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Incomodar como acto político
Citlalmina Guadarrama comment 0 Comentarios

Dentro del abanico de las interacciones humanas existe una infinidad de acciones y reacciones que a su vez forman parte de una red de comunicación en la que regularmente preferimos omitir aquellas que pudieran romper con la cordialidad estándar. Es interesante cómo pretendemos ejercer el diálogo con una aparente racionalidad que, al verse afectada por algún tipo de emoción, resulta casi siempre en la incomodidad puesto que el llanto, los gritos, la risa y demás expresiones de sentimiento están fuera de lo socialmente aceptado.

Son estos estallidos de emoción casi involuntaria en los que se concentra Sin miedo. Formas de resistencia a la violencia de hoy (Taurus, 2020) y va más allá cuando las identifica como formas de resistencia. Esto llega cuando dichas reacciones se dan en un contexto de protesta política. Con un lenguaje accesible, el libro de Judith Butler nos presenta cinco conferencias muy adecuadas al contexto sociopolítico del país en el que son dictadas, sin dejar de ser pertinentes para el ámbito de los movimientos sociales y derechos humanos a nivel internacional.

Salvo la primera (dictada en Berlín), todas las conferencias fueron dadas en Latinoamérica, y es que para hablar de emociones desbordadas frente a la violencia, es un lugar ideal. Dadas las formas de violencia principalmente por parte del Estado que sufren los países latinoamericanos, sumadas a la impotencia de una población que no consigue justicia de sus propios gobiernos o cuerpos policiales, las protestas son muchas y frecuentemente reprimidas. Como respuesta, la vía de la resistencia pacífica va tomando forma de llanto en público por las vidas que se reducen a estadísticas, de gritos de rabia afuera de la casa de algún agresor sexual impune, de risas tras la declaración del estado de menopausia de un país.

Sin embargo, este tipo de protesta nunca es reconocida por la ley. Al ser manifestaciones de alguna emoción, se presentan en episodios en los que perdemos momentáneamente el control, y perderse a sí mismo es considerado como un acto de salvajismo que nos aleja del mundo lógico donde se desarrolla el lenguaje y, por consiguiente, la ley. Es por esto que muchas veces no sabemos qué hacer cuando alguien llora frente a nosotros o se ríe descontroladamente, al alejarnos del guion de la comunicación quedamos a la deriva sin saber cómo actuar.

Expresar sentimientos en respuesta a la violencia de estado dentro de un contexto de protesta tiene el propósito de reclamar justicia y es en ese momento en el que se convierte en un acto político. Porque son formas no violentas de desobediencia civil, es un ruido que tiene como fin ser estridente al punto de generar presión y mandar un mensaje de descontento y de persistencia de la memoria política, un mensaje que dice “no olvidamos y a pesar de la injusticia, resistimos”.

Es aquí donde Butler pone de manifiesto el papel de los cuerpos en las protestas. Si los seres humanos estamos atados a un cuerpo que produce reacciones frente a estímulos, esos cuerpos se unen en el espacio público para hacer política a la vez que afirman su presencia. Es dentro de ese espacio público y en un ambiente de opresión política donde los actores se están jugando esos cuerpos, se están jugando la vida.

Sin miedo llega como una excelente opción para iniciarse en la lectura de Judith Butler pues retoma temas tocados más a fondo en ensayos anteriores con puntos de vista y situaciones que tristemente son cotidianos en la vida del latinoamericano promedio.

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