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Es momento de hablar de todes
Fernanda Gómez Peralta comment Un comentario

Cuando estaba en la universidad tomé un seminario sobre cultura y violencia. Un día nos entregaron nuestros ensayos y a una compañera le dieron su trabajo calificado con nota reprobatoria por haber usado lenguaje inclusivo. En ese momento nunca me hubiera pasado por la cabeza entregar un trabajo académico así, estaba muy vagamente familiarizada con el concepto, pero me pareció injusto que haya recibido esa calificación por eso.

¿Qué es el lenguaje inclusivo? Seguramente has visto en alguna publicación no tan formal el uso de todas y todos, todes, todxs o tod@s. El lenguaje inclusivo, o no sexista, es una propuesta que busca detener la ocultación de la mujer en este. Y, ¿qué es el lenguaje sino un reflejo de la realidad? Hay personas que creen que dicha ocultación es un supuesto, pero cualquier mujer podría constatar que esta se da más allá del lenguaje, en cualquier aspecto de la vida cotidiana.

Algo que ha motivado la búsqueda de nuevas propuestas en el español es el genérico masculino. Álex Grijelmo sostiene en Propuesta de acuerdo sobre el lenguaje inclusivo que el uso del genérico masculino en el español no nació de un dominio de los hombres en la sociedad, simplemente así se dio la evolución de la lengua. Grijelmo afirma: “El primer paso para llegar a un acuerdo sobre el lenguaje igualitario debe consistir quizá en mirar al idioma español sin prejuicios, como expresión cultural, como un amigo íntimo dispuesto a ayudarnos y no como un enemigo que nos oprime”. Es importante tener esto en cuenta cuando hablamos de estos temas, pero el lenguaje como reflejo de la sociedad sí deja entrever varias prácticas normalizadas que no estaban necesariamente bien, pero eran aceptadas.

Sin ir muy lejos, en Grecia, la cuna de la democracia, las mujeres no eran consideradas ciudadanas, no tenían voz ni voto ni derecho a tener tierras. Las mujeres en México no pudieron votar hasta 1953. ¡Mi abuela pudo votar hasta que mi papá tenía un año! Matilde Montoya fue la primera mujer en México en obtener el grado de médico en 1887. Según la RAE, es correcto referirse a una mujer que practica medicina como médica, pero a veces es difícil dejar ir los viejos hábitos. Tengo un par de amigas que se dedican a la música, a ambas les pregunté por separado cómo preferían que se refirieran a ellas, como música o músico. Una me dijo que ella prefiere que le digan música; la otra me dijo que prefiere que le digan músico, porque puede parecer soberbio por su parte referirse a sí misma como música, como si ella fuera LA música y no alguien que se dedica a esta. Los idiomas son complicados y siempre están llenos de ambigüedades y excepciones. En Una habitación propia, Virginia Woolf dice: “Me atrevería a aventurar que Anónimo, que tantas obras ha escrito sin firmar, era a menudo una mujer”. Por esto es importante hacer ajustes, repensar ciertas palabras, sus usos y cómo los utilizamos, nombrar las cosas como son.

Es verdad que como dice Grijelmo: “El día a día está lleno de masculinos genéricos que no chirrían a nadie. Pero el lenguaje público muestra otras tendencias”. La realidad es que los masculinos genéricos sí empiezan a chirriar a la gente, sólo que antes no se tenía la consciencia ni el contexto para que lxs hablantes se cuestionaran qué otras formas de nombrar las cosas podían ser utilizadas. Creo que darle el lugar correspondiente a alguien en el lenguaje, es dárselo también en la historia.

No podemos juzgar a la lengua per se de ser sexista, de ocultar a las mujeres. A pesar de que un idioma es algo vivo, no es algo que posea una consciencia, esa la poseen lxs hablantes y estxs sí pueden ser sexistas. La evolución de la lengua no es algo que se pueda controlar, es algo que cambia y se desarrolla de manera impredecible, porque hay miles de factores que la modifican, que hacen que sus hablantes la ocupen y la moldeen a su gusto y a sus necesidades. La lengua no la crean ni la modifican los estudiosos en las academias, sino los millones de personas que la aprenden de sus padres, que la usan para comunicarse y que, sin darse cuenta, la hacen suya. 

Teniendo lo anterior en cuenta, querer llevar a la práctica el lenguaje incluyente tiene sus ventajas y desventajas, que por desgracia pueden no estar del todo equilibradas. Entre las ventajas están las siguientes:

  • Le da visibilidad a la mujer, esto no necesariamente equivale a una igualdad social, pero al menos pone la lupa en el ocultamiento de la mujer en el lenguaje, que a su vez se traslada a la historia.
  • Da lugar a cuestionamientos importantes sobre la lengua, uno como usuario de ésta tiene el derecho, la capacidad y la responsabilidad, si desea ejercerla, de cuestionarse por qué ciertas cosas se dicen o se hacen de cierta manera.
  • Da visibilidad a otras minorías que no se identifican ni con el pronombre él o ella, sino elle.

Al enumerarlas me doy cuenta, de que tal vez haya más desventajas al intentar implementar el lenguaje incluyente, como lo conocemos actualmente, que sólo seguir con la norma del genérico masculino, algunas son:

  • Los hablantes de cualquier lengua siempre tienen sus reticencias personales ante un cambio impuesto. Si no lo creen pregúntenles a quienes deciden seguir acentuando sólo. Una maestra nos dijo un día que ella acentuaba sólo porque le tenía respeto a la soledad. Si la mayoría de los hablantes no quiere hablar con lenguaje inclusivo, no lo hará y este no se normalizará.
  • Un cambio de esta magnitud sí podría dificultar la lectura y tal vez la comunicación de hablantes que ya dominan y aprendieron el idioma así. Si soy honesta, no me puedo imaginar leyendo Cien años de soledad repleto de todes o todxs.  
  • Cuando no se recurre a todes y todxs pero sí usa el “todos y todas” la economía del lenguaje se ve afectada. Aplicar esta duplicación a las leyes, como el ejemplo que ocupa Grijemlo de la constitución española, puede hacer tediosa y repetitiva la lectura. Un artículo constitucional que en un inicio consistía en 26 palabras, acabaría siendo de 40.
  • Mientras es posible pronunciar todes al momento de hablar, la situación se complica al momento de querer decir todxs y tod@s.

Yo uso la x cuando utilizo el lenguaje incluyente, cuando hablo en contextos informales, con amigxs y gente que sé que lo comprenderán. Sin embargo, incluso cuando yo tomé la decisión de hablar o escribir así a veces se me olvida y me cuesta trabajo mantener la concordancia. Esa x es incómoda, impronunciable, es algo con lo cual nos vamos a seguir topando hasta que lo nombremos como se debe, hasta que le demos el espacio que le corresponde.

La realidad es que cada quien adopta lo que mejor le parece del lenguaje y está en su derecho de usarlo de la manera que mejor le plazca. No obstante, me encanta vivir en una época en la que estos cuestionamientos ganan visibilidad y espacio. Sé que incluso si algún día se normaliza y se homologa el uso del lenguaje incluyente, no viviré para verlo, ya que un cambio como este tomaría muchísimos años, pero disfruto vivir para ver los comienzos de esto. Me alegra cuando me entero que a una compañera le aprobaron usar el genérico femenino en su tesis, o que alguien usó lenguaje incluyente en un ensayo y fue aceptado por su docente, no como mi compañera del seminario hace 7 años. Grijelmo afirma: “La lengua no cambia la realidad. Eso sí, puede servir para que la realidad cambie”. Me atrevo a disentir con él en este caso particular, creo en el poder de las palabras. Entiendo que estas por sí solas no van a cambiar la sociedad, ni hacerla más justa, pero creo que a final de cuentas, las palabras y la lengua son un gran punto de partida para hacer del mundo un lugar más equitativo. 

Alex Grijelmo lenguaje inclusivo Propuesta de acuerdo sobre el lenguaje inclusivo

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  1. Si, estoy de acuerdo con vos. Es muy complicado y puede que tenga ma desventajas; padrísimo la X, gracias.

    Parece la idea central del libro no prejuiciar la lengua. Maravilloso.

    Muy buen comentario también