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La ternura y el maltrato
Josué Isaac Muñoz Núñez comment Un comentario

El mismo año en que Wolfgang Amadeus Mozart escribió a los cinco años su minueto para clavicordio, mismo año en que se publicó por primera vez la cancioncilla infantil Estrellita, ¿dónde estás?, mismo año en que se contaban, en la ciudad de París, historias de bestias en castillos, hombres con barbas azules, bellezas que no despertaban, gatos con botas, zapatitos de cristal, niños con un copete en el pelo e hijas envueltas en piel de asno,nació una niña muy peculiar de nariz alargada y mentón prominente: Anne Marie Grosholtz.

Little o Historia y desventuras de una criada llamada Little que más tarde se convirtió en Madame Tussaud (Blackie Books, 2022) del escritor Edward Carey, narra la vida de la pequeña Marie o Little como la bautizó Luis-Sébastien Mercier. A través de las palabras y dibujos hechos al carbón por la misma protagonista veremos contar su vida ante el evento de la revolución francesa.

Una novela que habla de la ternura y el maltrato. De la soledad del oprimido y también del opresor. De la ironía de los que mandan y que en cualquier momento estarán subyugados, y que tanto el más ínfimo ser como el más encumbrado es humano. Un cúmulo de órganos, huesos y tejido que no desea estar solo.

Marie, representante de la sociedad baja, las criadas, nos cuenta cómo después de perder a su padre, un soldado que le explota una carga de cañón en la cara y muere apaciblemente, y su madre que se cuelga ante los horrores de vivir en una casa donde se hacen réplicas en cera de órganos humanos, aprende a vivir con el doctor Curtius. Un hombre amable que le enseña sobre anatomía, dibujo y trabajar con cera. Un hombre que se enamora equivocadamente de la viuda Picot, una mujer aferrada al maniquí hecho con la medida de su difunto esposo. Mujer que tiene un pequeño hijo viviendo bajo su sombra, Edmond Picot, y de quien se enamorará Marie.

Un día el doctor Curtius le hace a Little una réplica de su cabeza en cera. Lo que la lleva a aprender que este noble material muestra cada imperfección y detalle del rostro. Pecas, hoyuelos, marcas de acné, de viruela, moretones, fracturas, cicatrices. La cera no miente, al contrario de las pinturas y esculturas, obras hechas para elogiar a los tiranos.

La cera representa el rostro de la gente sin juicios de por medio. De pobres y ricos. Primero fue la cabeza de Marie, luego la del párroco, luego la del director del hospital, luego la de cada ciudadano de Suiza. Luego la de asesinos, ladrones, estafadores, pirómanos, lo peor de París. Cabezas igual de llamativas a los de reyes y aristócratas.

La viuda Picot, imagen de la naciente burguesía, será la que buscará mostrar las cabezas más destacadas de la época: Diderot, Benjamin Franklin, Voltaire, Rousseau. En cambio el doctor Curtius replicará la escoria de París. Marie estará en medio de estos dos mundos. Llegará a conocer a Luis XVI, María Antonieta y a madame Isabel, su reflejo, su otro yo, su cuerpo y corazón en otra yo.

Pasará de vivir en un cuarto sin ventanas y sin luz, a vivir en un armario para estar a la mano de madame Isabel. Será su profesora de dibujo, anatomía y cera. Conocerá el palacio de Versalles, pero llevará consigo la carga de que la servidumbre no habla, no es nadie, no toca, no existe. Se difuminarán estos límites, conocerá a Luis XVI y verá el nacimiento de una princesa, y ante todas las contrariedades se ganará el corazón de madame Isabel, será su confidente y amante.

Marie e Isabel ayudarán al pueblo en pobreza haciendo réplicas de órganos enfermos: bazos, riñones, corazones, pulmones, que llevarán a la iglesia de Saint Cyr. Llenarán paredes con órganos de la gente enferma para que Dios vea las afecciones de la gente y los cure.

Por la insistencia de la viuda de conseguir la cabeza de Luis XVI y la reina, Marie será expulsada del castillo. Volverá a la casa de los monos, donde vivió con la viuda, el doctor Curtius y Edmond. Verá a su amor de infancia convertido en un idiota. Embrutecido por la madre. Edmond solo podrá decir algunas palabras. La ternura ante la opresión termina siendo enfermada.

A Marie no le quedará más que seguir trabajando haciendo cabezas, cabezas y más cabezas, hasta que la locura social estalle en la toma de la Bastilla. Hará su primera cabeza sin estar pegada al cuerpo. La aristocracia decaerá y la gente tomará las calles. La viuda Picot ante el horror le echará la culpa a ella y al negocio de retratos de cera, al ser el reflejo de una sociedad que quiere que caigan todas.

Hará la cabeza en cera de Launay y Fleselles. Luego con el régimen del terror la de cada aristócrata de la ciudad y al final la de Luis XVI, María Antonieta y su amada Isabel. Hará réplicas  en cera de su amada familia real, la que vio comer, de la que escuchó secretos e ideas en intimidad desde su condición de sirvienta.

Con su familia de la clase baja: Edmond, Curtius, la viuda Picot, el perro guardían de Jacques y el escritor y paseante de Luis-Sébastien Mercier, vivirá la caída de la París en la locura y la muerte. Verá el surgimiento de la guillotina, su perfeccionamiento y el terror de ser sospechoso al estado. Hará una representación en cera de la muerte de Marat. Vivirá el cambio de gobierno y podrá hacer la cabeza en cera de Napoleón Bonaparte. Este libro tiene demasiado que contar. Es la vida de una mujer que es amada, traicionada, humillada y que encuentra entre asesinos y reyes a su familia. Una novela donde vemos la lucha de Marie por ser reconocida como persona aunque se lo niegan por su origen social.

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