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Una Ilíada bien chilanga
Fabián Espejel comment 0 Comentarios access_time 5 min de lectura

Si el texto de Homero, la Ilíada, es uno de tus libros favoritos, debes leer La ciudad antes llamada Distrito, de Sandra Olguin.

Canta Sandra Olguin (Ciudad de México, 1987), en La ciudad antes llamada Distrito, la cólera del policía “Maromero”, integrante de los Agrios, un grupo de oficiales que extorsiona a los comerciantes de un mercado del “Distrito”, la megalópolis en la que se sitúa la narración. En su primera novela, Olguin invoca el ruido de las calles, la corrupción y el abuso de autoridad para contar la lucha de dichos comerciantes —liderados por el tortero Ignacio—, hartos de pagar cuotas mensuales, contra el bando de los Agrios.

Si le entraste a la lectura colectiva de #Homero2019 y estás picado con la Ilíada, La ciudad antes llamada Distrito (Caballo de Troya, 2018) es una novela que deberás agregar a tu lista de libros por leer. La literatura basada en el gran poema homérico es abundante y políglota (va desde Virgilio hasta Baricco). Sin embargo, la novela de Sandra Olguin nos ofrece una recreación original y muy citadina de la guerra entre aqueos y teucros, vueltos policías y comerciantes de una ciudad muy, muy parecida al Exdistrito Federal.



La ciudad antes llamada Distrito, de Sandra Olguin canta el arrebato (berrinche) del Maromero, un joven oficial que decide abandonar a los Agrios y a su jefe Raymundo, pues éste le quitó su parte del botín proveniente de una redada. La deserción del policía más temido provoca que, como en el poema griego, los comerciantes tomen ventaja de la situación, por lo que Ignacio y otros vendedores deciden enfrentarse a los policías. Aunque en la novela no hay dioses que estén a favor o en contra de los bandos, jefes delegacionales y otros personajes encumbrados irán virando y ejecutando las pautas del destino, como si fueran Hera o Zeus.

Todo parece ir favoreciendo al bando del mercado hasta que Chema, el amigo más querido del Maromero, le pide prestado su uniforme para hacerse pasar por él y apoyar a los Agrios en el clímax de la batalla casi perdida. El funesto resultado, haz de calamidades, definirá el destino de la guerra en los pasillos del mercado. Pero el lector no debe mostrarse confiado en que el Raymundo homérico se llame Agamemnón, ni pensar que las contiendas sean a caballo y con espada: tampoco hay rapto de Helena ni heroísmos.

Entre las páginas de La ciudad antes llamada Distrito bulle la energía y la hostilidad de la capital mexicana y sus habitantes. Aunque hay ambientes y nombres que pudieran recordarnos a La región más transparente, Sandra Olguin da el mismo peso a los personajes y los ambientes en los que se desenvuelven. La novela se dedica hábilmente a tejer las peripecias de los comerciantes y policías, sus frustraciones, la violencia, los intereses personales y la corrupción a la que se enfrentan o de la que forman parte.



Esta narración expone los claroscuros (más oscuros que claros) de una peste que no mandó Apolo para vengarse de los aqueos, sino que brota de los sistemas fallidos, la indiferencia y las complicidades entre servidores públicos que afectan a los más vulnerables: los ciudadanos comunes y corrientes. La épica homérica fundó —a través de hazañas— los cimientos de una civilización; la narración olguiniana nos revela —por medio de acciones que todos hemos escuchado afuera de los libros, en chismes o en los puestos de periódico— la podredumbre de las instituciones.

Con un lenguaje ameno, bien narrado en cada página, Sandra Olguin combinó en 24 capítulos —o rapsodias— el primer pilar de la literatura occidental con las calles, barrios y figuras de una Ciudad de México ficticia, ofreciendo a los lectores de la CDMX y mexicanos —y a cualquier otro que viva en una gran ciudad— una historia llena de intensidad que los mantendrá al borde de una kátharsis o ‘purificación emocional’ constante. La ciudad antes llamada Distrito es un libro que atrapará a cualquier lector, conozca o no previamente la Ilíada.

Pero ésta es también la historia del valiente Ignacio, domador de caballos, o de Héctor, el tortero, cansado de darle su lana a los polis corruptos, cansado de temerle a los Agrios, llenando de angustia a su esposa Andrómaca/Andrea al volverse la voz de los comerciantes hartos. El lector compartirá con este noble personaje sus ilusiones y su desesperanza, sus decisiones y sus errores, que hacen de la novela una obra entrañable y admirablemente apegada a lo que ocurre en los poemas y, al mismo tiempo, en la vida real.

Publicado originalmente en Dónde Ir

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