Tuya… o de corazones ocultos, pintados con rouge

Claudia Piñeiro dibuja con precisión y humor negro la mentalidad de una mujer de clase media, preocupada por las apariencias; por preservar su comodidad, a costa de lo que sea, a costa incluso de la familia que creía estar protegiendo.

“Lo importante era saber si ese papel significaba algo importante para él, o no. Porque en definitiva, y por más que a una le pese, a toda mujer, en algún momento, le meten los cuernos”
A Inés le bastaba con decir “Erni, ¿duermes?” para que su esposo supiera que debía cumplir diligentemente el hábito amatorio. No había sobresaltos en la rutina, todo atendía a una mustia perfección.

  1. Hasta que apareció esa palabra pintada con labial rojo “Tuya”; qué pésimo gusto pensó Inés. En lugar de comenzar una guerra de dimes y diretes contra Ernesto; cauta y mesurada aguardó a que Tuya diera alguna señal; la obtuvo pronto. El teléfono sonó, su marido avisó que saldría. Inés necesitaba ver qué tan serio era aquello, qué tan “enredado” estaba su esposo. Sale tras él.
  2. Desde su escondite los ve, la ve. Tuya solía caerle bien, qué lastima, no la habría imaginado capaz de hacer una vulgaridad como la de escribir con labial rojo.

Hasta ese instante, parece un cuadro cualquiera de infidelidad, un cuadro sin relevancia, pero entonces todo cambia: sucede el crimen.

Pero Inés había visto demasiadas series policiacas; sabía como resolver aquello.

Mientras dedica cuerpo y alma a la desaparición de las evidencias, con una tranquilidad que por momentos asombra y tal vez asusta; su hija Laura —Lali para los de casa— afronta graves problemas que podrían sacudir la cotidianidad y la pasmosa necesidad de perfección de la madre.

Con un cinismo que raya en la inconciencia, Inés se encarga de encubrir todas las pistas que puedan incriminar a su familia, pero en este libro cargado de intrigas, eso era solo una apariencia. Como todo en la absurda cotidianidad.

Inés se vanagloria pensando que su inteligencia práctica le ha conseguido el amor y la devoción de Ernesto para toda la vida, pero la vida —aun la de Inés que parece tan perfecta—volátil y cambiante, nuevamente da paso a la traición.
Claudia Piñeiro dibuja con precisión y humor negro la mentalidad de una mujer de clase media, preocupada por las apariencias; por preservar su comodidad, a costa de lo que sea, a costa incluso de la familia que creía estar protegiendo.
Inés, la protagonista, pese a lo que pudiera pensarse, resulta ser un gran personaje con varias capas de pensamiento que permiten al lector discurrir entre la critica y la identificación, en una lectura que fluye entre una vuelta de tuerca y otra. Resulta perfecta para cualquier lector en cualquier momento; una buena dosis de suspenso con personajes bien estructurados y un final que desafía toda suposición.

 

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