Pasear en un día frío

danielclowes
Ice Haven / Reservoir Books, 2006

“No hace tanto frío como parece” es el pretexto que los primeros habitantes de Ice Haven, el enigmático pueblo que da título a esta obra, usaban para animar a los forasteros a visitar el lugar. Pero el frío es casi palpable al correr de las páginas. Como cuando la ansiedad nos impele a caminar sin rumbo en un día frío. Combinación terrorífica: frío más ansiedad. Ice Haven no me deja otra experiencia, y escribir esta reseña es mi único paliativo. Si me preguntaran sobre él, yo respondería: “No es tan escalofriante como parece”, aunque en el fondo sepa que esta historia me ha dejado helado.

Los personajes de esta “pictorrecopilación narraglífica” (el lector podrá preferir los términos novela gráfica, comic-book o simplemente cómic, pero se enfrentará a la sesuda reflexión del autor sobre el género) viven sumergidos en sus propias cavilaciones, atormentados por el deseo y la frustración que mortifican su existencia. Antipáticos, incapaces de comunicarse entre sí más allá de lo meramente práctico e inmediato, y condenados a sufrir sus infiernos personales, sólo hay algo que medianamente podrá unirlos a todos, aunque en un sentido más bien superficial: cuando David Goldberg, el niño más introvertido de Ice Haven, desaparece misteriosamente, todo el pueblo parece preocuparse. La única pista de su paradero es una críptica, incomprensible, nota de rescate.

Como si esto no fuera suficiente para mantenernos a raya, la narrativa pictórica de Clowes se transforma a medida que avanzamos en la lectura, explorando diversos estilos visuales, así como los rincones más íntimos de cada personaje. Esto la convierte en una obra fragmentaria que ofrece sólo puntos de vista, pero la visión de conjunto se nos escapa siempre, oculta bajo una gruesa capa de hielo.

Seguir escribiendo sería atentar contra la naturaleza de Ice Haven, que contiene en sí misma la mejor crítica que pueda hacérsele (Daniel Clowes se ha asegurado de incluir entre los personajes a un crítico de cómics para balancear la fórmula), así que como lector profano, tábano infame, sólo me queda reconocer la agradable experiencia que significó para mí enfrentarme a una obra que no sólo explota maravillosamente el canon de su medio de expresión, sino que también se atreve a poner en duda las aspiraciones formales de un género cada vez más extendido, sí, pero en constante transformación.

David Velázquez

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