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Clarice Lispector: colmillo estético
Bruno Fuentes comment 0 Comentarios

“Después de todo, ¿qué querían? No lo sabían, y se usaban como quien se agarra de rocas pequeñas hasta que puede alcanzar por sí mismo la más grande, la difícil y la imposible; se usaban para ejercitarse en la iniciación; se usaban impacientes, ensayando uno con el otro la forma de agitar las alas para al fin –cada cual solo y libre- emprender el gran vuelo solitario que también significaría el adiós al otro.”

Esta minuciosa capacidad de síntesis y de condensación de significados es lo que posiciona a Clarice Lispector entre una de las mejores cuentistas latinoamericanas. No es raro encontrar en sus textos al corazón palpitante de la poesía fusionado con la musicalidad de la narrativa, arrojando al lector en el perfecto limbo del género del cuento que pareciera estirar al máximo a la imaginación poética y a la vez compactar a una novela en sus puntos más álgidos. Cuentos como La imitación de la rosa, La mujer más pequeña del mundo, El búfalo, o La repartición de los panes, desafían no solo la naturaleza del relato sino del quehacer literario en general; en ellos se encuentra una relación con la realidad que fácilmente nos puede remitir a una nota periodística, a la vez que a una estrofa o, en ocasiones, incluso a una disertación filosófica. Entre la potencia de sus imágenes y la dimensión psicológica que sus personajes adquieren en tan solo unos cuantos párrafos, los cuentos de Lispector sumergen al lector en un Brasil único y privado, presa del fuero interno de la autora, pero también nos llevan a esa vida, a esos espacios y acontecimientos tan particulares de toda la narrativa y cultura latinoamericanas donde la superstición, la fantasía y el inconsciente colectivo consolidan un solo e indivisible núcleo imaginario, que seduce mientras que aterra por su simultánea distorsión y precisa aprehensión de la realidad.

Proveniente de la ciudad de Chechelnik, en Ucrania, Clarice Lispector llega a Brasil a muy temprana edad. A los diez años pierde a su madre y poco después se muda con su padre a Río de Janeiro, donde más adelante cursa la carrera de Derecho a la vez que empieza a incursionar en el periodismo. Lectora voraz desde la infancia, narra en varios de sus textos cómo sus personajes se desvelan y hasta se desgastan completamente absortos por los libros, poseídos por el bicho de la literatura. La constante relación dialéctica entre la lectura y la vivencia es un tema que permea toda su narrativa, pero sin caer en el lugar común de la metaficción, sino más bien como un ingrediente más dentro del misterio que incesantemente envuelve a sus personajes. Y quizás sea éste uno de los elementos que más cautiva de sus historias; el misterio, lejos de ser desentrañado, constituye en sí mismo su propia explicación. Los cuentos de Lispector ni ocultan ni develan: exponen la inherente respuesta al interior de toda interrogativa. La duda es la respuesta; la lleva en sí. De esta manera, el raciocinio pasa a ser no más que un andamiaje indispensable para que la psique, ávida de lenguaje, encuentre su camino hacia el fin último: la creación. Y esta carga filosófica de sus textos encuentra su perfecto reflejo en la interacción entre los personajes, así como en la vida interna de cada uno.

Entre sus cuentos más arriesgados, está “La pecadora quemada y los ángeles armoniosos”, de la colección Fondo de cajón. Escrito más a modo de teatro que de narrativa, con un uso de lenguaje barroco y retórico que rápidamente nos remite a los textos clásicos del Siglo de Oro de la literatura española, en pocas páginas vemos librarse una batalla espiritual entre el humano, el Estado y las fuerzas divinas, a raíz de un caso de adulterio en el que la autora ingeniosamente exhibe las contradicciones del amor y del deseo, que nos conducen siempre al autoengaño, a la traición y a la fatalidad. En cuentos como éste se trasluce con claridad el trabajo crítico de Clarice Lispector (que siempre mantuvo a la par del narrativo), pues además de poseer ese colmillo estético tan característico de la autora, presente en toda su literatura, se distinguen también sus preocupaciones teóricas en torno al lenguaje y el conocimiento. El eterno conflicto de la primacía entre el mythos o logos acompaña al texto de principio a fin, abriendo con un cuestionamiento por el origen de las pasiones y cerrando con una fría, incisiva, contundente afirmación en torno al origen de lo trágico: “Perdonadlos, pues creen en la fatalidad y por eso son fatales”.

Los cuentos de Clarice Lispector tienen la capacidad de atraer a lectores de todo tipo de intereses, desde los curiosos por la cultura brasileña hasta los estudiosos de la filosofía del lenguaje, seguidores de lo fantástico, amantes de amores y desamores, y, desde luego, cuestionadores del género y la sexualidad.

Clarice Lispector. La mirada en el jardín

La mirada en el jardín es un viaje al que nos invitan las hermosas ilustraciones de Nuria Meléndez, bajo la pluma de Daniela Tarazona, por todas esas Lispector que Clarice se fue construyendo a lo largo de su vida: sus miedos, sus búsquedas, sus intuiciones. Desde Aprendizaje libro de los placeres hasta los seudónimos bajo los que escribió Lispector en una revista para mujeres, la magia increíble de su literatura se desvela sutilmente en esta biografía literaria.

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