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La historia con sangre entra
Giovanna Rivero comment 0 Comentarios

Casi un thriller, casi un archivo de la violencia, esta novela –con la que la joven escritora mexicana, Ximena Santaolalla, irrumpe en el horizonte literario– aparta con contundencia el adjetivo “casi” para instalarse como un documento inexcusable de lo que han sido las terribles prácticas del terrorismo de Estado en Centroamérica, y específicamente en Guatemala, a través de su brazo armado. Quien se acerque a esta novela deberá prepararse para que las heridas aquí registradas formen parte para siempre de las propias pesadillas, pero también de un invencible y luminoso anhelo de justicia. A veces despierto temblando es, pues, el recuento de las voces de torturadores y víctimas de la dictadura del militar Efraín Ríos Montt, en Guatemala.

Tuve el privilegio de leer esta novela antes de su publicación, cuando aún se titulaba Muerte de un nawal, de modo que apenas me asombré cuando supe que Santaolalla había obtenido el Premio Mauricio Achar-Literatura Random House 2021. El trabajo en el que la autora se embarcó para recolectar información histórica es admirable, pero incluso más deslumbrante es su capacidad y talento narrativo para dar cuenta, desde afectos profundamente contradictorios, de ese tejido complejo entre la pobreza de la población originaria y las oportunidades falaces que el ejército le ofrece.

A veces despierto temblando se sostiene en una poderosa construcción coral, donde las voces no están solo para alternar tonos u otorgar cierta angularidad a la prosa; aquí, Santaolalla hace de cada registro oral un instrumento irreductiblemente político. La autora parece dialogar con la idea atribuida a Churchill, Orwell y Walter Benjamin –la historia la escriben los vencedores– para subrayar que la memoria la testimonian los vencidos y, aun más, que torturadores y torturadas son igualmente víctimas: el verdugo es la élite. Así, los kaibiles entrenados en la base militar Fort Hood, en Texas, para arrasar con el comunismo –aunque no terminen de comprender qué significa eso­– acaban aniquilando sus propios espíritus. Sin embargo, a pesar de todo, Santaolalla ofrece la posibilidad de una redención y lo hace desde la experiencia desgarradora de una adolescente secuestrada en un sótano plagado de alacranes. Ximena Santaolalla es sutil pero implacable para plantear interrogantes. Y es que una novela siempre debería dejarnos eso, interrogantes que nos obliguen a la interlocución. “Dedos, decime, ¿qué son las comunistas? (…) Dice que han de ser personas que odian Guatemala, pero ¿cómo saber si alguien la odia?”, golpea el teclado la autora. En efecto, ¿cómo saber qué es el odio o el amor por la patria? ¿Y qué o quiénes son la patria? Nos acercaremos temblando a algunas respuestas en la poderosa escritura de esta narradora.

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