Poe: ¿poeta olvidado?

Quizá, del otro lado de la muerte,
 siga erigiendo solitario y fuerte
esplendías y atroces maravillas.
Jorge Luis Borges, “Edgar Allan Poe”, El otro, el mismo (1964)

En primer lugar, les pido que se despojen de todas las nociones preconcebidas que se han formado a través de la cultura pop sobre Edgar Allan Poe. Muchas de ellas sólo hablan de un escritor alcohólico y atormentado que escribe historias de terror. En cierto modo sí tuvo una vida difícil, sí fue un hombre sumamente atormentado y sí se ha convertido en un gran exponente literario del terror; sus narraciones de misterio y suspenso han influido a muchos otros clásicos, pero también fue un hombre común que a lo largo de toda su vida sufrió problemas económicos y muchas pérdidas, y que supo crear algo inmortal en sus letras a partir de su dolor.

Ha inspirado a Walt Whitman, Herman Melville, sir Arthur Connan Doyle, Agatha Christie, Charles Dickens, Charles Baudelaire, Paul Valéry, Julio Verne, José Asunción Silva, José Martí, Leopoldo Lugones, Horacio Quiroga, Rubén Darío y un largo etcétera. Sin embargo, lo que nos concierne en este brevísimo texto es la influencia de su poesía.

La poesía de Poe no es de conocimiento tan general como sus narraciones. Digo, su poema narrativo sobre cierta ave de mal agüero visitando a un hombre ya de por sí atormentado es conocido, pero ¿qué otros poemas de este escritor alcanzaron ese grado de popularidad? (Por cierto, El cuervo le aportó la módica cantidad de nueve dólares.) Estuve preguntando a la gente qué habían leído de Poe. La mayor parte de los lectores no sabían que había escrito poesía, creían que El cuervo era una historia corta, pero, vamos, ¿cuándo habían leído una prosa tan inquietantemente melódica? ¿Sabían que el primer libro que publicó el joven Edgar fue uno de poesía? Uno de sus artilugios favoritos para encantar a los lectores era el ritmo y la rima. Cual flautista de Hamelín, se vale de estos elementos para crear una atmósfera siniestra, inquietante. Recurre al ritmo creado por una cadencia propia del idioma inglés que establece las pautas de su poesía.

En su poesía existe la filia constante de la “bella muerta”, que ciertamente no es un tópico nuevo, pero él justifica en Filosofía de la composición su arraigo a este tema como uno de los mejores motivos poéticos, ya que es la yuxtaposición ideal entre la belleza y la muerte. Posiblemente tenga algo que ver con la muerte de las varias mujeres que amó, y que le fueron arrebatadas por la enfermedad romántica por antonomasia: la tuberculosis. En este texto también defiende su postura sobre el arte como operación de la inteligencia y no como mero resultado de un don del espíritu. Sus versos están llenos de cultismos, como los de Borges; en ese sentido, si no conoces el significado de sus referencias tan específicas, puedes perderte de algo importante para llegar al corazón del texto.

No pretendo realizar un estudio de literatura comparada, no me alcanza el espacio, pero puedo trazar una línea sencilla sobre qué tan grande fue su influencia en poéticas posteriores. Dejó la figura del poeta maldito, la musicalidad como un valor esencial de la poesía –bien me decía una amiga que la poesía es la hermana fea de la música– y sus propuestas sobre la labor creadora y el uso del lenguaje. Sin Poe la obra de Baudelaire no sería la misma; sin Baudelaire el movimiento simbolista no hubiera tomado el cauce que tomó, y sin el simbolismo el modernismo hispanoamericano no hubiera sido lo que fue.

Edgar Allan Poe es reconocido exponente del romanticismo; sin embargo, no pretendía ser un fiel discípulo del Sturm und Drang (Tormenta e ímpetu), aspiraba a ser su propia persona, su propia literatura, y lo deja bien claro en el prefacio a los Cuentos de lo grotesco y lo arabesco, donde sostiene que: “El horror no es de Alemania; es del alma”.

De todo esto, lo que más rescato es la deliberación musical del autor. No lo voy a negar: yo también prefiero su faceta narradora que la poética, pero no termina de asombrarme la minuciosa selección de cada palabra en sus textos; tiene una precisión matemática. Dicen por ahí que hay algo perverso en la música porque nos lleva a un lugar sensible, más allá de la razón; como el flautista de Hamelín, nos encanta en el sentido de hechizarnos. Edgar Allan Poe crea tonos y atmósferas siniestras y lúgubres tan sólo con la selección correcta de las palabras, y aunque no sea mi poeta favorito, ésa es una muy buena razón para leer su poesía. Finalmente, tengo una recomendación que hacerles: lean la poesía en voz alta, de Poe o de quien sea.

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1 Comment

  • En forma concisa y directa, la escritora de este mini-ensayo logra iluminar puntos importantes sobre un personaje tan famoso (y tan notorio) como Edgar A. Poe, sobe todo su amor por la poesia y el particular hechizo que la música de sus poemas tiene sobre el lector.

    Como Fernanda bien comenta, la música tirne un lugar muy especial en la obra de Poe, no sólo en su poesía sino también en sus cuentos de horror e imaginación, en los cuales Poe utiliza recursos poéticos que dotan su prosa de una música extraña que trabaja a un nivel inconsciente.

    Fernanda apunta esto y más en su escrito, y con ello invita al lector a penetrar una vez más, y una vez más profunda, en la obra de este gran escritor Norteamericano.

    Excelente!

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