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Los hermanos Karamazov: una fusión de géneros
Bruno Fuentes comment 2 Comentarios

No son pocos los especialistas que han afirmado que Los hermanos Karamazov es la mejor obra literaria escrita en todos los tiempos, mejor incluso que obras capitales como el Quijote, La divina comedia, Hamlet, o hasta la misma Odisea. Superior o inferior, no cabe duda de que esta novela representa un parteaguas como los hay en muy pocos casos en el universo de las letras. Todos los grandes autores y las grandes autoras del siglo XX (que es el siglo posterior al de Dostoievski) se vieron profundamente influidos por la obra del autor ruso, en todas las literaturas del mundo. Basta con leer pasajes de Onetti o de Roberto Arlt y percibir en su estilo ese tinte psicológico e introspectivo desde el cual abordan a sus personajes y situaciones, asemejándose hasta en el vocabulario a muchas de las traducciones de la obra de Dostoievski. Y es que esas mismas traducciones consolidaron la gran escuela literaria de donde tantos escritores se nutrieron para formar, junto con la influencia estilística por parte de Joyce y temática por parte de Kafka, las obras más importantes del siglo pasado y hasta las de nuestros días.
           

Los hermanos Karamazov es una fusión de géneros. En ella, el lector encontrará capítulos que bien podrían ser extractos de disertaciones filosóficas y teológicas en torno a la existencia de Dios, la moralidad en el ser humano, el destino de la humanidad y la influencia del cristianismo en la cultura. En otras partes, uno siente que está leyendo una novela detectivesca, con una trama minuciosamente construida donde cada detalle es una pista que conducirá al veredicto final. Sin embargo, dados los defectos del sistema judicial que retrata Dostoievski (que se pueden conocer con más detalle al leer su Diario de un escritor), junto con la inestabilidad mental de sus personajes y la inherente ambivalencia del lenguaje, dicha búsqueda termina teniendo un tinte absurdo y hasta quijotesco. Dada la lúdica condición de sus diálogos, hay fragmentos también que parecen sacados de una obra de teatro, peros narrados desde un realismo que hace que la lectura fluya como si presenciáramos los acontecimientos en persona, como si a ratos no hubiera literatura de por medio, sino solamente una cruda y directa confrontación con la realidad. Sus personajes se vuelven carne y hueso, el transcurrir del tiempo narrativo se mimetiza con el nuestro y sus atmósferas transgreden las páginas para envolvernos en aquella Rusia decimonónica donde estos tres hermanos, firme cada uno en su inamovible naturaleza, descubren en su hermandad la eterna disyuntiva que une a la vez que divide a la especie humana. Al estilo de Víctor Hugo y Tolstoi, la narración a menudo se ve entrelazada con largas y ensayísticas meditaciones que, lejos de interrumpir la historia, la complementan para constituir aquella misteriosa ley de la vida en la que el hecho y el pensamiento conforman una sola e inquebrantable fuerza de acción.

Dimitri, el hermano mayor, ha heredado el mismo espíritu impulsivo, altanero y transgresor del padre, formando el perfecto contrapunto para la personalidad del hermano menor, Alioscha, de carácter manso y noble cuya mayor aspiración es convertirse en monje y acercarse a Dios. Alioscha prioriza siempre al otro sobre sí mismo; la empatía es su más grande principio de vida. Dimitri, por el otro lado, parece solo ser capaz de considerar al otro cuando éste opere en función de su propio beneficio. Y entre ellos está el hermano de en medio, Iván, quien oscila irremediablemente entre el pecado y la redención. ¿Quién de los tres carga con el destino más trágico? Si toda bondad inmanente lleva en sí una potencial conversión al mal, éste último tiene la doble posibilidad de, o volcarse de igual manera hacia su contrario, o bien, como se ha demostrado con frecuencia en la historia de la humanidad, en un ímpetu de odio hacer estallar sufrimiento en un nivel masivo, descontrolado y condenado a perpetuarse. No es que el mal reine por encima del bien, sino que el mal lleva en sí el capricho de eternizarse, mientras que el bien suele encontrar la paz en la desaparición. ¿Hasta qué punto esta condición es una realidad, o un mero constructo del pensamiento cristiano, siempre encaminado a la armonía por medio del dolor?

Para los interesados en profundizar en el mundo de Dostoievski, son recomendables las conferencias y clases abiertas (que podrán encontrar en Youtube) del investigador Irvin Weil, así como las del maestro José Luis Flores y el escritor Eloy Urroz.

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  1. Me gustó mucho tu reseña.
    Transmite muy bien la crudeza y la complicada situación en la que se encuentran los hermanos Karamazov en lo personal y en lo familiar. También está bien situada en el mundo literario. Gracias por esta reseña y por contagiarnos las ganas de leer la novela.