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El instinto y los miedos de la maternidad: Ashley Audrain
Redacción Langosta comment 0 Comentarios
  1. El instinto trata de forma muy profunda la maternidad, tanto los aspectos más crudos de la experiencia personal como las expectativas que la rodean según las presiones que nos ponen nuestra sociedad y nuestra cultura. ¿De dónde vino el deseo de abordar este tema?

Llevo mucho tiempo fascinada con la maternidad: con cómo percibe la sociedad a las madres, como se perciben ellas a sí mismas y cómo les cambia el hecho de ser madres, o por qué las mujeres desean serlo. Me interesa tanto que siempre pensé que sería el eje de mi novela. Hay muchísimas cosas que se dulcifican cuando hablamos o escribimos sobre esta experiencia, especialmente en la literatura y en el cine, como vi cuando yo misma fui madre: esas escenas de partos tan idealizadas, y los niños ideales, la madre exhausta pero realizada… Yo quise escribir desde una esquina más oscura de la maternidad, porque en ocasiones puede ser una experiencia fea y aterradora, incluso cuando tienes el privilegio de criar a tus hijos en las mejores circunstancias.

2. ¿De dónde surgió la idea de El instinto?

Empecé a escribir la novela cuando mi hijo tenía seis meses: tuvo algunos problemas de salud y durante un tiempo visitamos mucho el hospital. El hecho de pasar por esa experiencia me hizo pensar mucho sobre las expectativas que tenemos hacia la maternidad: cómo será, cómo se espera que nos sintamos, cómo será el niño, cómo será esa vida. Y aunque doy gracias porque mi experiencia no se parece en nada a la de mi protagonista, ahí se quedó la semilla de la idea que luego llegó a ser El instinto. En la maternidad hay muchos miedos, aunque sea algo que según nos enseñan es el papel más natural que existe. Cuando escribo, me resulta muy satisfactorio profundizar en los temores más habituales, quizá porque con ello consigo conocerme mejor a mí misma. Creo que somos muchas las que hemos tenido ideas fugaces y espantosas durante el embarazo y la crianza, sea cual sea nuestra situación, y me fascina dejar vagar la mente por ese camino, pensar en los posibles “qué pasaría si…” de la vida de mis personajes.

3. La narración de la experiencia de Blythe se intercala con los recuerdos de su propia infancia, y de la infancia de su madre. ¿Por qué decidiste explorar así la historia familiar, y cómo llegaste a encontrar esa forma de hacerlo?

No es fácil entender a Blythe si no entiendes su pasado, y quería profundizar en la idea de cómo aprendemos a ser madres y qué nos han dejado las mujeres de las que venimos, de forma consciente o no. Hice unas cuantas pruebas sobre cómo cruzar estas líneas narrativas: las historias de la abuela de Blythe, Etta, y la de la madre de Blythe, Celia, son historias individuales, pero quería trazar una serie de paralelismos en la vivencia de la maternidad de las tres, como hijas y como madres. También quería que quedara cierta ambigüedad sobre lo que la propia Blythe sabe seguro de su propio pasado, lo que le ha contado su padre y lo que ella ha ido induciendo por su cuenta, porque creo que eso nos pasa a casi todos con nuestra historia familiar. Cuando dimos con el formato definitivo de la historia de fondo con Etta y Cecilia, una de mis editoras comentó que se leía como un cuento de hadas negro comparado con la narración del presente de Blythe; espero que esto les toque una fibra sensible a los lectores.

4. Como sucede en muchas historias de niños que hacen cosas malas, El Instinto toca la idea de “naturaleza contra crianza”: cuánto de la personalidad de cada uno viene ya dada y cuánto se lo debemos a otros. ¿Qué opinas tú de esta antigua discusión, y cómo se afronta en la novela?

Me fascina pensar en qué grado cada persona es fruto a la vez de su naturaleza y de su crianza. ¿Qué hace que alguien que se ha criado con amor y actitud positiva se comporte despiadadamente? ¿Y cómo hace alguien que ha sufrido una infancia especialmente traumática para romper por completo con ese ciclo de malos tratos hacia los demás miembros de su familia? Cuando oigo o leo algo sobre una persona que ha cometido un delito serio, siempre pienso en sus padres: ¿cuánto sabrían sobre sus hijos?

Me interesa en especial lo que la ciencia está descubriendo sobre los traumas heredados, la forma en que una experiencia emocional severa puede cambiar físicamente las células y el comportamiento de los hijos de esa persona. Y por supuesto, ahora que tengo hijos con mi pareja, me viene a la cabeza muchas veces la idea de “naturaleza versus crianza”, a medida que vamos viendo cómo se desarrollan y cómo actúan. Es algo increíblemente interesante de observar. En El instinto, los lectores analizan, a la vez que Blythe, la forma en que ella se fue formando como madre sin poderlo evitar, y cómo ella a su vez da forma a su hija Violet: por supuesto, la respuesta a todas estas preguntas no es una sola, clara y definitiva, y creo que eso contribuye a que la novela tenga cierta ambigüedad en todo su desarrollo.

5. Las expectativas de Blythe hacia la maternidad acaban por estar muy alejadas de su experiencia real. Convertirse en madre no es lo que pensó, y su hija no es la que ella imaginaba. Aunque la historia de Blythe es muy particular, ¿crees que esto les suele suceder a los padres?

Una amiga me contó una vez que a una de sus amigas, según le confesó ella misma, no le caía bien su hija, y no porque estuviera pasando alguna fase especialmente complicada, sino porque realmente no le caía bien como persona. Yo hasta entonces jamás había oído hablar de una madre que se expresara con esa franqueza. Ahora cada vez hay más espacio para que las mujeres hablen y compartan con sinceridad sus sentimientos sobre las expectativas fallidas de la maternidad, pero aún existen verdades tabú que las mujeres apenas cuentan a nadie, como la de lamentar la decisión de haber tenido un hijo, o la de no sentir el amor que esperaban sentir. Nunca he conocido a una madre que diga que su experiencia de la maternidad es exactamente la que esperaba, o que sus hijos eran exactamente los que había visualizado, y sin embargo se suele hablar de la maternidad con las frases hechas y los lugares comunes que, según nos enseñan, se esperan de nosotras cuando tenemos hijos: “El trabajo más importante del mundo”, o “Los días se hacen largos, pero los años pasan volando”. ¿Y qué pasa si a ti resulta el peor trabajo del mundo? ¿O si cada año te parecen diez? Esas opiniones ya no son parte del discurso aceptado sobre la maternidad, pero creo que muchas mujeres se sienten reflejadas en ellas.

6. El instinto es también la historia de un matrimonio, y de la presión que la paternidad ejerce sobre las parejas. ¿Nos puedes hablar un poco sobre la relación entre Blythe y Fox en tu libro, y cómo se va deshaciendo con el tiempo?

Cuando Blythe y Fox empiezan su relación, muy jóvenes, ambos encuentran en el otro algo especial que llena un hueco, pero junto con eso aparecen unas expectativas para toda la vida sobre el otro que ninguno de los dos es capaz de mantener a largo plazo. Blythe no consigue ser la madre perfecta que finge que son la familia perfecta, y Fox no consigue aceptar esa faceta de ella. El resentimiento que se va desarrollando en la relación llega a ser demasiado para que ninguno de los dos pueda soportarlo, posiblemente ya antes de que empiece a asfixiarlos un terrible dolor que cada uno experimenta de una forma muy distinta.

Creo que es muy interesante discutir si Fox es o no es un buen padre: ¿sacrifica su relación defendiendo a su hija? ¿Qué papel debe tener prioridad dentro de la familia, el de padre o el de pareja? Me parece que son muchos los matrimonios que se verán reflejados en ese conflicto de equilibrios entre los dos roles, sobre todo después de haber experimentado la forma en que la paternidad cambia inevitablemente las relaciones.

7. ¿Hiciste alguna investigación particular para El instinto, de la que extrajeras alguna consecuencia importante?

Hice gran parte de la investigación cuando ya estaba en la fase de revisiones, cuando tenía presente que debía hacer que ciertas cosas tuvieran sentido desde un punto de vista psicológico. En cierto momento le pedí a una psicóloga que leyera el manuscrito teniendo muy presente el punto de vista de la sensibilidad psicológica. También encontré varios estudios muy interesantes, en especial uno de 1975 publicado en The American Academy of Child Psychiatry titulado “Fantasmas en la habitación del bebé”, frase que me parece una gran metáfora sobre la relación entre las propias experiencias de una madre en su primera infancia y la forma en que trata a sus hijos. Y encontré también, leyendo sobre las relaciones matrilineales,  la preciosa cita que abre la novela: es de un libro titulado When the Drummers Were Women: A Spiritual History of Rhythm, de Layne Redmond, en la que cuenta que cuando una mujer está embarazada de su hija lleva en su interior los óvulos de sus nietos. Me fascina esta cita, que encarna el alma de la novela.

8. En el libro hay muchos momentos en los que Blythe siente que se ha vuelto loca, como si fuera la única persona que ve la verdad. Y sin embargo, el lector no llega nunca a considerarla como un narrador no fiable de los que solemos encontrarnos en los thrillers. ¿Cómo manejaste este delicado equilibrio?

Si te soy sincera, ¡no lo sé! Quizá esto se deba a que la novela está escrita como una especie de autobiografía de Blythe, y se dirige a su lector, que es su marido, en segunda persona, con “tú”. Esta es su versión de la historia. Para el lector, este punto de vista tan personal le da la impresión de que ella cree de verdad en su versión de lo que ha sucedido: ella no tiene la menor intención de engañarlo, aunque por supuesto a lo  largo de la historia surgen dudas sobre lo que es verdad y lo que es ficción. También pensé que era importante que pudiéramos sentir una empatía muy sustancial hacia Blythe, que podamos identificarnos con ella en lo más profundo: no quería convertirla en otro cliché de la mala madre sin arreglo. Espero que las lectoras puedan verse a sí mismas en algún rasgo de Blythe a medida que leen.

9. El instinto puede ser una lectura especialmente adecuada para las madres, pero también trata de los miedos y las preocupaciones que lastran a las mujeres en general, y sobre lo que sucede cuando nadie las escucha ni las cree. ¿Puedes hablar un poco sobre esto, y sobre cómo enlaza con el momento actual?

Bueno, si miramos en la situación en conjunto, todavía vivimos en una época en la que muchas veces se pone en duda, se ignora o se minusvalora la opinión de las mujeres, sin razón alguna. Esto lo hemos visto en multitud de ocasiones, en la forma en que la sociedad trata a las mujeres que alzan la voz en público, y en cómo los problemas que afectan a las minorías femeninas se infravaloran, se pasan por alto o se les niegan los recursos. Es cierto que estamos viendo que en todas estas áreas se está cambiando a mejor, pero es innegable que en términos generales esta actitud global de la sociedad afecta a las vidas privadas de las mujeres una por una, en especial a las mujeres de las minorías, que pueden sentir que sus palabras se encuentran siempre con oídos sordos, cuando no algo peor.

El que te ignoren, no te crean o te hagan luz de gas puede ser una forma de trauma. La idea de la “loca”, de la “madre histérica” no es de hoy, y da pie a que las mujeres sientan miedo y se callen, sobre todo cuando hay un desequilibrio de poder. En El instinto, Blythe experimenta algo de todo esto a su alrededor: lo que ella cree es inconveniente, es inquietante, y tiene consecuencias complicadas, así que las personas que la rodean la hacen callar. Convierten el problema en un problema de ella, y la empujan a una situación de la que es difícil salir.

10. Hasta ahora habías trabajado en el departamento de prensa y comunicación de una editorial. ¿Qué se siente al estar al otro lado, como autora debutante?

Trabajar en comunicación me dio una perspectiva privilegiada de todo el proceso editorial… y me ha servido para no exagerar en mis expectativas. Sé, porque he estado en el otro lado, que el que un libro funcione es mitad un arte y mitad una ciencia. En el sector editorial la imprevisibilidad es enorme, y eso es entre otras cosas lo que lo hace tan fascinante. Mi experiencia también me ha permitido saber cuánta gente hace falta para que una novela llegue a manos de los lectores: es increíble cuántos esfuerzos hay que poner en común, desde el corrector de pruebas al diseñador pasando por el equipo de márketing a los vendedores de calle, y sin olvidar a los editores, con los que se trabaja tan estrechamente para que el libro acabe teniendo la mejor forma posible. En la trastienda del mundo editorial hay muchísima pasión, y ahora que estoy en el lado de los autores la siento especialmente. El departamento de prensa y comunicación tiene un papel especialmente emocionante en este proceso, y cuando un plan de promoción bien concebido funciona es una satisfacción inmensa… pero también es  un trabajo muy duro porque los medios de comunicación están en constante cambio, y a veces resulta muy difícil manejar las expectativas de todos los implicados en el proceso. Y más en estos días. Así que agradezco hasta la última muestra de interés que reciba El instinto, porque sé que eso representa un esfuerzo incansable desde el otro lado.

11. El instinto es el perfecto “page turner”, el libro imposible de soltar, que uno puede devorarse de una sentada. ¿Qué consejos o qué trucos puedes darnos para crear suspense? ¿Qué autores o títulos de este género admiras especialmente?

Gracias. Es probable que el ritmo y la intensidad de la novela vengan marcados por la forma en que lo escribí y lo corregí: en periodos de tiempo muy cortos, muchas veces contrarreloj antes de que fuera la hora de volver con mis hijos. Me gusta leer libros escritos en capítulos cortos y potentes, los que me hacen pararme un segundo antes de volver la página, y creo que eso se nota en la estructura de El instinto. También hice muchas, muchísimas, revisiones y corté mucho; en un momento dado, reescribí por entero tres cuartas partes del libro, y todo ello me permitió concentrarme capa por capa en cada uno de los personajes y en el hilo del relato.

Siempre me he sentido atraída por las historias oscuras y profundas que analizan las vidas de las mujeres hoy, sobre todo las de las madres (creo que se nota). De adolescente, me fascinaron algunos libros muy populares entonces, como La flor del mal, de Janet Fitch, o En lo profundo del océano, de Jacquelyn Mitchard, más que los thrillers o las novelas de misterio más tradicionales. Como lectora, adoro siempre un libro que no puedo parar de leer porque quiero saber el porqué o qué sucedió, pero al mismo tiempo quiero que esté escrito de forma que pueda deleitarme con cada frase. Y ahora hay tantas escritoras magníficas que están llevando a la perfección este tipo de lectura de suspense: Leila Slimani, con Canción dulce; Celeste Ng, con Pequeños fuegos por todas partes; Helen Phillips, con The Need; Marjorie Celona, con How a Woman Becomes a Lake, o Elizabeth Kay con Siete mentiras. Estas son algunas de mis favoritas últimamente, pero podría seguir mucho más.

12. ¿Qué esperas que los lectores se lleven de El instinto?

Espero que El instinto sea una novela que no puedan dejar, que lean hasta la madrugada… que es el tipo de libro que a mí me encanta descubrir. Y también espero que El instinto les resulte relevante, que dé pie a conversaciones entre las lectoras. Conversaciones sobre las expectativas de la maternidad, sobre lo que les debemos a nuestros hijos y sobre el peso de la paternidad en el matrimonio. Y también sobre lo que sucede cuando no creemos en la verdad de una mujer.

El instinto Entrevista Ashley Audrain

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