Un alto en el bosque de Oates

Era alguien que sentía con fuerza, y eso es el principio de la poesía.

Robert Frost, “Mágico, sombrío, impenetrable”

Joyce Carol Oates se escribe sola. Uno dice su nombre y un arsenal de relatos, poesía, novelas, obras de teatro, ensayos, textos infantiles y juveniles, cátedras, premios, entrevistas y la constante, aunque siempre insatisfecha respuesta, a la pregunta: ¿cómo diablos escribe tanto?, lo resumen casi todo. En medio del centenar y pico de textos literarios que conforman su obra, se desglosa la inquietud de confirmar si la calidad literaria de este tipo de autores se sostiene al paso de tan abrumador número de publicaciones. Nadie es tan impecable todo el tiempo y a cada galopante idea que surge, ¿cierto? Entonces, ¿qué decir de Mágico, sombrío, impenetrable?

Comenzaré con esa clase de información biográfica ―en este caso bibliográfica― elemental sobre el libro: esta obra es una colección de trece relatos que bajo el sello de Alfaguara se publica por primera vez en México. Una obra polémica por la aparición del doceavo relato, en donde aparece, a manera de entrevista, la figura ficcionalizada del autor que dio nombre ‒con su poema Stopping by Woods on a Snowy Evening‒ a la colección de Oates: Robert Frost.

Sin embargo, eso no es más que la verdad literal, como diría el Frost de Oates. La autora comenzó su escritura inspirada por su lectura de Alicia en el País de las Maravillas a los nueve años. Un asunto que de principio me conmueve un poco, porque ¿cuántos niños a los 9 años leen completo el libro de Carroll, lo entienden, lo transforman y les incita a la escritura? Pocos, sin duda; Borges y ella. De su primera identificación con Alicia, Oates pronto empatizó con el autor de esa obra, con su labor y con la experiencia de la escritura. De autores consagrados, ficción, cómic, poesía, etcétera, Joyce C. Oates se apropió de su exploración hacia las emociones más nebulosas (por decir las más humanas) y sus diversas formas de traducirlo a la escritura, con el fin de intentar dar respuestas plausibles a eso que tanto nos enmudece. Mágico, sombrío, impenetrable nos encuentra en medio de una forma de vida que intuimos poética en tanto que no deseamos asumirla dentro de lo real y lo palpable de la experiencia humana. Lo que nos forma, en palabras de Oates, no es la literatura sino las experiencias profundas y emocionales con las personas: “las influencias literarias pueden ser lo formal, es posible que ellas te muestren la forma de organizar el material, pero son estas experiencias profundas las que determinan mucho de lo que somos”. De modo que el texto nos enfrenta a la mismísima esencia que nos construye como humanos. La experiencia de sentir la vida y expresarla con todo lo mágico, sombrío e impenetrable que tiene dentro.

El dolor es una contusión que se quiere apretar para comprobar que es de verdad una contusión y que el dolor que produce es natural.

“Desapariciones”, Mágico, sombrío, impenetrable

Estas trece historias, contadas a modo de relatos góticos, exploran las ansiedades y miedos de distintas voces que tropiezan con la muerte y lo que eso significaría en sus vidas. De aquellos que aman, engañan, mienten, desconocen, envidian, gritan, seducen, golpean, alaban, sufren, esconden… en fin, de aquellos a los que siempre nos cuesta más trabajo reconocer por miedo a identificarnos. Sus historias se convierten en un espejo con hendiduras. Un espejo que al recibir cualquier luminiscencia absorbe y arroja todo de ella a nuestras caras, permitiéndonos ver las obsesiones de la edad, el tiempo y lo violento que resulta el simple acto de mirar la vida. Algunos relatos son más enérgicos que otros, pero todos tienen la capacidad de ponernos a prueba y desafiarnos a seguir leyendo la inagotable pluma de Joyce Carol Oates.

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