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Historia de las cosas perdidas y encontradas
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La dignidad no suele ser buena compañera en ciertas rupturas

Jorge Alberto Gudiño

Hace unos tres años murió José Luis, el mejor amigo de mamá. Ella no podía creerlo debido a que se lo había encontrado unas semanas antes en los juzgados; platicaron de sus asuntos, los planes a futuro, se pusieron al corriente en sus vidas y al despedirse surgió la promesa de una barbacoa en la Polar. No esperaba que su siguiente cita sería en el funeral, lugar en el que pronto se enteró de la segunda vida que José Luis, de manera discreta, había comenzado a llevar luego de treinta años de matrimonio.

Algo similar sucede en Historia de las cosas perdidas (Alfaguara, 2022) de Jorge Alberto Gudiño, obra en la que nos adentramos en la singular vida de Roger, quien fungirá como nuestro Virgilio para mostrar y reconstruir pieza por pieza el relato del cual pronto será partícipe al verse involucrado conforme las páginas avanzan.  Todo arranca en el momento que Roger recibe una misteriosa llamada de madrugada, misma que abre una red de posibilidades ante la incertidumbre sobre quién podría estar al otro lado de la línea. Sin embargo, la tensión aumenta cuando debe tomar una decisión crucial ya que está en sus manos la vida de su amigo, Andy. Sea cual sea la decisión que tome traerá una serie de consecuencias que afectará el futuro de nuestro protagonista.

¿Hasta qué punto conocemos a una persona tras su muerte?, ¿cómo repercute su ausencia en nuestro día a día?, ¿pensamos también si alguien nos recordará tras nuestra partida?, algunas incógnitas florecen otras se marchitan, pero renacen al descubrir el otro lado de la historia. Las reflexiones que los personajes se hacen después de la partida de Andy y cómo tiene que lidiar al descubrir esa doble vida en la que al final todos terminan por aceptar que ha sido extraños en ese tren cuyo destino comparten.

En el caso del amigo de mi madre, ella no daba crédito, ya que Jorge Luis nunca le había mencionado que planeaba divorciarse e irse a vivir con su nueva pareja a su pueblo natal. Tampoco sabía que no era la primera vez que sufría un paro cardiaco o que días antes había cambiado su testamento dejando fuera no sólo a su esposa, también a sus dos hijas. Algo similar sucede tras el óbito de Andy, en el que se abre esa caja de pandora a la que Roger será arrastrado para descubrir una cara distinta de su amigo, mentor y compañero de oficina, a partir no sólo de las mujeres y las relaciones que formaron con él, además de su adicción al sexo, sino los secretos, esos que se comparten en la cama, pero duran una eternidad.

Roger también tiene una historia que contar, no menos importante, pero sí más oscura y fundamental porque, tiene que lidiar con los fantasmas de su ex pareja Denis, además, su hermana vive un proceso complicado en su embarazo y su jefe no para de presionarlo hasta el punto que estará metido en circunstancias que nunca se habría esperado, aunque lo ha perdido todo en distintos sentidos y la vida le da nuevas oportunidades de empezar de cero, le gusta volver y abrir la herida ya que ese dolor le recuerda hasta cierto punto que está vivo, a pesar de todo lo que ha perdido.

Los saltos temporales forman un caleidoscopio atractivo en Historia de las cosas perdidas a la par que el autor reflexiona sobre ciertos temas que a primera vista parecerían banales, insulsos o cotidianos, sin embargo, se vuelven el foco de atención porque los personajes existen en ese mundo lleno de desechos y mentiras en el que muchas veces terminamos por refugiarnos, sobre todo porque nos producen una efímera alegría que tarde o temprano terminará por caer.

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