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Los lados B de la cultura mexicana
Jorge Bobadilla Vargas comment 0 Comentarios

Entre los dos volúmenes de El lado B de la cultura -editados por Reservoir Books en el 2021 y el presente año-, la editora y escritora Julia Santibáñez[1] reúne 100 anécdotas o curiosidades poco conocidas de los personajes fundamentales que han marcado la cultura popular, intelectual y literaria mexicana del siglo veinte.

“Todo empezó como un juego. Me gusta conocer los intríngulis de artistas y pensadores, saber si se hospedaron en Lecumberri, con quién fiesteaban, cómo se autobecaron en la juventud. Me gusta porque soy curiosísima, pero también porque enriquece mi lectura de su obra. Le aporta la basurita necesaria. En 2017 pensé: seguro hay otros como yo, fascinados por la no-historia oficial de creadores e intelectuales o intes (término que es un hallazgo de José Agustín).”

En el primer volumen (2021), Julia nos cuenta con una escritura admirablemente entretenida que Agustín Lara era aficionado a la mariguana; que la casa de citas más famosa de mediados de siglo fue la de La Bandida, sobre Durango, frente al que hoy es El Palacio de Hierro, donde acudieron Fidel Castro, Miguel Alemán o Pablo Neruda; que Fernando del Paso Durante los cincuenta y sesenta trabajó como publicista en varias campañas entre las que se le atribuye el famoso jingle: “Estaban los tomatitos muy contentitos / cuando llegó…”; que también a Jomi García Ascot (cineasta, poeta, ensayista y publicista, a quien García Márquez dedicó Cien años de soledad) se le ocurrió el hoy ubicuo “Coca-Cola, la chispa de la vida” cuando trabajaba para la agencia McCann; que José Alfredo Jiménez fue descubierto como compositor cuando trabajaba como mesero en un restaurante de antojitos por San Cosme y que además nunca aprendió a tocar un instrumento, con chiflidos indicaba la melodía a un arreglista cuando ya estaba firmado por RCA.

Cito con extensión a Julia -con subrayados míos- para mostrar su estilo divertido y placentero de escritura:

“Entre principios de siglo y 1930, la capital vio multiplicarse lugares de esparcimiento sano, como cabarés y tugurios de primera, segunda y tercera categorías, donde caían artistas ávidos de estirar las fronteras creativas. El Conchita, sobre República del Salvador, funcionó de 1915 a 1930. Entre los asiduos estaban los artistas plásticos Germán Gedovius, Roberto Montenegro, el Dr. Atl y Joaquín Clausell.” (Del capítulo 47. Sitios de pecado y otros recreos)

En el segundo volumen (publicado en octubre de este año), Julia nos cuenta de la posición social de la pintora Cordelia Urueta (hermana del director de cine Chano Urueta), reconocida en talento artístico por el Dr. Atl y sobrina política del poeta José Juan Tablada; del punto de reunión que significó El Bar 9 en los años ochenta con ubicación en la Zona Rosa, donde acudieron Emmanuel Lubezki, Graciela Iturbide, Olivier Debroise, Ana Clavel, Luis Zapata, Christopher Domínguez Michael, Silvia Pinal, Felipe Ehrenberg, María Félix y hasta el papá de Luis Miguel; de cuando nadie supo quién estuvo amenazando de muerte a Cazals y a sus hijos durante meses después del estreno de Canoa. Memoria de un hecho vergonzoso (1975) y que cuando el presidente Echeverría vio la cinta en una proyección privada, al terminar preguntó: “¿Usted sabe quién era secretario de Gobernación entonces?”. “Sí, señor, era usted”, a lo que no respondió nada; de la musa que fue la cantante pop Bibi Gaytán para escritores como Huberto Batis, Jorge Esquinca y Vicente Quirarte o sobre la inspiración que causó la actriz Lucía Méndez en el poeta Rubén Bonifaz Nuño para publicar Pulsera para Lucía Méndez (1989) -“Plenitud juvenil de la manzana / pulida por el sol cuando madura; / el cielo, en ti, encandila y se adulzura; / ayer con hoy alegras, y es mañana”-.

En suma, los dos volúmenes de El lado B de la cultura avivan -en un estilo a la José Agustín o como una charla de cantina- la curiosidad del lector, del erudito y de todo aquel y aquella que desee “clavarse” en los detalles íntimos y oscuros de los personajes que han dado forma a la cultura mexicana.


[1] Además de ser directora del suplemento El Cultural del periódico La Razón, Julia es coordinadora de la Cátedra Carlos Fuentes de Literatura Hispanoamericana de la UNAM y es autora del poemario Eros una vez y otra vez, merecedor en el 2016 del Premio Internacional de Poesía Mario Benedetti.

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