Toda la vida

El monólogo dice que cuando gobernaron el país

los militares se perdieron todas las guerras,

cuando lo gobernaron los licenciados

se violaron todas las leyes, cuando

lo gobernaron los economistas

quebraron la economía.

Héctor Aguilar Camín presenta en Toda la Vida un recorrido por la ciudad de México. Se trata del recuerdo de una generación de jóvenes de bachillerato situados en la época de los setenta, contado en su adultez, unos 30 años después.

Serrano es quien narra la historia. Es un escritor que busca hacer un libro sobre un suceso de su juventud: el asesinato de una de las personas que más influencia tuvo en su vida, el Catracho Clotaldo. No es que haya sido su mejor amigo ni alguien cercano a él, sino que este evento marcó su futuro al ser un homicidio ordenado por la hermana de su amada Liliana.

Tampoco es que ella haya sido su novia en ese momento. Liliana andaba con el Pato Vértiz, un líder porril, vinculado con la política, quien tenía los mecanismos para llevar a cabo el atentado. A pesar de eso, Serrano siempre tuvo la mirada en ella, con ojos un tanto insistentes.

Él, por su parte, parece estar de paso, expectante de su entorno y receptivo a las emociones que pudiera sentir Liliana a partir de la muerte de quien fue sólo algunas semanas su cuñado.

Dorotea, hermana de Liliana, resulta que después de una pelea con el Catracho, y al darse cuenta de sus infidelidades y juegos, convence a Liliana para que chantajee a su novio, el Pato Vértiz, para que cometa el delito.

En esta cadena de amistades, Serrano llega a la noche del funeral del Catracho. Se entera, a través de la plática de su mejor amigo Felo Fernández, del plan aparentemente efectuado por el capricho de Dorotea, sin embargo, sus sentimientos por Liliana, al ser cómplice de un plan siniestro, no cambian.

Con el tiempo Serrano consigue ser novio de Liliana pero ella huye cada que puede y regresa con él cuando menos se lo espera. Sus conflictos sobre la realidad y la moral hacen que Liliana pierda los estribos y cae en drogas y en redes sexuales. Para Serrano se vuelve un misterio, un alimento por seguir, el salario por el cual trabajar todos los días, aunque sea de mala gana, pero su deseo por ella crece con su distancia.

Pasados los años, la muerte del Catracho marcó los rumbos de absolutamente todos los personajes. Fotografías de esa escena son manipuladas para ofrecer favores políticos y contraatacar al Pato en su carrera hacia una diputación contra Antúnez, quien también estuvo presente en ese momento y cuyo fotógrafo fue otro personaje, Neri, uno más, cómplice del silencio.

Parece que a sus cuarenta y tantos años Serrano buscara, desde las letras, entender lo que pasó esa noche que quitó y dio vida. Dorotea niega tácitamente cualquier muerte, Liliana sólo lo recuerda con alcohol o cocaína en su sistema, el Pato negocia para hablar de ello y Felo se suma, resignado, a la convicción de Serrano por pensar en ordenar todas las piezas, una vez más, como una forma de liberación, de imaginar lo que pudo haber sido y lo que no fue.

Junto con ellos cambia la ciudad, se transforma la política, y los pequeños centros de entretenimiento donde solían divertirse. En su investigación, Serrano se da cuenta que hay una versión diferente de lo sucedido. Capaz de liberar a todos de su culpa, a nadie le interesa, omiten esa verdad y continúan transgresores de su entorno.

Hay novelas históricas que usan la época para contar una anécdota; hay otras que utilizan las anécdotas para contar la historia. Aguilar Camín consigue lo segundo, generar una metáfora de las condiciones de una ciudad y su sociedad en un momento específico.

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