Si entendemos la literatura como una ciudad, hay algunas novelas que hacen tan suyo el espacio del que escriben que se vuelven rascacielos que dibujan la silueta de sus respectivos escenarios, y así también trazan un mapa de nosotros mismos. De todos estos espacios, creo que la Ciudad de México se encuentra en un lugar privilegiado porque es fuente de inspiración y escenario de varios libros; entre ellos hay cinco que estarían en mi mapa personal, cinco libros sin los cuales no entendería a esta ciudad.
Palinuro de México
Pienso que si alguien me dijera que el único libro que quiere leer en su vida es
Noticias del Imperio le creería y no pediría más explicaciones. Pero acaso tendría un comentario: yo preferiría encerrarme en
Palinuro de México. Camino por Santo Domingo y recuerdo el lirismo de Fernando del Paso al describir todo tipo de escenas: el amor con su prima Estefanía, el recorrido por el infierno de la publicidad, el espacio que habitaban. Leer
Palinuro es salir a caminar en un México enmarcado por el acontecimiento más importante de la historia moderna del país. La novela se convierte en una presencia constante en cada paso, un fantasma que me recuerda a ese magnífico inicio: “La ciencia de la medicina que un fantasma que habitó, toda la vida, en el corazón de Palinuro”.
Los detectives salvajes
Hay libros que retratan tan bien alguna ciudad que se vuelven parte de ella. Pienso en el Nueva York de
El gran Gatsby y
El guardián entre el centeno, en la Irlanda de James Joyce, en la Inglaterra de Dickens. Y entre esos libros no hay ninguno que me signifique más que
Los detectives salvajes, de Roberto Bolaño, uno de esos extranjeros que llegan a México y el país despierta en ellos una chispa creativa. Nada me atrapó más en mi primera lectura que García Madero, sus inicios como poeta que también son sus primeros pasos en dos ciudades: la ciudad de México y Ciudad Universitaria.
El vampiro de la colonia Roma
Ante el éxito de la película
Roma conviene recordar que la colonia siempre ha sido inspiración de infinidad de artistas. Entre ellos me gusta recordar
El vampiro de la colonia Roma, de Luis Zapata: una novela irreverente y picaresca, focalizada en la vida de Adonis García. Esta novela es un retrato de una temporada muy específica de la Ciudad de México.
Aura
Siempre he preferido al Carlos Fuentes de narrativa breve. No es que no me guste el Fuentes de
La región más transparente, sino que me siento más cercano al Fuentes de “Las dos Elenas” (un cuento que, además, transcurre en Coyoacán y en el que los personajes se van a echar unos tacos), “Chac Mool” y, por supuesto,
Aura, una novela corta que habla de casonas en Donceles, de libros, de embrujos y de amor. Ninguna lista que pretenda hablar de la Ciudad de México en la literatura estaría completa sin mencionar a Fuentes.
El complot Mongol
Rafael Bernal y su novela,
El complot Mongol, se han hecho figuras de culto entre lectores y habitantes de la Ciudad de México. A cincuenta años de su aparición,
El complot Mongol se reafirma como una de las obras más singulares escritas sobre la Ciudad de México, por su humor y por el género en el que inscribe (novela detectivesca). El texto de Bernal es una oportunidad para conocer otra cara de la Ciudad de México.