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20 cuentos en 2020
Maricela Ochoa comment 0 Comentarios

En Cuentos de maldad (y uno que otro maldito), Alma Delia Murillo presenta 20 cuentos. 20 historias que en determinado punto develan el lado oscuro de sus protagonistas y como lectores nos involucra en esas situaciones.

La autora dice que las bromas son un ejercicio liberador. Dice que así es la transgresión. Seguramente tiene razón. Al comenzar la lectura de este libro casi me dio un shock. ¡Cuánta maldad! Sin embargo, no podía acusarla, ella lo advirtió desde el título. Ella era inocente.

Solté el libro un par de días. Fui a leer en la página web de Alma Delia que los protagonistas de sus cuentos iban a pasar de “buenas personas” a convertirse en seres insolentes en pos de conquistar sensatez y autonomía.

Después, en una entrevista, dijo que le salieron cuentos de venganza ante la injusticia. Escucharla decir eso provocó que retomara la lectura en el tono adecuado. Esta lectora se reportaba lista para disfrutar “el Lado B, oscuro y maligno” – como ella le dice– que pinta en sus cuentos.

Al identificarme con más de uno de los personajes entendí que compartimos un mismo sentido del humor. A partir de ese momento, la lectura fluyó y la disfruté hasta el final.

Alma Delia Murillo se declara una fan del género por considerar que el cuento es precioso, breve, poderoso. En algún momento ha dicho que su narrativa es de violencia ficticia, pero ni busca promover la violencia, ni pretende ofender a alguien.

En la citada entrevista, afirmó que este es un texto para reconciliarnos con los impulsos que provoca el cansancio ante las injusticias. Estas pueden ser provocadas por delitos como sucede en “Jackie”, la historia de una repartidora de UberEats.

Habitante de la otrora Gran Tenochtitlán, la autora da pinceladas en sus cuentos de diferentes zonas de la capital del país y su área metropolitana. Se refiere a diferencias económicas y sociales, como ocurre en “El dedo de Dior”, cuya protagonista casi se desquicia al trabajar en Polanco y mirar los precios obscenos de los escaparates de Presidente Mazaryk, que la hacen desear lo inalcanzable. En “Severiano y los tamales del amor” nos lleva desde la Condesa hasta los límites del Estado de México.

Toca fibras sensibles en diferentes momentos, como cuando se refiere al celular como mascarilla de oxígeno, en “Lady Gargajo”, o cuando nos recuerda que en 2017 abrazamos las piedras y obedecimos las instrucciones en labores de rescate, como relata en “Diablo frágil” o hace que vaya in crescendo la rabia ante una mala atención en un banco “De clase mundial”.

Para deslindarla de la regionalización, cabe decir que hay otros cuentos que podrían suceder en cualquier lugar, como sucede en “El último de los Godínez”, “Pensamiento lógico” y “La mesa de siempre”.

Esta es una invitación a leer Cuentos de maldad (y uno que otro maldito), donde el pensamiento mágico se convierte en una vía de liberación. Hay que entrar al juego e ir hilvanando la lectura. La reivindicación justiciera de los personajes le reduce la dosis de maldad a las historias.

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