¿Por qué tendríamos todos que ser feministas?

Hace algunos meses, en una comida familiar, se me ocurrió usar la expresión “nosotras las feministas”. Nadie me hizo mucho caso salvo mi hermana, quien, mirándome a los ojos y con carita de horror, dijo: “Tú no eres feminista”. Con mucho orgullo le respondí que no sólo lo soy sino que ahora, además, vivo de serlo. Viéndola bien, mi hermana también es una feminista: joven académica que decidió dedicarse a la investigación, autosuficiente, independiente, no ha necesitado echar mano del matrimonio ni de la maternidad para sentirse bien consigo misma. Quizá no leyó a Simone de Beauvoir ni se ha involucrado en la lucha por la igualdad, pero disfruta de ella convencida de que no existe otra forma de vivir la vida.

¿Entonces a qué debía yo esa cara de fuchi? Precisamente a todas las etiquetas que acompañan a la palabra feminista, el estereotipo en el que la nueva feminista ya no encaja, la caricatura de la mujer infeliz que sólo buscaría la igualdad, precisamente, porque es infeliz.

De eso se trata Todos deberíamos ser feministas. Es un breve resumen de lo que podríamos decir tantas de nosotras que no odiamos a los hombres, ni los sujetadores, ni nuestra propia cultura, las que llevamos maquillaje cuando nos da la gana, nos depilamos lo que queremos porque queremos, no nos sentimos enojadas con el mundo, reímos un montón, nos gusta oler bien y creemos que debería mandar el o la más inteligente.

Pero, ¿por qué querría la versión impresa de una TED Talk? Fácil: por la misma razón que eliges ciertos títulos impresos a pesar de que la versión electrónica es más barata. El libro como objeto es precioso, es diminuto y es perfecto para colocarlo sobre la mesa de centro, invitando a quienes visitan tu casa a averiguar por qué deberían ser feministas también.

¿Y eso por qué? Corre la segunda década del siglo XXI, pero en muchos sentidos seguimos siendo bastante decimonónicos. En México estamos especialmente trabados en todo lo relacionado con la igualdad de género. Existen muchos prejuicios, muchos obstáculos y muchos peligros cuando eres mujer. La falta de acceso a los derechos reproductivos y el acoso sexual en el ámbito público y privado son sólo dos de los muchos ejemplos de lo que seguimos enfrentando todos los días las mexicanas.

¿Cuál es la respuesta? Para algunos parecerá bastante obvio, pero si todavía no tienes idea de dónde puede estar la solución, léete estas breves paginitas de Chimamanda Ngozi.

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