Notas para un periodismo musicalizado

alejandroalmazan
El mas buscado / Grijalbo, 2012

«A mí me gustan los corridos porque son los hechos reales de nuestro pueblo» publicó hace poco una amiga en sus redes sociales. De ella sólo puedo decir que posee una sensualidad inaudita y que le contesté que aquello se trataba de periodismo musicalizado. No sé por qué se me ocurrió escribirle semejante concepto si ni siquiera lo tengo en claro o ignoro si alguien lo tenga, pero en ese momento pensé que de eso se trata este norteño sub género musical: de dar cuenta, como lo hace también el periodismo, de hechos y personajes que ocurrieron y existieron.

De contar historias.

Hace un par de años tomé un taller («Contar cuentos reales», se llamaba) con Alejandro Almazán, y una de las cosas que concluí sobre él, o que ratifiqué mejor dicho, fue que es un tremendo y nato contador de historias. No se trata de un teórico o intelectual del periodismo que dé cátedra, justo, de conceptos como periodismo musicalizado. Él habla de la crónica comparándola con hacer el amor: no hay nada mejor en la vida que escribir una. Por la forma en la que Almazán lo hace –y más allá de sus múltiples premiaciones–, uno puede estar seguro de que sus palabras son ciertas, de que lo que nos dijo aquella vez lo lleva brillantemente a la práctica.

Si llevamos dicho concepto al máximo (ese que me acabo de inventar de periodismo musicalizado), podríamos comparar la labor escritural con la de un músico. En ese caso, Almazán poseería una cualidad indispensable: ritmo. Un ritmo que puede pasar de semilento a la velocidad más vertiginosa en sus crónicas, con cambios de tiempo punteados por notas que suben y bajan de tono a placer. Almazán es, en periodismo, un músico afinadísimo cuyo estilo es único: ha logrado, y cada vez más, cimentar una voz. Una pluma, dirían.

Sin embargo, pese a que aborrezco esa distinción entre periodismo y literatura cuando se trata de un autor como él, al que admiro, su labor ficcional no me ha convencido. Aún cuando lo primero que leí suyo fue Gumaro de Dios, el caníbal (trabajo periodístico del que en su momento –cuando iba en la licenciatura– pensé que era una novela y que me gustó mucho), con Entre perros y ahora con El más buscado me pasó que… no le creí. A sabiendas de que haya o no utilizado elementos –muchos– de la realidad para escribirlas, ambas novelas no poseen la contundencia de sus trabajos “netamente periodísticos”. No sólo porque sepamos en estos dos casos que lo que leemos se trata de “pura ficción”, también por su estructura: las historias no me llevaron a ninguna cúspide “dramática” como ocurre con sus crónicas. Su ritmo trepidante se vuelve lineal, sin armonía. Inverosímil pese a que sabemos que lo que se lee es perfectamente posible.

Ni siquiera me enganchó el hecho de que el segundo protagonista de El más buscado sea, justa, extraña y curiosamente un compositor de corridos. El Cuervo, un hombre que sin querer embona con aquello de periodismo musicalizado por sentarse a escuchar al Chalo Gaitán, el narco más famoso de las últimas décadas que decide contarle su historia, llamándolo para que tome nota (mental) y escriba canciones después de su inminente captura. El capo decide entonces contarle su vida no a un periodista sino a un músico de su entera confianza, pero al que Almazán no logra, según yo, delinear del todo salvo por las preguntas que hace. No alcanzo a ver al músico que ha dedicado su vida a realizar letras de narco-hazañas, y que vive para contarlo.

La narración asemeja más a la de una larga entrevista que a la de la novela anunciada en la portada. El más buscado pareciera sólo el pretexto perfecto para contar una historia “disfrazada”, no el intercambio natural de experiencias entre uno y otro personaje. En ello radica su, a mi parecer, mayor debilidad: la mayoría del relato es un gran testimonio que si bien posee momentos de mucha acción, humor e ironía, y que por la agilidad de la escritura no se tropieza, se lee muy lineal, abusa de las comparaciones y favorece sólo a uno de los protagonistas (al Chalo, sí). A pesar de que el estilo y ritmo para escribir de Alejandro lo permeen todo, ambas novelas (ésta es mejor, por su brevedad) se desmoronan.

Pero ya lo dice Alejandro Almazán en alguna parte de su libro: «El más buscado traiciona la vida, de manera que todo espejismo o reflejo de la realidad es cortesía del lector.»

Samuel Segura

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