Simone de Beauvoir

Sus tesis existencialistas introducen una serie de obras autobiográficas, cuatro en total, entre las que destacan Memorias de una joven de buena familia, (1958) y Final de cuentas (1972). Sus obras ofrecen una visión sumamente reveladora de su vida y su tiempo. Entre sus ensayos escritos cabe destacar El segundo sexo (1949), un profundo análisis sobre el papel de las mujeres en la sociedad y la construcción del rol y la figura de la mujer, y La vejez (1970), centrada en la situación de la ancianidad en el imaginario occidental y donde critica apasionadamente su marginación y ocultamiento. Se suele inscribir la obra de Simone de Beauvoir, exclusivamente, en la evolución del feminismo. Su pareja fue el filósofo francés, Jean Paul Sartre, con el que formó una de las parejas más representativas de la vida literaria de Francia.
La vida de Simone de Beauvoir se puede identificar a través de una parte de su obra clasificada como “memorias” en las que el elemento heredado junto con el vivido dan como fruto sus Memorias de una joven de buena familia para relatar sus primeros años, y sus impresiones de juventud que, conforme su vida va transcurriendo y va evolucionando su manera de pensar y de actuar frente a situaciones tanto familiares como del entorno social en el que se desenvuelve, continuarán en el libro La fuerza de las cosas, donde ya se reconoce a sí misma como escritora.

Mi madre, más lejana y más caprichosa, me inspiraba sentimientos amorosos; me instalaba sobre sus rodillas, en la dulzura perfumada de sus brazos, y cubría de besos su piel de mujer joven; a veces, de noche aparecía junto a mi cama, hermosa como una aparición, con su vestido vaporoso adornado con una flor malva o con su centelleante vestido de lentejuelas negras. Cuando estaba enojada me miraba con ira. Yo temía ese fulgor tempestuoso que desfiguraba su rostro; tenía necesidad de su sonrisa.

A mi padre lo veía poco. Se iba todas las mañanas “al Palacio”, llevando bajo el brazo un portadocumentos lleno de cosas intocables llamadas expedientes. No usaba ni barba ni bigotes, sus ojos eran celestes y alegres. Cuando volvía al anochecer le traía a mamá violetas de Parma; se besaban y reían… (Memorias de una joven de buena familia)

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