TARDES DE SOL

Sé que es sólo apreciación mía, pero las casas cuyas ventanas apuntan al poniente me parecen muy melancólicas; esa luz dorada que se cuela lenta e inunda las habitaciones en las últimas horas del día me parece una despedida triste y llena de esperanza al mismo tiempo. Me recuerdan mis tardes de infancia en casa de los primos.

Esas largas tardes acostado sobre libros de dibujos, donde Luky Luke se enfrentaba a los Dalton, donde Asterix derrotaba una y otra vez a las legiones del césar y donde Proteo corría aventuras por toda la galaxia (y trataba de enseñarme algo en el ínter). Esos momentos me han acompañado siempre.

Conforme fui creciendo, nunca entendí por qué los libros de dibujos eran sólo para niños, si ahí se trataban todos los temas que se discutían en los libros serios, en los libros “para adultos”. El amor, la aventura, la tragedia, la pérdida y la muerte estaban presentes en muchos de ellos. Las fibras humanas estaban tanto en la literatura como en estos libros llenos de color e imágenes. Nunca dejé de leer ni a unos ni a otros; ambos me alimentaban. Afortunadamente el mundo ha ido cambiando y la novela gráfica se trata ahora más formalmente, ya es un género y trata temas más serios cada vez.

¿Será porque nos hemos vuelto más visuales como especie? ¿Por qué la multimedia y el cine nos han permeado hasta la médula? ¿Quizás porque nos dimos cuenta que la imagen también es parte del lenguaje? Como sea, ahora hay más novelas gráficas y muchas son muy buenas.

Ahora, viendo mi librero noto que Luky Luke, Asterix y Proteo con sus aventuras disparatadas van compartiendo su puesto con otros personajes y con historias más complejas. Ya no sólo son aventuras, sino también emocionantes thrillers psicológicos, dramas épicos o costumbristas y, ¿por qué no?, historias de suspenso y terror.

Los personajes e historias se han ido acumulando y cada uno deja un poco de su propia voz y de sus propios pensamientos. Al igual que en los libros, la novela gráfica nos deja probarnos los zapatos de cada personaje y sentir la historia como si fuera nuestra; y cuando acabamos y cerramos el libro nos deja con la añoranza de recorrer de nuevo esos caminos, de revisitar esos lugares, cercanos o lejanos, pero siempre propios y queridos.

Cuando el día comienza a menguar y veo cómo esa luz dorada avanza lentamente, me dan ganas de tirarme de panza sobre un libro de dibujitos y descubrir algo nuevo.

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