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Peregrinos, de Sofía Segovia
Daniel Torres comment 2 Comentarios

Estamos tan acostumbrados a ver documentales, series, películas, a leer novelas sobre El Shoa u Holocausto, y a veces perdemos de vista el impacto que la Segunda Guerra Mundial tuvo en el pueblo alemán. Éste no necesariamente estaba de acuerdo con las políticas ultraderechistas de los nazis sino que fue una víctima más del sistema fascista que arrasó el país en una guerra sanguinaria y sin cuartel. La extraordinaria novela Peregrinos, de la narradora mexicana Sofía Segovia, es un proyecto ambicioso que cuenta la saga de dos familias alemanas (los Schipper y los Hahlbrock), en una narración paralela, en contrapunto, donde se va marcando el territorio de Alemania y Prusia (que existía separada de Alemania) según los personajes se desplazan de sus hogares para iniciar una peregrinación a todo lo largo y ancho del país hasta el final de la guerra.

Segovia ya había explorado esta perspectiva de escribir desde afuera de la Historia en Huracán y El murmullo de las abejas. Las vidas de Aniceto Mora, el Regalado (Huracán, 2016) y Simonopio (El murmullo de las abejas, 2015) tal vez tengan poco que ver con el amor de Arno Schipper e Ilse Hahlbrock en Peregrinos, pero hay claves de una monstruosidad abyecta que se explora como modo de redención. Son tres los conflictos y sus efectos en los protagonistas, los que cada uno aborda: el paso de un huracán por la Isla de Cozumel, la Revolución Mexicana y la Segunda Guerra Mundial en el recuerdo, la memoria y la postmemoria.  En Peregrinos son los niños y sus familias las víctimas, los padres que son llevados a la guerra y las madres que se quedan atrás con la familia a la deriva buscando protección en medio del cruce de los bombardeos entre los rusos y los alemanes.

Mujeres y niños polacos durante la Segunda Guerra Mundial en elmundo.es

Peregrinos recuerda pasajes de la novela de Rhidian Brook, The Aftermath (2013), que fue llevada al cine con los actores Alexander Skarsgard, Jason Clarke, la actriz Keira Knitghley en el papel protagónico, y dirigida por James Kent. Además, se presenta la situación de Janusz, un polaco al servicio de una familia alemana en un momento en que los polacos no son bien considerados por los nazis. Sin embargo, la familia de Ilse acepta e incorpora a Janusz, quien se constituye como el protector una vez el padre es enlistado como soldado y, al final, ésta es la única familia que el polaco conoció en su vida. Hay otro paralelo entre Simonopio de El murmullo de las abejas y Janusz de Peregrinos como protectores esenciales de esas familias en las que son recibidos como miembros sin serlo del todo. Este es el relato que le contó una amiga alemana a Sofía Segovia cuya familia se radicó en Monterrey, pero la maestría de esta narradora la transformó en una novela de la postmemoria que hay que leer porque nos hace reflexionar sobre las consecuencias de la Segunda Guerra Mundial. 

En este sentido, la anécdota no está tan alejada de nuestra realidad latinoamericana porque muchos europeos emigraron a nuestro continente buscando un futuro mejor para sus familias en el momento de la postguerra.

Un episodio digno de comentar es la escasez de comida, de ropa y de refugio a lo largo de la peregrinación de los Schipper y los Hahlbrock, y cómo se relatan las vicisitudes de vivir hasta el límite de lo humano en medio del frío extremo en los inviernos que tuvieron que pasar las dos familias, muchas veces a la intemperie, para poder sobrevivir con lo mínimo. Uno de los aciertos de esta novela es la manera como Segovia se adentra en las necesidades que tuvieron que pasar los personajes, la descripción de su estado de ánimo y la ruptura del concepto de “Vaterland” [Patria] que el Führer había construido en la precariedad de una política ya caduca. El discurso está matizado por palabras, frases y oraciones en alemán que le dan autenticidad.  Se presenta cómo la lengua es una manera de expresar el estado de ánimo de las personas, refleja quiénes somos y cómo pensamos en una expresión orgánica de la cultura. Las palabras se le hacen necesarias a Arno, a Ilse y a sus familias para presentar ese punto de vista de dos niños que no entienden muy bien por qué su país está en guerra o por qué deben abandonar su casa en medio de la noche, en una carreta, para deambular buscando un destino mejor.  Hay ecos del gran Günter Grass, el escritor alemán ganador del Premio Nobel, y la manera como narraba en la novela El tambor de hojalata [Die Brechtrommel] (1959), desde una perspectiva infantil, y que fue llevada al cine por el director Volker Schlöndorf en 1979. Se trata de unos niños que se hacen adultos sin serlo ante los horrores de la guerra, como les pasa a Arno, a Ilse y a sus hermanos.



Peregrinos, en su tono y su ritmo, continúa el universo narrativo de Sofía Segovia, una escritora que participa de ese “boom” femenino de las novelas de Isabel Allende (La casa de los espíritus), Laura Restrepo (Delirio), Mayra Santos Febres (Sirena Selena vestida de pena), entre otras. Se acerca también a la llamada “nueva narrativa”, donde los lectores arman el entramado de los relatos para poder comprenderlos, porque el lector debe seguir el contrapunto de la historia de dos familias hasta que los protagonistas se encuentren y lleguen a una posible realización final.

Daniel Torres

Ohio University

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  1. Quiero mencionar que tuve el gusto de leer el libro, ya que soy un amante de los temas de la segunda guerra mundial, este libro en especial me hizo conocer la parte del sufrimiento del pueblo alemán. El hambre, frió, los presos polacos usados como esclavos, el ir y venir de la influencia de bandos, para que finalmente acabaran en manos soviéticas. Sólo puedo decir la maestra Segovia, tuvo el arte de narrar una historia increíble que inicio en Konigsberg (Montaña del Rey) y termina en Monterrey. Adquiéranlo vale la pena.

  2. Que Real y Acertada descripción extrapolada a los horrores de la guerra. Peregrinos Nos enseña a valorar la vida . Me encantaron estas novelas de Sofía Segovia.