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La narrativa sobre La Conquista de México da un giro hacia el revisionismo
Carlos Priego Vargas comment 0 Comentarios

Con sus investigaciones, una serie de divulgadores desafían la naturaleza superlativa de La Conquista de México y la del famoso capitán relacionado con ella.

Cortés no sólo creó el México moderno, sino que produjo la obra fundadora de las letras latinoamericanas, marcada por la intromisión de la ficción en el relato histórico”. Afirma el polémico autor de Vida de Hernán Cortés: La espada, Christian Duverger. El antropólogo e historiador francés dice en otro momento de su libro “no tiene aún ninguna estatua, ningún estatus, sino el del villano de los libros de texto”. Reconsiderar y desafiar respuestas comunes para quitar protagonismo a la leyenda de Cortés como un engreído hombre de guerra y dar lugar a otras facetas de su vida y a otros personajes de la historia es una perspectiva que modifica sensiblemente la visión tradicional de La Conquista de México, “a menudo reducida a una serie de sangrientos combates que irremediablemente desembocan en el despojo de la cultura autóctona”, afirma el galo.

A través de sesudas investigaciones y de revalorizar diarios, cartas, biografías, instrucciones, historias, epopeyas, encomios y tratados elaborados por los conquistadores, que se remontan a cientos de años, el historiador interviene en la discusión actual sobre uno de los grandes temas de la historia moderna. Estrategias parecidas encontramos en libros escritos por Matthew Restall, Federico Navarrete, Hugh Thomas, Fernando Cervantes, Úrsula Camba o Alejandro Rosas. Actualmente proliferan obras de no ficción de autores mexicanos y europeos, que valiéndose tanto de fuentes primarias —poco o casi nunca exploradas— y documentos ignorados por historiadores convencionales, invocan otras voces y encuentran verdades alternativas con la intención de desafiar las leyendas y los estereotipos de la narrativa tradicional sobre el tema.         

El revisionismo histórico se ha vuelto medular en la literatura sobre La Conquista, especialmente castigada por la narrativa que muestra una versión parcial e interesada que la convirtieron en uno de monumentales temas de la historia pero mal interpretado y hasta cierto punto distorsionado. A partir de contrastar lo que pasó en realidad, lo que parece que sucedió y descifrar qué hecho pertenece a cada categoría, la historia está encontrando, en esta nueva literatura, los frutos que historiadores anteriores no alcanzaron a vislumbrar en su tarea de reconstruir el pasado. Las nuevas aportaciones, que los lectores sin duda necesitan, son construidas por historiadoras, antropólogos, hispanistas y etnohistoriadores, mediante la localización de puntos fuertes y débiles en las narrativas históricas que con el tiempo contribuyeron a crear todo un sistema de mitos que se reproducen hasta hoy tanto en la historia popular como en la académica.

Tras la construcción de un robusto cuerpo de obras que —desde Miguel León-Portilla o Bernal Díaz del Castillo hasta José Luis Martínez o Carmen Martínez — por una parte, exploró sobre todo el proceso de La Conquista y por otra arrojó estudios centrados en personajes o pasajes concretos, llegaron nuevas generaciones que incluyen en sus intereses también el contexto para agrandarlo, interpretarlo y explicar lo que fue y no fue esta etapa de la historia. Si los primeros autores encaminaron sus esfuerzos a poner en orden las fuentes para saber qué pasó y luego, para discutir cómo contarlo, los investigadores pertenecientes a la rama interpretativa de la historia cuestionan las narrativas construidas a su alrededor. Encuentran un modelo de trabajo en la reevaluación de los relatos producidos desde el siglo XVI hasta el presente. Los une la voluntad de analizar las consecuencias de los eventos que se desprenden de ella, de esta manera surgen nuevos retratos de sus actores y cambian radicalmente las leyendas y los estereotipos de la narrativa tradicional debajo de esa capa de nombres famosos y, en muchas ocasiones, producto de la imaginación. 

Sin reivindicarlo o elevarlo a un pedestal —como solía hacerlo la historia oficial con sus muy cuestionables héroes—, la historiadora Úrsula Camba y el historiador Alejandro Rosas buscan ofrecer una nueva perspectiva sobre Cortés. En Cara o cruz: Hernán Cortés, Camba y Rosas se adentran en el estudio de la época de La Conquista para desdibujar los mitos entorno al polifacético hombre que fue el extremeño. Cuando se pregunta a los autores sobre ¿Quién era realmente Hernán Cortés, un genocida o el inventor de la nación mexicana? la respuesta es clara: al llegar a lo que hoy es México Hernán no tienen la voluntad de exterminar a los indígenas ya que, tarde o temprano, ellos se convertirían en la mano de obra. Acostumbrados a convivir con otros grupos —judíos, musulmanes—, los españoles se mezclaron. Con ese antecedente, al llegar a México Cortés buscó dos cosas, por un lado oro y riqueza como todos los hombres de su época pero por otro, información. Porque, ante todo, lo que poseía el capitán fue un olfato político extraordinario.

En muchos de estos divulgadores la pregunta sobre ¿Quién conquistó México? aparece como un cuestionamiento clave. Al tratar de responderla, el historiador mexicano Federico Navarrete señala que se ha encontrado una respuesta incompleta al decir: los españoles y propone revisar la participación de otros actores. Afirma que el ejército que resultó vencedor en la campaña militar se compuso de cien mil soldados indígenas y tan sólo de mil soldados españoles. Por lo tanto, el argumento de Navarrete es que La Conquista es el triunfo compartido entre aquellos que fueron oprimidos por los mexicas —los tlaxcaltecas, decenas de pueblos más que tuvieron enemistad con los mexicas, Malintzin y los españoles—. Además, cuenta que durante la época colonial La Corona siempre reconoció que los tlaxcaltecas fueron clave en el proceso y respetó sus privilegios: no pagaron tributo, mantuvieron su propio gobierno y mantuvieron su territorio. Ahí nació una figura contradictoria hasta ahora: los conquistadores indígenas. Este grupo recibió títulos y privilegios por parte de La Corona Española, fue hasta el siglo XIX, señala el autor, “cuando el nacionalismo mexicano comenzó a hablar de todos los indios como vencidos”, y pone un ejemplo, “la Visión de los vencidos de Miguel León Portilla es donde se disponen las historias de los tlaxcaltecas junto a las historias de los mexicas como si ambos pueblos hubieran sido vencidos y en realidad los primeros no se consideraban vencidos y, de hecho, nadie los consideró vencidos hasta el siglo XIX.

Otro de los temas que propone en su libro es dejar de asociar la caída de México-Tenochtitlán como si el México de aquella época fuera la república centralizada que es ahora. Al ser un territorio compuesto de cientos de pueblos diferentes el proceso no terminó en 1519 sino que hubo veinte años más de campañas militares que abarcaron las conquistas de Michoacán, la costa del Golfo, la del Norte, Oaxaca, entre otras y se convirtió en una campaña de expansión mucho más grande que la que habían emprendido los mexicas y en la cual los tlaxcaltecas fueron fundamentales.

¿Por qué la Conquista de México es un tema tan extraordinario? No son pocos los intentos de respuesta a esta pregunta, señala el académico británico Matthew Restall. Para entender el proceso el reto consiste en: “resistirse a preguntar —menos aun a responder— ¿por qué los españoles conquistaron tan rápido a Moctezuma y la gente de México?”. Y en cambio propone contemplar la idea de “que no los conquistaron tan rápido. Entonces preguntémonos por qué esa pregunta tiene que formularse de esa manera”. La propuesta es seductora, reconsiderar y desafiar las respuestas comunes a la perspectiva dominante presente en miles de libros, artículos, obras y películas que se remontan a cientos de años. Como los anteriores, todos los historiadores y divulgadores están interesados, por naturaleza, en los sorprendentes y desconocidos hilos que tejen el pasado. Los 500 años de la caída de Tenochtitlán marcan una progresiva preocupación de la literatura sobre el tema al situar a los conquistadores en otros contextos, que también formaron parte de su época, experimento que ha llevado a la reconstrucción de un mundo que se volvió casi tan desconocido —pero también extremadamente fascinante pintoresco e incluso exótico— como lo fue el mundo de las américas para los propios aventureros que llegaron a él en busca de aventura y riqueza. Ese giro importante del foco de interés, sobre el pasado y el presente, puede servir  para que la sociedad reflexione a fondo sobre estos temas. Plantear respuestas diferentes, el romper con la idea del trauma de La Conquista y toda la historia de autocompasión y lástima puede ayudar a romper los múltiples mitos y prejuicios que orbitan a su alrededor. Dejar de pensar en México como un país de vencidos y vencedores puede ayudar a comprender mejor que lo que hoy pasa —por ejemplo— con el tema de los pueblos indígenas que tiene que ver más con una construcción de procesos políticos durante el siglo XIX y no con una guerra del siglo XVI, pero todo esto se justifica y se entiende con una visión diferente de la historia de La Conquista.

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