El olvido es un lienzo en blanco

A estas alturas debería existir un género literario en el que sólo esté el trabajo de Stephen King. Desde la publicación de su primera novela Carrie en el ya lejano 1974, su trabajo no ha cesado de aparecer. Pero cualquier carrera que sea tan extensa como la de King siempre tiene un riesgo: la repetitividad. El cliché y el reciclaje de elementos son parte de ese riesgo. Es difícil, prácticamente imposible, estar exento de ello. Por supuesto, King ha caído en este camino más de una vez. Entonces, ¿por qué leer Duma Key? Es simple. El renacimiento del horror del maestro.

¿Eso significa que sus elementos reciclados han desaparecido? En absoluto. Lo que ha hecho es mucho mejor. Los ha reinventado. Padecimientos, maldiciones, poderes inexplicables, una presencia y un lugar. Nos hace recordar al hotel Overlook, a la ciudad de Derry, a aquel temible payaso, y a la infinidad de personajes que contaban con el resplandor de su parte. Al desarmar el estilo, girar las piezas, y formar un nuevo patrón, King ha demostrado que aún es capaz de sorprender a sus más constantes lectores.

En Duma Key seguimos la historia de Edgar Freemantle, un exitoso contratista de Minnesota quien, después de un terrible accidente en una construcción, se ve obligado a retirarse por tiempo indefinido. Las pérdidas que tiene son devastadoras, físicas, mentales, y emocionales. La memoria de Freemantle se torna caótica, con olvidos que suelen ir de lo trivial a lo verdaderamente trágico. Su psicólogo, el doctor Kamen, le recomienda una cura geográfica, irse lejos, a un lugar en donde pueda estar en calma mientras se recupera de todo lo que habita en su mente y de lo que ya no está ahí. Además será una oportunidad ideal para seguir su sueño: pintar.

Freemantle se encontrará con los elementos renovados de King. Una casa con más historia de la que aparenta, una anciana cuya extensa memoria es ahora un lienzo en blanco con pinceladas ocasionales, y de Wireman, presumiblemente el mejor personaje de toda la novela. También está el pasado de la región, tan oscuro como es de esperarse.

Lo peor siempre está a la vuelta de la esquina, eso es un hecho. Lo que resulta desconcertante, rayando en lo aterrador, es la sutileza con la que se trata a esos peligros. La ambigüedad es parte de esta reinvención narrativa para King, realizando un pacto con la cotidianidad y disfrazando  nuestros temores de elementos mundanos. El terror psicológico en todo su esplendor.

Duma Key es una de las mejores novelas de terror que ha sido escrita, no sólo por King, sino en general. Es la humanización de la psicosis, la mejor representación de una pintura surrealista devorando al mundo. Es, sobre todas las cosas, una novela criminalmente infravalorada.

Si Duma Key ha llegado a sus manos, no se arrepentirá de dejarse arrastrar a la orilla de la insanidad.

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