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Glosario de la vida mística
Jorge Bobadilla Vargas comment 0 Comentarios

Lo diferente. Iniciación en la mística es el nuevo ensayo del imprescindible Higo Hiriart -Premio Nacional de Ciencias y Artes, miembro XVIII de la Academia Mexicana de la Lengua, becado Guggenheim y ganador de un Ariel, entre otros méritos- que trata sobre la experiencia de Dios y su posible entendimiento a través de la explicación filosófica de categorías como la religiosidad, lo milagroso, lo humano, el mal, el amor, el ateísmo y, por supuesto, la mística.

Entre erudición, humildad y sencillez, Hiriart explica los conceptos mencionados con la recuperación del pensamiento de autores como William James (a cuya obra Las variedades de la experiencia religiosa Hiriart declara su deuda con Lo diferente), Rudolf Otto, Simone Weil, San Agustín, Santo Tomás, San Juan de la Cruz, Wittgenstein, Kierkegaard, Pascal, Dostoievski, Nietzsche y de sus maestros personales Luis Villoro, José Gaos y José Manuel Gallegos Rocafull, cuya influencia de éste último sería primordial en la vocación religiosa de Hiriart.

A modo de compendio, presentamos un glosario con las propias palabras del autor, que ayuda a aproximarnos a las reflexiones propuestas en Lo diferente:

La contemplación: es “el acto que mejor expresa y define la singularísima experiencia religiosa, que constituye la vida mística…” y consiste en “mirar atentamente, con delectación, morosidad y embeleso.”

Dios: “está presente como una forma de certeza, a través de sentimientos y exclusiones que establecen que se está frente a lo que no se parece nada. No puedes imaginarlo, no tiene materia y no está en ningún lugar… de plano es lo diferente, lo heterogéneo, lo que no tiene que ver con nada. Dios es lo imposible, que, sin embargo, es ante el creyente una clara presencia.”

El escéptico: “juzga, y en general, pone peros a lo que ha hecho y hace Dios… en vez de agradecer el regalo, como el creyente, de la vida prodigiosa que ha vivido gracias a Él, todo lo critica, ingrato y rebotón.”

Lo humano: “es la tensión entre los dos polos, el bestial y el angelical, que tiran de él. Y por esto, por ser indecisa tensión, el humano es drama, y su historia también. Conflicto, irresolución vacilante, divergencia, lucha entre la Caída y la Gracia.”

La experiencia religiosa: “consiste en la percepción inmediata, directa, inexplicable, de la presencia de Dios. Esta experiencia incluye nuestra gratitud. El amor a Dios está traspasado de gratitud. El vínculo del sujeto religioso con el Numen es el amor.” Es también, “el encuentro en recogimiento de una persona con lo que él estima la divinidad, y no la religión institucional, religión particular con mediaciones (sacerdotes, sacramentos, ayunos, templos y demás).”

El mal: “tiende a esconderse a quien lo perpetra. Ya lo decía Sócrates: nadie hace el mal adrede y en frío, el mal se perpetra siempre por error. Esta visión concuerda con el análisis de San Agustín: el mal nace por la ceguera que nos causan nuestros apetititos y pasiones desordenadas.”

El milagro: “no es un hecho ni es acerca del mundo… se trata de algo que no está afuera, sino dentro del creyente, en sus interpretaciones.”

El misterio: “es algo que por hipótesis no puede ser descifrado, es por naturaleza inalcanzable, marca un límite humano, un hasta aquí entiendes, no más allá. Más allá del límite, se alza una presencia irracional, inexplicable mediante conceptos, que, por inexplicable que sea, lo mismo es una presencia, una presencia que como es incorpórea carece de sentido interrogar dónde está, si está al lado o frente a nosotros, preguntas todas ellas relativas a lo espacial… La existencia de Dios no puede demostrarse.”

La mística: “no hay ni puede haber nada automático en la mística. No haces X para que suceda Y. Luego, el propósito no es alcanzar no sé qué forma de placer que llaman, a falta de algo mejor éxtasis. Se trata de buscar a Dios… La mística presupone insatisfacción: los muchos bienes que ofrece la existencia (dinero, poder, pasión erótica, fama, gloria, esposa o esposo, hijos y vida remansada y lo que quieras) que llenan y sacian a la inmensa mayoría, no colman, para decir lo menos, los anhelos místicos. No hay gente más inconforme y ambiciosa que ellos, los místicos.”

Numen: “ente sobrenatural sin representación más exacta, esto es, que no dice nada, que, como afirmaba Chuang Tzu del concepto de Tao, es concepto mudo… numinoso es lo propio o perteneciente al Numen, esto es, a lo sagrado. Conviene a Dios esta palabra porque los conceptos son racionales y la aprehensión de Dios, o mejor, de lo numinoso, es irracional, o mejor, arracional…”

La religión: “más que cosa que se razona, es un fenómeno complejo en el que, más que nada, se siente. Está hecha de sentimientos y apreciaciones que un día, quién sabe cómo, hicieron aparición más o menos articulada dentro de nosotros.”

La revelación: “no es otra cosa que aquello que queda fuera de la razón; es decir, que la creencia religiosa marca un límite de la razón…”

Así, y en cien páginas con unas cuantas más, Hugo Hiriart nos invita a considerar la presencia de Dios, de lo diferente, de lo inexplicable y lo eterno en un momento de nuestra fugaz vida orientada, muchas veces, por lo mundano y lo efímero. Lo diferente es, a la vez, paréntesis, respiro y oración.

“Voy a declarar, por último, que no intento convencer a nadie de nada, cada quien tiene su manera de matar pulgas, lo que intento es tomar un momento en serio a la religión, abrir a la discusión y ventilar algunas cuestiones que, como dice Julio Torri, “a los ojos de algunos conservan todavía cierta importancia.”

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