esa persona que uno jamás conocerá ni antes ni después de la muerte.

1-Umbilical, Andrés Neuman (Alfaguara)

Es difícil encasillar este libro. En principio parecería una colección de aforismos sobre el padre que aguarda la llegada de su hijo. Durante doce meses de pandemia, vemos cómo se gesta el niño (que se llamará Telmo) en el cuerpo de la madre (Erika) desde la perspectiva de un autor (Andrés Neuman) conmovido y seguro de que quiere ser padre. Lleno de pasajes breves pero hermosos, y muchas serendipias, Umbilical se mueve en un territorio inexplorado, el de contemplar la propia gestación del hombre convertido en figura paterna.

2-La tierra de los hijos, Gipi (Salamandra Graphic)

El historietista italiano Gipi (pseudónimo de Gianni Pacinotti) ofrece aquí una obra muy distinta a sus habituales novelas gráficas de corte autobiográfico, muchas de ellas coloridas y en acuarela. La tierra de los hijos, en cambio, es un relato en blanco y negro, a veces psicodélico pero riguroso como el trazo de su pluma. Esta monocromía se ve correspondida por la severidad de un padre que trata de criar a sus dos hijos, Santo y Lino, en un mundo apocalíptico o, quizá más exacto, poscapitalista donde la economía se reduce al trueque. A pesar de la hostilidad aquí narrada, el padre enseñará a sus hijos que la supervivencia es la forma más profunda del amor.

3-Rendición, Ray Loriga (Alfaguara)

Un libro que ha merecido comparaciones con los mundos del mundo de Margaret Atwood, George Orwell o, un poco más cerca por la pandemia, Albert Camus y La peste. El novelista español Ray Loriga, quien mereció el premio Alfagura de Novela 2017 por este libro, pone como protagonista y narrador de esta historia a un hombre austero: en su lenguaje y en sus sentimientos. Él espera junto a Ella, su esposa, a los hijos que se han ido a pelear una guerra que nadie sabe por qué empezó o si irá a acabar, incluso han adoptado a un niño silencioso. Desplazados por la guerra, irán a la Ciudad de Cristal, donde todo es transparente e inodoro. Loriga, enfant terrible de la ficción española ofrece una novela que se lee de una sentada sobre cómo las relaciones humanas más cercanas se ven cercenadas por el poder.

4-Los hijos, Gay Talese (Alfaguara)

La historia épica de una patria, la italiana, convertida en la memoria genealógica de la estirpe Talese. Por medio de toda clase de documentos familiares e históricos, Gay Talese reconstruye la historia de sus antepasados, sastres calabreses que tuvieron que vivir las guerras napoleónicas, la unificación de Italia, el surgimiento del fascismo de Mussolini y la migración hacia Estados Unidos. Homenaje a los pueblos que viven en la diáspora (sobre todo los italo-americanos), Los hijos es un esfuerzo comparable a una gran novela donde los patriarcas de la familia vuelven a la vida con toda su valentía pero también sus claroscuros.

5-La cabeza de mi padre, Alma Delia Murillo (Alfaguara)

Porfirio Murillo, aunque no lo sepa, tiene mucho en común con muchos padres ya no sólo mexicanos, sino de la literatura: ahí están, por ejemplo, Juan Preciado, de Pedro Páramo, o Ulises, héroe cuyo hijo, Telémaco, no habrá de conocerlo sino hasta la adultez. Ese vaivén entre la desaparición y la presencia lleva a Alma Delia Murillo por los caminos de Michoacán en busca de su padre, ese que según su abuela algún día volverá, cuando sienta de cerca la muerte. Ensayo autobiográfico, estudio sobre la paternidad en la literatura, o incluso viaje iniciático, La cabeza de mi padre se sostiene (de manera literal y figurada) también por las narraciones de las madres y abuelas que hacen esa otra literatura, la de la paternidad que nunca estará a la altura de sus hijas.

6-La novela de mi padre, Eliseo Alberto (Alfaguara)

¿Qué pasa cuando tu padre es una leyenda de la literatura latinoamericana y te toca ordenar sus pertenencias? Puede ser que halles el manuscrito de una novela, como le sucedió a Eliseo Alberto cuando encontró Narración de domingo, libro inconcluso del gran escritor cubano Eliseo Diego. Como un detective que busca las piezas perdidas de esa novela y trata de ensamblarlas por medio de sus sueños, diarios e historias familiares, vemos cómo el hijo obtiene una respuesta inesperada a la pregunta inicial: puede que si te encuentras el manuscrito de tu padre te conviertas, no importa si es de manera póstuma, en su mejor amigo.

7-La hora violeta, Sergio del Molino

La enfermedad tiene muchas metáforas, pero ninguna puede expresar lo concreto y rotundo de la muerte. Sergio del Molino lo sabe y aún así, porque la metáfora sigue siendo una luz que puede iluminar incluso esa oscuridad, decidió escribir sobre la muerte por leucemia de Pablo, su hijo de dos años. Escrito desde el dolor, pero también el agradecimiento a quienes lo acompañaron a él y a Cris, su mujer y madre de Pablo, La hora violeta es un relato sobre una de las experiencias límite de la vida.

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