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¿Será que soy feminista? Romper el silencio, feminismo plural y universal
Livier Quiñones Montes de Oca comment 0 Comentarios

Alma Guillermoprieto asistía a una charla pública en un festival literario de Cartagena en 2019 con una reconocida novelista feminista nigeriana.​

Cuenta que en su participación recibió severas críticas por centrarse en la obra literaria de la autora y no haber llevado la conversación hacia sus artículos sobre el tema del feminismo.

Tras el acto, un contingente de mujeres salió molesta por la entrevista y no dudaron en manifestar sus reclamos en redes sociales. Un hecho del cual surgió indirectamente su más grande duda, ¿de verdad soy antifeminista? Al negarlo de forma rotunda llegó una segunda pregunta (que daría nombre a su libro): ¿Será que soy feminista? Y entonces, las páginas comenzaron.

La escritora mexicana no asiste a mítines y dejó de leer sobre la opresión de género hace décadas. Recuerda que desde adolescente soportaba en silencio toda clase de insinuaciones, miradas incómodas, pellizcos, acosos y silbidos de muchos hombres hacia las mujeres que transitaban diariamente en la ciudad. En contraste, fue una joven rebelde por naturaleza, pero no contaba con las armas necesarias para asumir tal rebeldía.

Atendiendo esta premisa, la autora, quien también estudió danza moderna, hace una reflexión sobre el tema siempre existente que aborda el pudor y la sumisión ante situaciones a las que casi por inercia nos hemos acostumbrado.

¿He sido feminista? ¿Las feministas tienen que hacer explícito su feminismo? ¿Cómo es una feminista en el mundo de hoy? Estas son solo algunas de las preguntas que la periodista se cuestiona en cierta etapa de su vida para entender su propio pensamiento como mujer observadora y testigo del tiempo, en el que el papel y el poder de las mujeres se ha transformado.

Y es que hablar de feminismo, nos transporta inmediatamente a la ola de protestas, a la acción de mujeres que alzan la voz por la desaparición de un hijo, los abusos, la injusticia, el maltrato, la desigualdad y los efectos colaterales de las guerrillas. Activistas comprometidas en zonas marginales, defensoras del territorio y de los derechos humanos.

¿Será que para reconocerse feminista hay que empezar por reconocer un daño propio? ¿Qué hay detrás de esas manifestaciones y gritos desesperados? Tal vez fue esa una de las razones por las que este ensayo llamó mi atención.

Haciendo un repaso por sus recuerdos, la cronista de 71 años de edad, nacida en la Ciudad de México, nos lleva de la mano por aquellas hazañas que marcaron un antes y un después en la causa femenina. Destaca avances tan importantes como el voto de la mujer y sus inicios esa tarde de 1848 en Nueva York, cuando se exigieron reformas y tras años de peleas, protestas y encarcelamientos en el mundo, las sufragistas ganaron.

Años después, llegó la píldora anticonceptiva, formulada por el estadounidense Gregory Pincus. Un hito que llegó para controlar la fertilidad sin depender del consentimiento y voluntad del hombre. Fue con la activista y enfermera Margaret Sanger, que se instaló la primera clínica legal de planeación familiar, en 1916.

Sin perder el hilo histórico, la autora hace una pausa en grandes impulsoras como la escritora inglesa Mary Wollstonecraft y su poderoso ensayo Vindicación de los derechos de la mujer (1792); la activista radical, Andrea Dworkin (1946-2005), y desde luego, el feminismo de igualdad de la autora francesa, ​Simone de Beauvoir, quien descubre a la mujer como un ser definido por la sociedad y un objeto útil con tareas de sumisión, en su máximo libro El segundo sexo (1949).

Con estas lecturas sobre feminismo, sus propias vivencias desde la adolescencia y el contacto con activistas contemporáneas como María Elena Moyano en Perú, Marielle Franco, en Brasil y Esther Chávez en Juárez, Chihuahua, la cronista deshila su personal postura frente al feminismo y en sentido estricto, se descubre partidaria de las mujeres que luchan por la vida y que en su andanza son partícipes de la solidaridad con otras mujeres, de su mismo género.

Más adelante, en las páginas del libro, llegamos a la realidad de América Latina, un continente inmerso en la violencia y factores como el nivel socioeconómico, la migración y la educación que han agudizado la problemática específicamente en aquellas mujeres que no tienen voz. Los estragos de la desigualdad, el caos de una sociedad en decadencia.  Una mirada al Perú de Fujimori de los años 90,  el terror vivido con Sendero Luminoso, y la oleada de odio “antiafro” y racista en las precarias favelas de Brasil.

Es así que a lo largo de cuatro décadas como reportera, Guillermoprieto ha entrevistado a cientos de personas, pero tiene bien guardadas las historias de mujeres y su lucha desde varias aristas. Feministas centradas en la “micropolítica” que han trabajado el feminismo de género y las estructuras de poder. Otras más han enfocado su lucha por el derecho al aborto. Mientras que algunos colectivos combaten la trata de mujeres, la pornografía y la prostitución.

Heroínas que se han enfrentado al desprecio y el machismo en todos sus ámbitos, y aunque nunca dijeron “soy feminista”, desde su propia pluralidad lo han dejado todo en el campo de batalla.

Son “mujeres que se han formado en la contingencia de los desplazamientos y las masacres; que llegan por esa vía a la conciencia de sí mismas como mujeres  y por extensión, como feministas“, explica la propia autora.  “No han tenido pausa para elaborar una teoría de lucha, pero que han logrado siempre colocarse a la vanguardia de los temas más urgentes del mundo”, puntualiza.

Pero eso no es todo, pensar en las mujeres violentadas en manos de sus propias parejas, en las desaparecidas y torturadas que ocupan las notas rojas de los diarios del país, son el tema más preocupante.  Los miles de feminicidios cada año, y su aumento.

México no es la excepción, si bien las mujeres hemos tenido un papel clave en la fuerza económica del país, y somos un pilar en el desarrollo familiar y social, el avance se ha visto empañado por problemas graves de inseguridad, violencia, intolerancia, acoso e inequidad.

Al revisar la importancia del esfuerzo y las divisiones de los distintos movimientos feministas, Guillermoprieto insiste en aclarar su pensamiento, y aunque asegura no tener madera de militante, coincide en que como mujeres podemos ayudar a otras a alzar la voz, o mejor aún a ser entre todas heroínas, cada una desde nuestras trincheras.

“Hay personas que se entienden a sí mismas a través del activismo: estar entre la gente, entusiasmarla, organizarla, abrir puertas… no parar. Mujeres gritando sus reclamos con un propósito, energía y fuerza”, plantea la reconocida periodista, Premio Princesa de Asturias de Comunicación y Humanidades 2018.

Y de ahí vuelven más preguntas: ¿Es posible ser feminista sin ser activista?¿Es necesario compartir en su totalidad el ideario de un grupo militante? Al sugerir que no hay que autonombrarse feminista para serlo, queda claro que la escritora pone la tolerancia como valor imprescindible al interior de los movimientos sociales.

En su recorrido narrativo, a lo largo de 150 páginas, en este libro de Literatura Random House, Alma Guillermoprieto hace parada en pleno siglo XXI con el #MeToo, movimiento, que, como instrumento masivo, ha dado voz a millones de mujeres abusadas o acosadas para denunciar sin tapujos.

¿Será que soy feminista? (2020) es una especie de homenaje a las mujeres que hicieron posible el avance al lugar que llegamos hoy, y ya cambiaron al mundo. A las transformaciones ganadas y los retos que aún siguen pendientes.

Resalta el deseo de toda mujer de incorporarse activamente al mercado laboral, salir libres a las calles, decidir cuándo tener hijos (o incluso no tenerlos), estudiar y valernos por nuestros propios medios. De transformar la realidad que nos cosifica ante la frivolidad de estereotipos y el consumismo. ¿Cómo debemos ser y qué comportamiento debemos tener para ser mujeres? La autora propone inventarnos a nosotras mismas.

En el marco del Día Internacional de la Mujer, que ha adquirido nuevas dimensiones, es una ocasión especial para abordar las nuevas perspectivas, la necesidad de exigir cambios y de hallar un punto de convergencia de actividades en favor de los derechos de la mujer, en un ambiente de empatía, todo ello con los ojos puestos en el presente, en la búsqueda de un mundo más justo y tolerante.

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