Rehabilitarse de este simple pasón de vida

julianherbertee
Cocaína (Manual de usuario) / Debolsillo, 2009

Este libro no es para consumirse de la página uno a la 112, así, como si fuera una historia que sigues de forma académica para no perderte. No. Es un libro de varios relatos breves que te invitan a ser paciente y empezar a leer donde quieras, a parar en la línea 20 y regresar. Releer. Entender más y de otra forma, otras cosas. Cosas diarias de una vida que gravita entorno a la cocaína: una sencilla salida a la tienda, la pasmosidad en la cama viendo el techo, encuentros con quién sabe quiénes, una verga que no responde, un estereotípico el Trapo que hay en cada colonia. Todo transparente, contado sin mayor pretensión. Tal cual, un pedazo de realidad en crudo que sin duda conforma un manual, tan cínico y sarcástico como se espera de cualquier texto de Julián Herbert (y del que nadie sale sin golpes), desde una afamada novela hasta un estado de Facebook. Suprime los puentes narrativos entre cada momento; no son necesarios. Bien podría contarse todo esto como si se tratara de postales: un mensaje intenso al que se vuelve para leer entre líneas, un par de palabras revisadas con cautela para, así, no omitir algo y una escena elegida, estática. Curiosamente esta es una obra pulcra para hablar de la descomposición interna que –no pasaré por alto– tiene una portada increíblemente congruente: el traje sastre que dibuja la presencia de un hombre en abundancia de su blanca compañera, toda ella es una ilustración. (Y una vez que la imagen está en mi cabeza me pregunto: ¿Pues qué otra portada podría llevar?)

Cocaína no se convertirá en un clásico ni en un bestseller, pero sí es un libro sincero y doloroso que no me dejará volver –no sé a los demás– a donde estaba. En esta sobrada actitud de aparente abandono de sí mismo del narrador, hallo la forma más romántica y oscura de querer comerse el mundo, esta simple vida. Buscar algo, desde ese pequeño infierno que cada quien se crea, que quizá cruza por el amor y la felicidad.

[Y así, recorriendo cada página, no puedo evitar pensar en Él –un Él sin nombre–: leo su soledad, su no-estar en ningún lugar, con nadie. Con ese fastidio por la vida combinado con hambre de vivirla. Me lo dijo de tantas formas y sólo ahora, aquí, que me encuentro también tan estereotípica, lo escucho con claridad.]

Cynthia Chávez

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