Primavera con una esquina rota de Mario Benedetti

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Hubo una época en que los gobiernos democráticos del continente americano fueron continuamente depuestos por la fuerza de las armas. Comandados por individuos o grupos a los que solía llamarse “juntas”, los ejércitos que deberían garantizar la seguridad nacional tomaban el poder y hacían atroz uso de él. Con mayor o menor violencia, en una racha infausta que dio inicio en 1964, ese fue el caso de Brasil, Argentina, Chile, Bolivia, República Dominicana, Uruguay… Golpe de Estado, asonada, cuartelazo, imposición o como quiera llamarse al proceso, su resultado desembocó siempre en la instauración de dictaduras (gorilatos, se les llamaba, así que le debemos una disculpa a los gorilas), y los efectos de éstas incluyeron siempre la represión de los inconformes, su encarcelamiento, desaparición, asesinato, ejecución. O su doloroso exilio.

Tan dura realidad ha sido expresada en una buena cantidad de novelas, varias de ellas célebres y algunas escritas con un directo, personal, íntimo conocimiento de causa. Tal es el caso de Primavera con una esquina rota (¡qué bello título!) de Mario Benedetti, quien además regresaría al tema en sus libros de poesía La casa y el ladrillo,Cotidianas y Viento del exilio; en los cuentos y poemas de Geografías y tangencialmente en otra novela: Gracias por el fuego. El autor, nacido en Paso de los Toros, departamento de Tacuarembó, República Oriental del Uruguay, fue siempre un hombre de izquierda y uno de los fundadores del opositor Frente Amplio, así que dada la patente incompatibilidad de tal posición y el evidente riesgo de sustentarla ante la llegada al poder de un régimen dictatorial que fue imponiéndose y fortificándose en un dilatado proceso iniciado en 1967, partió en 1973 a un exilio que duraría diez años y lo llevaría a Madrid, con escalas en Buenos Aires, Perú (donde fue detenido, hostigado y finalmente liberado) y Cuba. Un año antes de regresar a su país publicó la obra que ahora me ocupa.

Primavera con una esquina rota narra, en varias voces y en tono testimonial, experiencias de tortura, cárcel, represión y exilio. Está habitada por Santiago, un revolucionario ardoroso e indómito, su esposa Graciela, su padre, don Rafael, y su hija Beatriz, pero sobre todo por la soledad: se sufre la ausencia, se sufre el aislamiento, se sufre el exilio. Se sufre, sobre todo, la derrota. Cuántas cosas caben en una misma primavera: milicos, dolor, ardor guerrero, una cárcel que se llama La Libertad y la convicción de que no hay mejor manera de morir que escuchando a Vivaldi. Y la esperanza.

 

 

Primavera con una esquina rota, Mario Benedetti, Alfaguara, 2009.

 

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