Un perfil que no le hace justicia al Rey del Terror

No es aventurado afirmar que una parte importante de las pesadillas que más han permeado la cultura popular de la segunda mitad del siglo XX y lo que va del XXI, son obra de Stephen King. So pretexto de su septuagésimo aniversario, es preciso hacer una rápida valoración de quien se ha erigido, sin ninguna duda, como el genio literario moderno del terror.

Stephen King es oriundo de Maine, un estado agrícola al noreste de Estados Unidos colindante con Canadá (gran parte de su obra está ambientada en esos fríos paisajes montañosos) y hoy es uno de los autores más leídos y celebrados de los últimos tiempos. A la fecha, sus tirajes se cuentan por millones: todo gracias a que King ha sabido mantenerse en el interés de los lectores del mundo, desde la publicación de Carrie en 1974 hasta títulos recientes como End of Watch. Son más de cincuenta títulos los que ha escrito el narrador estadounidense, tomando en cuenta los publicados bajo el pseudónimo Richard Bachman, y todos reflejan la expresión de una de las imaginaciones más fecundas de las últimas décadas.

Muy pronto le llegó el reconocimiento a Stephen King, luego de que los derechos de Carrie para la edición de bolsillo (relato que originalmente había pensado vender a la revista Cavalier, y del que recibió un anticipo inicial de 2,500 dólares) derivaran en un contrato por 400 mil dólares. Ese mismo año la madre de Stephen King murió de cáncer, por lo que sólo pudo ser testigo del arranque del monstruoso éxito que tendría su hijo.

Los siguientes doce años componen, desde la publicación de El misterio de Salem’s Lot (1975) hasta Misery (1987), lo que podríamos llamar el corpus esencial de las obras de Stephen King, mismas que le dieron reputación mundial como el maestro moderno del terror. En ese conjunto identificamos dos  obras maestras: en  El resplandor(1977) —de la que Stanley Kubrick haría una memorable versión fílmica tres años después—, Stephen King cuenta la historia de Jack Torrence (un escritor ex alcohólico que se ofrece para cuidar un hotel en las montañas de Colorado), quien afectado por la soledad y el exilio, comienza a sufrir alucinaciones de las cuales brotarán muchas de las imágenes terroríficas más famosas de los últimos tiempos: la máquina de escribir reproduciendo al infinito frases demenciales, el espejo reflejando la invertida sentencia REDRUM, y el mazo de roque partiendo la puerta de baño por donde se asoma un desquiciado Torrence buscando a su esposa y a su hijo para asesinarlos. La otra gran obra es It (Eso), novela de 1987 (cuya nueva versión cinematográfica está causando estupor en los espectadores de todo el mundo), historia que relata la presencia de un espíritu oscuro en la población de Derry, que adquiere la forma de las pesadillas de los niños. El relato, ambientado en los años cincuenta y ochenta, alternativamente, presenta al payaso Penywise como una de las figuras que más aterrorizó a los niños de la década de los noventa y años posteriores. En estas obras, Stephen King no sólo se ocupa en elaborar historias de terror muy efectivas y populares, sino que profundiza como pocos en la psique humana, en la frustración de los escritores fracasados y en la peligrosa atmósfera de asfixia que viven los matrimonios jóvenes (en el caso de El resplandor), el universo infantil, la compasión, la amistad, la creencia de que el poder de un imaginario colectivo es más fuerte que cualquier otra fuerza (It).

Pero el acierto de Stephen King, además del éxito de la mayoría de sus libros, es que ha sabido ir al ritmo de la gran industria de las comunicaciones, aprovechando los formatos que las nuevas tecnologías ofrecen al gran público: el cine, las series de televisión, las historietas, los audiolibros, el libro electrónico. Buena parte de los libros de Stephen King han sido llevados a la pantalla grande o a la televisión; fue el primero en vender un libro exclusivamente para internet, Riding the Bullet (2000), y en 2005 firmó con la empresa Marvel para llevar al cómic lo que al criterio del escritor es su gran obra, La Torre Oscura, publicada en ocho volúmenes.

Cualquier distinción le viene corta a Stephen King, porque es uno de esos pocos escritores que se convierten en emblemas de una cultura, sus usos y costumbres, sus vicios y aficiones, sus glorias y miserias. Los sueños, miedos y frustraciones de la gran era visual y de consumo de los últimos cincuenta años están representadas en alguno de sus cientos de personajes.

Larga vida a Stephen King.

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