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Construir una vida en un mundo de desigualdad
Magdalena Modesto Castro comment 0 Comentarios

“Kim Ji-young tiene treinta y tres años. Se casó cuando tenía treinta y tuvo una hija hace un año. Vive de alquiler en un apartamento de unos ochenta metros cuadrados, dentro de un megacomplejo de edificios residenciales de la periferia de Seúl, con su marido, Jeong Dae-hyeon, que tiene tres años más que ella, y su hija, Jeong Ji-won. Él trabaja en una empresa tecnológica no muy grande y ella renunció al empleo que tenía en una pequeña agencia de relaciones públicas cuando dio a luz. Él vuelve del trabajo casi a medianoche, e incluso acude a la oficina los fines de semana, en sábado o en domingo. Ella se encarga de cuidar a su hija, sin nadie que la ayude”.

Así comienza la novela de Cho Nam-Joo, Kim Ji-Young, nacida en 1982 (Alfaguara, 2016) donde se muestra de forma clara el panorama social, familiar e incluso político en el que Kim Ji-Young, sus antepasadas, sus contemporáneas– y seguramente su hija cuando crezca- intentan construir una identidad propia y, a su vez, una vida afín. A lo largo de toda la novela la autora insiste en el mismo tema incómodo: la desigualdad de género. Increíble resulta que la novela se desarrolla a lo largo de varias décadas en Corea del Sur, lugares y épocas distantes a nosotros pero, a su vez, increíblemente cercanas gracias a la capacidad que tiene la autora de aproximarnos a ellas para después darnos cuenta de que no está contando las experiencias singulares de la protagonista, sino las vivencias comunes de las mujeres a lo largo de los continentes, aunque pinte estas experiencias con las costumbres y normas sociales surcoreanas.

Imágenes con olor a comida coreana, la intimidad de la vida de Kim Ji-Young entre las paredes de su casa, remolinos de pensamientos y emociones entre el deber ser madre y el querer ser profesionista en la oficina. Muchos momentos de confusión y siempre la culpa de no cumplir con la expectativa social y marital de ser sólo mujer, madre y esposa.

Este trabajo literario de Cho Nam-Joo es tan rico y fiel a la experiencia femenina porque ceció, precisamente, a partir de la vida de la autora. Su libro fue bestseller quizá por estar tan impregnado de sentires personales y de muchos datos estadísticos y sociales sobre el desenvolvimiento de las mujeres en el área privada y pública en Corea del Sur. Y es que ella vivió en carne propia la demandante situación de abandonar un trabajo que le gustase para ejercer su maternidad, un poco forzada, pues pocos son los padres que piden licencia de paternidad en sus trabajos; tal como lo cuenta la autora. La relación entre la vida de Cho Nam-Joo y Kim Ji-Young resulta total y es muy probable que ella esté por completo de acuerdo en esta afirmación porque el libro devela una necesidad palpante de que tanto los lectores como la sociedad coreana -y todas las sociedades- tengan un acercamiento tan palpable con este hecho. Y, en realidad, a los 360 grados de la experiencia femenina, que es, de hecho, lo que comparte de manera tan nítida en su novela.

Cho Nam-Joo nació en 1972. Su protagonista en 1982. Diez años en realidad no hacen diferencia en la gran brecha de género social, política y sexual que aún en la actualidad existe puntualmente en Corea del Sur; incluso en Seúl, la ciudad más grande y desarrollada del país. Mientras la autora estuvo desempleada y dedicando sus días y energía a su hija, juntó datos sociológicos sobre las desigualdades entre hombres y mujeres para sustentar la desgarradora realidad narrada en Kim Ji-Young, nacida en 1982. El impacto de la novela no se queda solo en los posibles sentimientos encontrados de frustración y angustia que pudiesen experimentar las lectoras al leer la novela, tampoco en las opiniones que puedan tener los lectores surcoreanos de la misma; sino que avivó las denuncias de acoso sexual y discriminación que lidera el movimiento #MeToo, vigente también en Corea del Sur.

Esta novela nos invita a fijarnos en la cotidianidad y en sus muchas dinámicas, detalles y relaciones sociales que guían nuestros días y nuestros sueños. ¿Son todas elecciones propias o hay algo oculto que abre paso a nuestras decisiones? Si nos tomamos de la mano con Kim Ji-Young nos será más sencillo y menos doloroso enfrentar las muchas violencias de género que configuran nuestra vida e incluso nuestros deseos más subjetivos. Decidir, opinar, actuar, afrontar en pro de nuestra identidad propia como mujeres, como seres humanos con derechos de libertad de ser es por lo que nos invita a pelear.

Cho Nam-Joo

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