Stephen Hawking, un científico del porqué

Hace un par de años, cuando intentaba convencerme a mí misma de que mi futuro estaba en las matemáticas, y posiblemente algún día en la astronomía, recuerdo una plática con mi profesor de informática en la universidad sobre la figura del gran científico moderno: Stephen Hawking. Aparte de las admiraciones merecidas, comentábamos sobre la sobreexposición de celebridad que el mundo científico había colocado en él. Sin demeritar ninguno de sus hallazgos, investigaciones y aportaciones, Stephen Hawking ha sido por mucho tiempo la figura amigable y enigmática de las llamadas “ciencias duras”, aunque no precisamente sea la mayor ni la única mente brillante que el mundo científico tenga en sus filas. Películas, cientos de referencias, documentales, libros biográficos, camisetas, tazas con sus citas e incluso su emblemática voz han apabullado la escena científica y popular por décadas.

En el 1988, Hawking publicó su libro Breve historia del tiempo, y para sorpresa de todos el libro se colocó entre los más vendidos en Inglaterra por 237 semanas, vendiendo miles de copias y ganándose el título de bestseller científico. El interés de muchos lectores hacia su trabajo sorprendió a todos; de pronto ser nerd comenzaba a verse más interesante fuera del mundo de los científicos. Varios años han pasado de dicha publicación, quizá años luz en nuevas investigaciones, e incluso han surgido discrepancias hacia sus propias teorías. Sin embargo, las preguntas siguen en el aire, después de todo este boom científico que Hawking encabezó: ¿qué decir del Einstein del siglo XXI?; ¿sus publicaciones siguen siendo relevantes hoy en día?; además de lo que vemos en películas, ¿Hawking sigue siendo una tendencia en los nuevos hallazgos científicos?; ¿qué tan lejos han llegado sus aportaciones en la famosa “teoría del todo”?

Recapitulando sobre su trayectoria, justo durante su doctorado en la Universidad de Cambridge Hawking decidió retomar el teorema de Penrose y propuso una inversión del tiempo, de tal forma que en 1970 llegaron a conclusiones tales que demostraban que debió haber existido una singularidad del Big Bang para que la relatividad sea correcta y el universo tenga tanta materia como se puede observar: es decir, el universo debió haber tenido un comienzo. Tras varios años de perfeccionar las matemáticas de sus investigaciones, el principio de la singularidad en el Big Bang era aplicable para postular que debía haber una singularidad de densidad infinita dentro de los agujeros negros. Sus trabajos en el campo de los teoremas de la relatividad general, la gravedad y los hoyos negros lo llevaron a desarrollar una teoría que unía las leyes del mundo cuántico con las de la teoría de la relatividad. A partir de ahí, Hawking tuvo una voz que predominaba en la ciencias,  donde logró evidenciar su búsqueda afanosa de explicar el origen del universo y sus particularidades a través de leyes simples y elegantes: la teoría del todo. Las disputas a lo largo de su carrera no se hicieron esperar; en repetidas ocasiones, científicos manifestaron su desacuerdo hacia las teorías que él postulaba. Uno de los debates más significativos de Hawking fue justamente su apuesta contra Peter Higgs sobre la imposibilidad de encontrar la partícula  que éste propuso en 1964. Fue en el 2012, después de la construcción del colisionador de partículas, que la partícula de Higgs fue descubierta en el CERN.

La teoría del todo, publicado bajo el sello Debolsillo, se compone de siete conferencias que Stephen Hawking dictó y que unifican la historia del universo, desde el Big Bang hasta los hallazgos sobre la aceleración y expansión del universo. En 150 páginas, este afamado científico nos explica las postulaciones físicas y cosmológicas de una forma mucho más digerible para quienes no estamos especializados en ellas. Evidentemente, los progresos en el mundo cosmológico han ido avanzando a pasos agigantados, desde la idea mitológica del universo sobre el caparazón de una tortuga hasta las teorías sobre los multiversos, las cuerdas, etcétera; y justo en medio de tantos debates nos hemos vuelto testigos de las concepciones universales más descabelladas.

De manera quizá muy subjetiva, Stephen Hawking ha sido un gran aportador de ideas en este circuito, él ha logrado ser un gran difusor de su mundo en las ciencias, a pesar de que su fama pareciera opacar su credibilidad científica. A diferencia de algunos otros, y justo en este libro, Hawking nos ayuda a recorrer todos esos laberintos que han ido construyendo la cosmovisión moderna de nuestro universo sin sentirnos abandonados en la entrada secreta de los físicos y matemáticos. Definitivamente, él no es la única mente que ha maravillado al mundo con sus descubrimientos, tanto así que no es el científico que aparece en los primeros lugares de los más reconocidos del siglo XX, y el premio Nobel nunca ha llegado a sus manos. Sin embargo, si alejamos el cliché de su enfermedad como si fuera el pináculo de su obra, reconocemos el lugar esencial e indispensable que ocupa este personaje en los avances más significativos del último siglo. Un hombre polémico, pero que a través de sus propuestas arriesgadas   ha permitido que la investigación de su campo avance a ciertos espacios que tan sólo hace 30 años hubiera parecido imposible llegar. Un amigo me dijo algo que me quedó muy grabado: “La ciencia nos explica la mayoría de las veces el cómo, mas no el porqué de las cosas; esto último es lo más complejo de hacer”. Stephen Hawking, aún en sus momentos más incómodos para otros científicos, ha intentado incansablemente de llegar al porqué del universo; ambicioso, quizá, pero eso resume quién es Stephen Hawking.

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