Truman Capote

Otras voces, otros ámbitos (Debolsillo, 2013), su primer novela, lo consagró como una de las jóvenes revelaciones del panorama literario mundial, a la que seguirían obras como El arpa de hierba (1951), Se oyen las musas (1956) y Desayuno en Tiffany’s (Debolsillo, 2013). En 1966 se publicó la que se considera su obra maestra, un libro que marcó época e inauguró un género: el nuevo periodismo. A sangre fría (Debolsillo, 2012) cuenta el suceso real del asesinato de la familia Clutters y en 1967 fue llevada al cine por Richard Brooks.
A lo largo de los años setenta y ochenta Capote inició un lento declive autodestructivo que lo llevaría a su propia muerte. Póstumamente se publicarían los fragmentos de lo que él había imaginado como su obra maestra: Plegarias atendidas. Truman Capote sigue siendo uno de los autores más polémicos y coloridos de Estados Unidos.
A pesar de que escribió sólo un puñado de libros, su estilo de prosa impecable y su conocimiento de la psicología del deseo humano hacen de su obra un ejemplo extraordinario de su genio. Su estilo de vida extravagante y bien documentado con frecuencia ha eclipsado sus dotes como escritor, pero con el tiempo su obra ha sobrevivido a la celebridad.

Hasta una mañana de mediados de noviembre de 1959, pocos americanos –en realidad pocos habitantes de Kansas– habían oído hablar de Holcomb.(…) Pero entonces, en las primeras horas de esa mañana de noviembre, un domingo por la mañana, algunos sonidos sorprendentes interfirieron con los ruidos nocturnos normales de Holcomb… con la activa histeria de los coyotes, el chasquido seco de las plantas arrastradas por el viento, los quejidos lejanos del silbido de las locomotoras. En ese momento, ni un alma los oyó en el pueblo dormido… cuatro disparos que, en total, terminaron con seis vidas humanas. Pero después, la gente del pueblo, hasta entonces suficientemente confiada como para no echar llave por la noche, descubrió que su imaginación los recreaba una y otra vez… esas sombrías explosiones que encendieron hogueras de desconfianza, a cuyo resplandor muchos viejos vecinos se miraron extrañamente, como si no se conocieran. (A sangre fría)

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