Simón Bolívar: El caballero del juramento

WilliamOspina

La exitosa historia del venezolano de origen vasco, Simón Bolívar, es de las que surgen desde la miseria, al vivir episodios como la muerte de sus padres cuando aún era un niño. Desde entonces, el vaivén de sus custodias, sus estudios inconstantes y las inconformidades con las que lidiaba lo fueron convirtiendo en un joven de convicciones claras e indestructibles: fue capaz de vivir su infancia feliz, valorando la atención que cada uno de sus familiares le brindó, y eso es lo que a mi juicio comienza a catapultarlo como un personaje digno de admiración.

El caballero del juramento, así es como nombré ésta reseña al identificar el acontecimiento parteaguas que le impulsó a saltar con gran fuerza dentro de su desarrollo en el medio aristocrático: la muerte de su mujer. Su esposa falleció cuando él tenía 19 años y fue entonces que Simón juró no volver a contraer matrimonio y dedicar su vida únicamente al conocimiento, a los viajes y al cumplimiento de los objetivos nacionalistas que ya corrían en su pensamiento. Tal vez si ese capítulo trágico no hubiera pasado, el destino revolucionario de Bolívar se hubiera visto mermado.

La etapa destacada y productiva de su vida se desarrolló a lo largo del siglo XIX, cuando su preparación se alineó a los conocimientos de los pensadores más sobresalientes del movimiento de la Ilustración; sus viajes alrededor de Europa: Francia, España, Italia, Inglaterra y Alemania; las influencias con las que se encontró en su camino, desde la herencia de su padre, esa inclinación por la idea de jamás ser un rehén del mundo; sus encuentros con Napoleón Bonaparte, de quien había aceptado formar parte de su imparable ambición y creía en su ideal de libertador de naciones, con Alejandro Humboldt, a quien se acercó por ser un hombre preparado, con visión crítica y objetiva de la situación que se vivía en los países latinos, pues tenía ya cinco años viajando a lo largo de Latinoamérica observando las tendencias políticas en las que se encontraba; Simón Ramírez, su joven profesor, incondicional acompañante y transmisor de conocimientos; Francisco de Miranda, su aliado y uno de los hombres a quien Bolívar admiró sobremanera. Todo este entorno le forjó como un hombre de pensamiento profundo, aristócrata, republicano y libertador, siempre en constante búsqueda de su identidad, cuestionador del sistema y con el sueño inquebrantable de liberar y reformar Hispanoamérica.

Posterior a su preparación, Simón se enfocó en cumplir sus objetivos; durante un tiempo fue considerado un afrancesado indeseable que tenía un lugar dentro de los palcos del teatro de ópera, pero su convicción de considerar el “encuentro” entre América y Europa como un choque, lo llevó lejos y estaba dispuesto a enfrentar el vértigo de los acontecimientos que estaban por llegar; aprovechaba sus recursos y explotaba sus talentos, sus derrotas fueron su aprendizaje, pues presumía de no tener vocación de estatua: seguía investigando hasta llegar al trasfondo de cualquier asunto, de ahí su grandeza, que en sus palabras lo plasmaba así: “Cielo, infierno. ¡Qué importa! ¡Al fondo de lo desconocido por encontrar lo nuevo!”. Y fue así como pudo contribuir de manera decisiva a la independencia de las actuales Bolivia, Colombia, Ecuador, Panamá, Perú y Venezuela.

Bolívar nunca dejó de vivir, decía que después de las batallas venían los bailes, los encuentros y de ahí los amoríos. De espíritu romántico y poético, tenía popularidad nata, simpatía y caballerosidad.

En busca de Bolívar, es un libro en el que William Ospina nos adentra en la biografía del libertador, que estaba consiente en todo momento de que los desafíos son siempre otros, de que la historia empieza cada día, de que vivía en un época dónde era inútil pedir imposibles y él, el caballero Simón Bolívar, lo logró.

Eliza Jiménez

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