Palahniuk o las historias para una cultura cada vez más rápida

Una de las características de la sociedad contemporánea que más cautiva —y despierta el interés de diversos pensadores— es la poca estabilidad de las relaciones humanas dentro de una colectividad individualista y privatizada. Así, donde en otras épocas las realidades sólidas que se pretendía durarán toda la vida —como el trabajo, el matrimonio o la familia— podían explicarse con relativa precisión a partir de razones hasta cierto punto previsibles, en la realidad actual pareciera reinar un miedo insoportable a que las cosas se queden fijas, a las soluciones definitivas; un terror a que algo sea de tal manera y no pueda cambiar en el futuro. Para los miembros de esta sociedad la “cultura de lo desechable” se convierte en un paradigma, donde la más tenue amenaza de estabilidad (de los objetos animados como inanimados) constituye el más siniestro de los peligros y se convierte en el blanco de los más violentos ataques. Quizá por ello, buena parte de la narrativa contemporánea tiende a lo superficial, a lo rápido, a lo inmediato.

En este sentido, la escritura del norteamericano Chuck Palahniuk resulta bastante arquetípica, pues además de retratar problemas sociales contemporáneos como el consumismo, incorpora a sus novelas elementos como el sarcasmo y múltiples referencias a la cultura pop que lo emparentan con escritores como Dennis Cooper, Douglas Coupland, Bret Easton Ellis o Irvine Welsh.

Eres hermosa, su más reciente novela, cuenta la historia de Max, un millonario hombre de negocios que posee una valiosa red de compañías que lo llevan a investigar y realizar experimentos con varias mujeres hasta encontrar la forma de administrarles placer sexual sin la necesidad de depender de la ayuda masculina; una serie de productos que, en palabras de una de ellas: “Es una droga peligrosa porque te da lo que necesitas, siempre, una droga inteligente que suple las necesidades, satisface los deseos. Puede hacer feliz a cualquiera. Y no deja ningún efecto secundario, ni dolor de cabeza, nada”.

Así como la gama de productos se vende por miles, debido a su precio accesible, mujeres de todas las capas sociales se lanzan a comprar esa promesa de felicidad instantánea. Como bien dice el slogan publicitario de los productos: “Hay mil millones de maridos a punto de ser reemplazados”; sus alcances eran tan prometedores que apuntaban a cambiar el tejido mismo de la sociedad. El éxito de Max era tal que “el mayor logro no eran los juguetes en sí, si no la idea de combinar los dos mayores placeres de las mujeres: ir de compras y el sexo”.

Entre sus múltiples lecturas posibles, Eres hermosa es una novela sobre la ficción transgresiva. Apoya el desarrollo de su argumento en periódicas descripciones gráficas de temas tabú como sexo, violencia, adicciones, parafilias y muerte, mostrándolos de una manera cruda y subversiva. “Penny era la única que se movía. Su atacante le había bajado a la fuerza los pantalones deportivos hasta los tobillos. Le había arrancado la ropa interior, dejando su intimidad expuesta a cualquiera que se atreviera a mirar. Ella asestaba codazos y rodillazos, intentando escaparse.”

La importancia de Palahniuk consiste en retratar una época que ha combatido a los tradicionalismos y donde impera el cambio como moneda vigente; un mundo reinado por una aparente libertad sexual. Pero la novela va más allá de eso. La habilidad del escritor consiste en sumergirnos en un área más profunda donde denuncia la hipocresía de los movimientos liberales de nuestra época, además de contener reflexiones filosóficas sobre Dios, la Ley y el Estado, a través de cada uno de sus personajes.

Los buenos relatos, sostenía George Bataille, son aquellos que enfrentan al lector con el destino, le obligan a replantearse el orden de las cosas y le revelan una porción de la verdad de su múltiple existencia. Eso se logra sólo si el novelista es capaz de sumergir al lector en un estado de éxtasis y lo lleva más allá de los límites de lo convencional.

Así es precisamente Eres hermosa, dónde Chuck plasmó todos los temas que le interesan y obsesionan. Narrada por un personaje que se no se conforma con el pedazo de realidad que le depara el destino, nos ofrece una visión de conjunto violenta, transgresiva, autodestructiva, descabellada y resentida. Con ella Palahniuk se convierte en un caricaturista que, con un lenguaje mordaz, pone de cabeza una concepción estereotipada de la vida moderna.

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