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Hurgar en la cicatriz, un malestar histórico
Axel Núñez comment 0 Comentarios

Una cicatriz es una ventana a la herida, al dolor; recordar sobre ella arde. Abierta nuevamente, mancha más allá de lo vivido y permanece grabada en la memoria. Un lugar al que no queremos regresar; sin embargo, visitamos. Una escarificación de lo vivido, de lo sufrido.

En Todo pueblo es cicatriz (Random House, 2023), esta exploración es un ejercicio doloroso sobre lo que ya no está y sobre lo que permanece: la razón de nuestro presente, nuestra ansiedad contra el futuro. Con el recuerdo de Tlayolan como escenario, Hiram Ruvalcaba reconstruye historias sensibles que no debieron suceder en un intento de entender su origen, de mitigar su iteración.

Norte, sur, este, oeste… en Tlayolan, las cicatrices dibujan un mapa que se camina sobre la injusticia, conectado por el dolor. Un conjunto de historias que puede ser la de cualquier pueblo en México. La violencia es una marea roja que, una vez llegada, no se ha podido detener y menos parece irse. El dolor físico se transmuta en un malestar histórico; la rabia se convierte en impotencia. Las ausencias son irremplazables, y ¿vivir? es todo padecer y todo sinsentido. ¿Por qué?

A través de un estilo asequible, Ruvalcaba refleja de una forma transparente los accidentes, los errores y los infortunios que mancillan la memoria. En su deseo de comprenderlos, camina en recovecos para encontrar respuestas, para honrar a los ausentes, enlazando a la violencia como parte misma del ser humano y cavilando sobre el azar de padecerla.

Actualmente, la violencia es el pan de cada día en México. Tan sólo en 2022, el Inegi reportó 32 mil 223 homicidios, con una tasa de 25 por cada 100 mil habitantes; en 2007, la tasa era de nueve por cada 100 mil.[1] Son quince años donde la sangre se ha enraizado en las familias mexicanas de cada rincón del país. Todo pueblo es cicatriz es un acercamiento a una de las tantas configuraciones del dolor cosechado en la memoria nacional.

Hiram Ruvalcaba

Si la historia es una colección de heridas —algunas cicatrices y otras frescas, sean las propias, las de nuestra familia o de donde vivimos—, para algunos es un camino andado sobre el cual desearían reescribir sus pasos, sus saltos, los giros y la velocidad, con la premisa de que lo pasado hubiera ocurrido de otra manera; un círculo vicioso en el que la mente se enrosca hasta entender que hay cosas que no podemos controlar y, sin embargo, suceden: la naturaleza del accidente y del error, del lugar y tiempo incorrectos, donde vivir significa sufrir.

Todo pueblo es cicatriz resiente el pasado, padece el presente y mira hacia el futuro. Para algunos, la historia es un conjunto de cicatrices que rodea al corazón; las memorias más dolorosas sobre las que, a pesar de ellas, construimos una vida. A costa de ellas, elegimos seguir. Sin embargo, ¿cuánto dolor hay que tolerar sobre lo que no podemos controlar?


[1] Clara Zepeda. “En México se cometieron 9.7 por ciento menos asesinatos el año pasado respecto a 2021: Inegi” en La Jornada, 26 de julio de 2023, disponible en https://www.jornada.com.mx/2023/07/26/politica/003n2pol

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